En efecto, el 38,1 y el 6,4% registrados suponen una mejora sensible respecto del 41,7% y del 8,7% del final del (des)gobierno del Frente de Todos. Además, representan una caída desde las cumbres de la posdevaluación mileísta del primer semestre del año pasado, que habían dejado un tendal de 52,9% y 13,6%, respectivamente.
Así, la pobreza se redujo en 3,6 puntos porcentuales en relación con la dejada por Fernández y 14,8 respecto de la generada por la maldita herencia económica y las primeras decisiones del actual presidente.
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Alberto Fernández y Sergio Massa dejaron la pobreza en 41,7%.
No todo es tan como parece en el milagro de Javier Milei
Puede alegarse, y es cierto, que el fenómeno está subestimado respecto de lo que arrojaría si el Gobierno le permitiera a Marco Lavagna actualizar la canasta con la que se mide la inflación, que refleja los hábitos de consumo de 2004-2005 –cuando los servicios públicos estaban regalados– y no los actuales –tras los tarifazos de comienzos de 2024–. Al subregistrarse la inflación –¿16 puntos porcentuales en el último año?–, se infla la recuperación de los ingresos y el indicador de pobreza se reduce.
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El titular del INDEC, Marco Lavagna, sigue debiendo la actualización de la canasta con la que mide la pobreza.
Captura de redes
Sin embargo, la tendencia general a la baja es real y es seguro que continuó en los primeros meses del año.
Esto es así a pesar del enorme ajuste realizado por la actual administración, que no es "el más grande de la historia de la humanidad", pero sí uno de los mayores conocidos en la Argentina. ¿O, acaso, debido al ajuste?
"La reducción del gasto (público) fue del 27% medido en términos reales o de 4,5 puntos en términos del PIB. Hay que remontarnos a 1965 para encontrar una caída superior, de 5,7 puntos en términos del PBI", escribió en el sitio Cenital el economista Juan Manuel Telechea.
"¿Cómo se explica que un ajuste de tal magnitud no haya provocado prácticamente ningún cambio en los niveles de pobreza? (…) Si bien es un fenómeno repetido y documentado a lo largo de la historia argentina, muchos desconocen –o se olvidaron– que los procesos de desinflación son expansivos y progresivos, y que su impacto es proporcionalmente mayor en los sectores de menores ingresos que en los más ricos", completó.
La lección es que la pobreza baja cuando la inflación cede, lo que explica que se empinara con Fernández y Sergio Massa y en el primer tramo de Milei y Caputo, y que se redujera ahora. También se modera cuando la economía crece y genera mejores oportunidades de trabajo.
Pobreza a la baja: teléfono para CFK
El peronismo o –sobre todo en su variante cristinista– y el progresismo deberían aprender de una vez que equilibrar la macroeconomía no es un lujo burgués y que la ideología no radica en lo que se hace cuando no queda más remedio, sino en el modo en que se hace. En concreto: ¿quién paga el ajuste cuando se hace ineludible, como lo es en un país sin crédito como la Argentina? No tienen por qué ser los pobres y la clase media.
El recurso al gasto excesivo, los subsidios prorricos y el déficit fiscal permanente cuando no hay cómo financiarlos de modo prudente no es keynesianismo, sino obcecación, y la inflación es un flagelo que les pega primero y más duramente a los sectores humildes, que no tienen ahorros que dolarizar para cubrirse.
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Cristina Fernández de Kirchner.
Pobreza a la baja: alerta Javier Milei
Por su lado, el Gobierno también debería sacar las debidas conclusiones: la estabilidad se logra con equilibrios sociales y, sobre todo, sin tomar atajos que son pan para hoy y hambre para mañana.
Va de suyo que el ajuste de Milei pudo haber sido menos draconiano y, sobre todo, más equitativo, pero no es ese el camino que eligió el Presidente. Todo lo contrario. Ahora debería preocuparse por el futuro que el plan económico que lleva adelante junto a Toto Caputo, cuya desinflación en base al anabólico peligroso del atraso cambiario comienza a dar indicios preocupantes de agotamiento.
Ajeno a eso, el hombre que ocupa el cargo de presidente de la Nación –aunque, dado su comportamiento, no es seguro que detente dicha investidura– se subió al paravalanchas y se desahogó. "¡Mandriles!", gritó mirando a la tribuna visitante, llena de "econochantas", "devaluadores seriales", "políticos miserables", "periodistas ensobrados e ignorantes", miembros del "centro bienpensante" –es decir, "zurdos no asumidos"– y "la izquierda más rancia". Casi resulta fácil imaginarlo ahí arriba tomándose las partes.
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La furia de Javier Milei no para ni con las buenas noticias.
Y luego, presa de su llamativa fijación, ya no pudo parar.
El gesto del FMI
El problema de Milei está atado al futuro de la inflación. Más allá de su amesetamiento entre el 2 y el 3% en los últimos seis meses, debería preocuparlo la perspectiva de una recaída en el desorden macroeconómico que preanuncian los sacudones cambiarios de las últimas semanas y las aparentes condicionalidades cambiarias –una segunda devaluación del peso… ¿antes o después de las elecciones?– del rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Kristalina Georgieva salió a decir algo más parecido a lo que Caputo venía rogando. Un desembolso del orden del 40% del programa de 20.000 millones de dólares en vías de aprobación, mayor que el habitual, "es una solicitud razonable. Se la han ganado, dado su desempeño", dijo a la agencia Reuters.
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El ministro de Economía respira: llegarían en algunas semanas unos 8.000 millones de dólares, fundamentales para reponer dinero de los encajes bancarios peligrosamente dilapidado para sostener tipos de cambio –oficial y paralelos intervenidos– a esta altura inviables.
"La señal es muy positiva, pero no resuelve el problema de fondo: cuál será el nuevo esquema cambiario" el día después al acuerdo, dijo el analista financiero Christian Buteler.
Domingo Cavallo sumó su voz de alerta a la de quienes señalan, como hizo Letra P este lunes, esa maniobra imprudente sobre los encajes que salvaguardan el dinero depositado por los ahorristas. "La simple continuidad del manejo cambiario y el uso de reservas que pertenecen a los depositantes de dólares en el sistema bancario para intervenir tanto en el mercado cambiario oficial como en los mercados pseudolibres (CCL y MEP) no conduce a consolidar el clima de desinflación", disparó. Carlos Melconian no sale de su asombro: la gente sigue saliendo todos los días a caminar sin una cacerola en la mano.
El espejo deforme del mercado
Wall Street operó en buena parte de la rueda en terreno negativo, replicando lo ocurrido más temprano en las bolsas de Asia y de Europa. Donald Trump, ese amigo de doble filo de Milei, se apresta a anunciar este miércoles una guerra comercial contra el mundo, incrementando aranceles con criterio retributivo, retaliatorio, geopolítico o meramente comercial.
Cuando a los mercados globales les va mal, a la Argentina le va peor. Así, durante la rueda, los tipos de cambio paralelos treparon con fuerza y el riesgo país se acercó a los 900 puntos básicos. Nueva York, al final rebotó con la esperanza de que la sangre no llegue al río. Así, los activos nacionales recortaron sus pérdidas, pero el cierre fue muy negativo.
El problema es el plan económico oficial. "Lo internacional pesó, pero recordemos que semanas atrás se hablaba de lo débil que estaban los mercados afuera y cómo se sostenían los papeles argentinos. Ahora (el Gobierno) va a aprovechar el contexto internacional para ocultar lo mal que estamos. Pero ojo: cuando Estados Unidos se puso en verde y acá seguimos igual", le dijo Buteler a Letra P.
Al final, el riesgo país trepó a 816 puntos básicos, los dólares negociados en bolsa subieron casi el 1% –entre 7% y 8,2% en el mes, muy por encima de la inflación– y, más relevante, el Banco Central cumplió su undécima jornada de pérdida de reservas –este lunes, 723 millones de dólares; en marzo, casi 3.000 millones–, un combo hecho de importaciones anticipadas, vencimientos de deuda y una intervención que no cesa para mantener baja la brecha.
De no cortarse la sangría, las reservas brutas de la autoridad monetaria perforarán pronto, acaso hoy mismo, el piso de los 25.000 millones de dólares.
Esto y la necesidad angustiosa de pedirle un rescate al Fondo son los mejores indicadores del fracaso de buena parte del programa oficial. El resto lo haría la eventualidad de una segunda devaluación, lo que provocaría un rebrote de la inflación durante algunos meses, una nueva licuación de salarios y jubilaciones y un freno del rebote de la actividad
¿Qué pasaría con la pobreza, cuya reducción Milei festejó con groserías? Con inflación en alza y actividad en baja, volvería a empinarse.
Sería mejor que el Presidente se bajara del paravalanchas.