OPINIÓN

Javier Milei versus Lula da Silva: Entre Ríos también pierde

La tensión entre los presidentes pone en riesgo el vínculo comercial y estratégico con Brasil, un mercado clave para la producción.

Un productor avícola de Concepción del Uruguay, un industrial citrícola de Concordia y un exportador de arroz de San Salvador probablemente no sigan el día a día de la relación bilateral entre Argentina y Brasil. Sin embargo, la crisis política entre ambos países desencadenada por los vergonzosos agravios que el presidente Javier Milei, le profirió a su par brasileño, Luiz Inacio Lula Da Silva, puede terminar impactando directamente sobre sus empresas.

No se trata de una exageración. Brasil es el segundo destino de las exportaciones entrerrianas, y el perfil histórico de su comercio expone su importancia. El país vecino constituye un destino particularmente relevante para cadenas productivas de alto impacto territorial, como la avícola, la arrocera, la citrícola y la cárnica, además de productos como el trigo y las manufacturas de origen agropecuario, que forman parte de la matriz exportadora entrerriana.

En este escenario, la decisión comunicada por Itamaraty de echar al embajador argentino de Brasilia, y reducir la representación diplomática al nivel de encargado de negocios marca el momento de mayor tensión del vínculo bilateral desde la recuperación democrática en ambos países.

Brasil, un mercado clave para Entre Ríos

Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y constituye uno de los mercados más relevantes para la producción entrerriana. Durante el primer semestre de 2026 Entre Ríos exportó a Brasil cerca de US$ 106,9 millones, equivalentes a 280.846 toneladas, lo que representó nada menos que 10,2% de las exportaciones provinciales. Para dimensionar su importancia en nuestro comercio exterior nacional, en el primer semestre del año fue el principal destino de las exportaciones argentinas, con ventas por US$ 6.254 millones, el 12,6% del total exportado por el país en el período.

A su vez, fue el segundo origen de las importaciones, detrás de China, con compras por US$ 7.650 millones, equivalentes al 21,5% de lo que la Argentina compró al mundo en esos seis meses. Detrás de esos números hay empleo, inversión y producción. La carne aviar, el arroz, los cítricos, la madera y buena parte de las manufacturas agroindustriales entrerrianas encuentran en Brasil un mercado natural por cercanía, escala e integración productiva. Por eso, cualquier deterioro del vínculo bilateral enciende una señal de alerta.

Ahora bien, el riesgo no es solo a nivel comercial. Los efectos de una crisis diplomática suelen ser más silenciosos pero contundentes. La pérdida de confianza política puede traducirse en menos inversiones, menor cooperación institucional, postergación de misiones comerciales, demoras en negociaciones sanitarias y una menor capacidad para impulsar proyectos conjuntos, además de la imposibilidad de coordinar posiciones comunes en un mundo cada vez más fragmentado. Son costos difíciles de cuantificar, pero que condicionan las oportunidades de desarrollo futuro.

Una relación histórica que excede el comercio

La historia de Entre Ríos y Brasil tiene raíces profundas. Uno de los primeros grandes tratados de Amistad, Comercio y Navegación entre la Confederación Argentina y el Imperio del Brasil fue firmado en Paraná en 1856, durante la presidencia de Justo José de Urquiza. Más de un siglo y medio después, ese vínculo histórico continúa expresándose en una agenda compartida que excede ampliamente el intercambio comercial y que convierte a Brasil en un socio estratégico para el desarrollo provincial.

En ese marco, la consolidación de la hidrovía y de los corredores bioceánicos resulta clave para mejorar la competitividad de las economías regionales, reducir los costos logísticos y fortalecer la conexión de la producción entrerriana con los mercados del MERCOSUR y del mundo. A ello se suma la coordinación permanente entre los organismos sanitarios de ambos países —como el SENASA argentino y el Ministerio de Agricultura y Ganadería de Brasil (MAPA)— para prevenir enfermedades como la gripe aviar, armonizar protocolos sanitarios y evitar restricciones que puedan afectar el comercio agroalimentario. Para una provincia donde la avicultura es una de las principales economías regionales, la cooperación sanitaria con Brasil resulta tan importante como los acuerdos comerciales.

El rol de las provincias en la política exterior

Otro punto de la agenda bilateral es que hoy Entre Ríos participa, junto con la provincia de Corrientes, Uruguay y estados del sur de Brasil, de la postulación de una región compartida para su reconocimiento como Reserva de Biosfera de la UNESCO. La iniciativa refleja una agenda de cooperación transfronteriza orientada a compatibilizar la conservación de la biodiversidad con el desarrollo sostenible. A ello se suma la interdependencia que genera la cuenca del río Uruguay. Las lluvias registradas en el sur de Brasil repercuten directamente sobre ciudades entrerrianas como Concordia, poniendo de manifiesto la necesidad de una cooperación permanente en materia de gestión de recursos hídricos, prevención de inundaciones y protección ambiental. Los intercambios académicos, la cooperación científica, el turismo y la integración institucional completan una agenda de desarrollo. Y justamente por eso, merece ser una política de Estado provincial.

Una visión simplista de la política exterior expresa que esta es una competencia exclusiva del Estado Nacional. Hoy esa mirada resulta insuficiente. La creciente internacionalización de los gobiernos subnacionales ha convertido a las provincias en actores con capacidad para promover exportaciones, atraer inversiones, acceder a cooperación internacional y desarrollar vínculos institucionales propios.

Argentina reconoció esa realidad con la reforma constitucional de 1994. El artículo 124 habilita a las provincias a celebrar convenios internacionales, siempre que sean compatibles con la política exterior nacional. Entre Ríos profundizó ese camino con la reforma de su Constitución en 2008, incorporando expresamente la facultad de realizar gestiones y suscribir acuerdos internacionales. Además, el artículo 167 establece que la organización de la administración provincial y la distribución de competencias entre los ministerios deben definirse por ley, otorgando al Poder Ejecutivo las herramientas institucionales necesarias para diseñar una estructura permanente destinada a gestionar la acción internacional de la provincia. El marco jurídico, por lo tanto, existe, pero todavía es un desafío transformarlo en una política pública sostenida.

Entre Ríos no puede permanecer como un espectador mientras el Presidente de la Nación deteriora, mediante reiterados agravios, la relación bilateral. La provincia debe fortalecer una política internacional propia, seria y sostenida, capaz de proteger sus intereses. Los gobiernos cambian, las afinidades ideológicas también, lo que no cambia es la necesidad de defender el trabajo, la producción y el desarrollo de los entrerrianos.

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