18|11|2021

“El fenómeno Milei es reacción patriarcal”

ENTREVISTAS

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26 de octubre de 2021

26 de octubre de 2021

La candidata del Frente de Izquierda critica también los cambios en el gabinete nacional. La urgencia de las demandas de las mujeres y la diversidad.

Está sentada, sola. No tiene community manager ni asistente de prensa que la rodee. Usa un suéter verde, guiño feminista, igual que el saco que vistió en el debate por las candidaturas porteñas en TN, el que le compraron sus amigas, en cuotas, para la ocasión, y que de casualidad contrastaba con el celeste de María Eugenia Vidal. Se ríe cuando cuenta que en el canal le preguntaron por el vestuario y ella ya había decidido que usaría su veintiúnico jean. Se siente más cómoda en una movilización callejera o en una protesta social que posando para unas fotos que la obligan, de algún modo, a hacer gestos poco espontáneos. Abogada y referente del PTS, la Rusa Bregman, como la llaman cariñosamente, está primera en la lista de candidaturas del Frente de Izquierda para la Cámara baja por la Ciudad de Buenos Aires, un espacio que ya conoce porque ocupó una banca entre diciembre de 2015 y diciembre de 2016, cuando fue reemplazada por Juan Giordano. Por el mismo sistema de rotación que acordaron en el FIT, dejó su lugar en la Legislatura porteña el pasado 3 de junio a su sucesora, Mercedes de Mendieta. En una entrevista con Letra P, habló sobre la falta de temas de géneros en la campaña que coprotagoniza, el avance de la derecha y los desafíos de ser Myriam Bregman.

 

Bregman, con Letra P. (Fotos: Victoria Gesualdi)

-¿Cómo ve la agenda de campaña en relación con las demandas de los feminismos?

 

-Está ausente. En los debates de candidatos, tanto de capital como de provincia, en el canal TN, yo intenté introducirlo, al igual que Nicolás del Caño, pero en bloques que eran pautados para otra cosa, no era específicamente sobre género y no estaba como tema. Es algo que hace un tiempo parecía impensado; que iba a haber un debate de candidatos y candidatas y que no iba a estar la problemática de género. Pero no estaba y tampoco ambiente, que es lo otro novedoso y sobre lo que hay que exigir un compromiso fuerte, porque este es un país sumamente atado al extractivismo. Hay que discutir esas cosas en campaña. Se utilizó la conquista del derecho al aborto para lo contrario de lo que esperábamos quienes venimos luchando por los derechos de las mujeres y de la diversidad: que fuese un piso. Se intentó plantear como que con eso ya estaba, con crear un ministerio ya está, con crear una secretaría ya está.... “Ya tienen el derecho al aborto y no molesten más”.

 

-El falso argumento de las minorías...

 

-Son discursos bastante peligrosos para las mujeres, para la diversidad: esto, nuevamente, de que tenemos que esperar. “Bueno, son minorías, son derechos de minorías, tienen que esperar”. Eso tiene, ante todo, un problema matemático, porque las mujeres somos la mayoría. Lamento decírselos: somos la mayoría. Además, somos la mayoría de quienes tenemos las peores jubilaciones, de quienes tenemos el trabajo no registrado, de quienes llevamos adelante el trabajo no pago… Durante la pandemia, el 76% de quienes tuvieron que dejar un empleo fueron mujeres para hacerse cargo de los adultos mayores, de niños y niñas. Entonces, es al revés: más que nunca tendría que ser el tema. Cuando veo las estadísticas de CEPAL que dicen que las mujeres perdimos una década de derechos durante la pandemia, todo indicaría que debería ser tema central, pero no, se utiliza un discurso muy conservador diciendo, nuevamente, que hay temas más urgentes.

 

-Se separan los temas, como si no hubiera ningún cruce entre, por ejemplo, la violencia que sufren las mujeres y la falta de autonomía económica...

 

-Eso es deliberado, porque, si analizamos a fondo las problemáticas que denunciamos desde el movimiento de mujeres, desde la falta de independencia económica que implica no poder irse rápidamente del hogar; todo, todas las situaciones que venimos denunciando, miradas desde ahí, dan una radiografía del país. Cuando vemos que la desocupación es mayor entre los y las jóvenes y, entre esa franja etaria, en las mujeres; que, al recortar el IFE, afectan específicamente a mujeres porque el 64% de quienes lo cobraban son mujeres; o que durante la pandemia y las características del encierro aumentó la violencia de género, aumentaron las denuncias, podemos hacer una profunda radiografía social. Ahora, el resultado de esa radiografía no es bueno. Cuando se quiere evitar hablar del ajuste que hay en curso, cuando se quiere evitar hablar de cómo aumentó la pobreza, cuando se quiere evitar hablar de cómo siguen cayendo salarios y jubilaciones, mirarlo desde las mujeres lo expone, lo saca a la luz de una manera muy específica.

 

-¿Un ejemplo?

 

-Mauricio Macri, con la vergonzosa ley de blanqueo, votó una reforma jubilatoria, que es la creación de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM), donde determina que aquellas personas que no tengan todos los aportes van a pasar a cobrar una pensión universal que, por ley, es discriminatoria: establece que es un 80% de una jubilación mínima, que ya es muy magra, y afecta especialmente a las mujeres. Eso lo votó parte del elenco gobernante, como Sergio Massa, y sigue vigente y a nadie le preocupa que en esta situación, sin que haya nuevas moratorias para acceder a una jubilación mínima, esté vigente esa ley que dentro de poco nos va a alcanzar a todas las que nos jubilemos sin los aportes.

 

-En esta campaña, el crecimiento de la ultraderecha se suma a la falta de agenda de género en los partidos mayoritarios. ¿Los feminismos están en un momento de retroceso o de repliegue para volver a avanzar?

 

-El fenómeno Milei es reacción patriarcal. Lo definí así desde el principio, cuando todos preferían ver algo gracioso en él o se especulaba con que le sacaba votos a Cambiemos. A mí no me da ninguna gracia, me parece un personaje retrógrado, misógino, que apunta a un público que, con el avance de nuestra movilización, de nuestra presencia en las calles, de nuestro reclamo por los derechos, de la conquista del derecho al aborto, vio cuestionados sus privilegios de clase y sus privilegios patriarcales. Las dos cosas les cuestionamos, porque no conquistamos el derecho al aborto de cualquier manera, lo conquistamos autoorganizadas, en la calle, movilizadas. Pero no puedo dejar de señalar la preocupación y el repudio que me produce que, después de las elecciones, el Gobierno, con este discurso de “escuchamos el mensaje de las urnas”, se entiende o se manifiesta a través de cambios en el gabinete, donde se pone al mando a un personaje como (el jefe de Gabinete, Juan) Manzur, que es uno de los enemigos que tuvimos que enfrentar para conquistar nuestros derechos, uno de los que le conseguían los votos a Macri para las peores leyes, como esta que mencioné del blanqueo y de la PUAM, que discrimina a las mujeres. No es cualquier personaje, más allá de que obligó a parir a una niña. Entonces, es Milei, pero es una concesión desde la coalición gobernante a ese tipo de discursos y de políticas.

 

-¿Los cambios en el Gabinete son una reacción patriarcal o la legalización del aborto fue un momento determinado y ahora se vuelve a la política tradicional, es decir que se abrieron las aguas y volvieron a cerrarse? 

 

-Si miramos las fotos, no hay más que decir. Más que se abrieron las aguas, nosotras las abrimos. Tenemos que volver a abrirlas. Simone de Beauvoir decía: “No olviden jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, deben permanecer vigilantes toda su vida”. Bajo este sistema en el que el patriarcado es la sombra del cuerpo del capitalismo, nunca nuestros derechos van a ser permanentes. Siempre sabemos que vamos a tener que seguir peleándolos. Aún cuando se hayan conquistado con una ley, van a aparecer trabas y problemas para su implementación, desde el cupo trans hasta el derecho al aborto o cualquiera de los derechos que hemos conquistado; si no nos movilizamos por cosas tan brutales como lo de la PUAM, que va a dejar a aproximadamente al 86% de las mujeres sin jubilación en los próximos años; si no lo ponemos en agenda, si no lo ponemos en la calle, no va a venir de arriba. Tenemos que ser conscientes de que esa frase que tanto acuñamos en nuestros mejores momentos de movilización, de que los derechos se conquistan en la calle, es así: ahí tenemos que volver a estar.

 

-Hace unos días salió una nota en este medio con el título “Es fácil ser Bregman”, que habla de “las ventajas de no haber gobernado ni tener chances de hacerlo alguna vez”. ¿Es fácil ser Bregman?

 

-Lo respondió bastante bien Nahuel Prado en Twitter. Yo no solamente hablo, sino que pongo el cuerpo en las peleas y me comprometo profundamente. En cada lugar donde estuve, llevé la perspectiva de género. Cuando comenzaron los juicios de lesa humanidad, después de anuladas las leyes, con un grupo de compañeras abogadas como Liliana Macea y Guadalupe Godoy, empezamos a insistir en poner la perspectiva de género desde el primer juicio contra el genocida (Miguel) Etchecolatz en La Plata, en que se trate el tema de la violación y que no sea una tortura más. Las mujeres siempre tenemos ese tema y más las que defendemos los derechos de los trabajadores y las trabajadoras, de los sectores populares. Siempre nos ubican en un lugar de “qué fácil”. Es al revés. Yo me preguntaría cuántas de esas políticas que hablan en un recinto tuvieron que sufrir la represión policial por estar con las trabajadoras de Pepsico o tuvieron que sufrir la represión policial por estar junto a cualquier otra movilización de mujeres, con docentes, con enfermeras, con las comunidades originarias. Entonces, me parece que son descalificativos que no ameritan mayor análisis. Las bancas que conquistamos son bancas que damos cuenta de lo que hacemos cuando estamos ahí. Queremos que gobiernen los trabajadores y las trabajadoras en un sistema totalmente distinto de esto, donde hay una casta pequeña patriarcal que decide los destinos de las mayorías. Queremos terminar con eso y trasladar el poder de decisión a organismos de democracia directa, autoorganizados. Entonces, no, no estoy buscando un lugar en el poder para mí.