19|11|2021

Terminaron las elecciones y cada fuerza interpretó el resultado a su favor. La izquierda y la derecha, con buen desempeño en la Provincia y la Ciudad. 

Las recientes elecciones de medio término tuvieron una curiosidad: casi todas las fuerzas políticas encontraron motivos para interpretar los resultados a su favor, incluyendo a los perdedores. Sin embargo, las dos coaliciones dominantes perdieron votos respecto de la elección anterior.

 

Aunque más de 5 millones de personas que habían votado al peronismo en 2019 votaron a otro espacio político en esta elección, el gobierno encontró razones para celebrar porque temía que una derrota más contundente pusiera en riesgo su continuidad.

 

Juntos por el Cambio obtuvo una ventaja de 10 puntos porcentuales sobre su archirival, arrasando en provincias como Córdoba, Jujuy y Entre Ríos. No obstante, obtuvo casi 2 millones de votos menos que en 2019. 

 

La gran novedad fue el buen desempeño de la izquierda y de la derecha, especialmente en la provincia y en la ciudad de Buenos Aires. A pesar de que María Eugenia Vidal se impuso por 20 puntos sobre Leandro Santoro, el candidato del Frente de Todos, muchos en el espacio sintieron sabor a poco porque aspiraban a superar la marca del 50%, tal como sucedió en las últimas dos elecciones.

 

En la Ciudad de Buenos Aires, la noticia no fue la ventaja de 22 puntos que separó al oficialismo porteño del kirchnerismo. La gran novedad fue el desempeño de la derecha, representada por la hiperbólica y vociferante figura de Javier Milei que en su debut electoral obtuvo nada menos que el 17% de los votos. Con un mensaje “anti política” y un discurso violento, el economista sedujo a los votantes más desilusionados con el establishment.

 

Por su parte, la izquierda, representada por Myriam Bregman en la Ciudad de Buenos Aires, logró superar el piso del 7% por primera vez desde el 2001 y obtuvo una banca en el Congreso Nacional. El Frente de Izquierda de los Trabajadores también obtuvo bancas en la Provincia de Buenos Aires y en Jujuy. Fue el mejor desempeño que tuvo este espacio desde el regreso de la democracia. 

 

Quién no tiene de donde agarrarse para interpretar los resultados de esta elección como una victoria es Florencio Randazzo, el exministro de transporte de Cristina Fernández de Kirchner que se quedó fuera del Congreso al no superar el piso de 5% de los votos en la Provincia de Buenos Aires. Su mal desempeño electoral puede explicarse por distintas razones. 

 

En primer lugar, tuvo poco tiempo para posicionarse en la opinión pública porque, luego de estar inactivo durante mucho tiempo, empezó tarde su campaña. En segundo lugar, Randazzo no supo construir una identidad clara. Para el nucleo duro del klirchnerismo es un traidor, para el nucleo duro de Juntos por el Cambio nunca va dejar de ser kirchnerista. 

 

Una encuesta de Reyes-Filadoro realizada durante el mes de marzo de 2021 indicaba que el 65% de las personas que tenía una imagen positiva de Randazzo también tenía una imagen positiva de Alberto Fernández y el 50% tenía imagen positiva de Horacio Rodríguez Larreta. Tanto Alberto Fernández como Randazzo y Larreta cultivan un perfil “moderado”.  Pero también cultivan un perfil similar Facundo Manes y Diego Santilli.  

 

Randazzo aspiraba a captar a los votantes que alguna vez habían votado por Sergio Massa, estaban desilusionados con las dos principales fuerzas y querían “terminar con la grieta”.  Su equipo de campaña interpretó que había cerca de un 10% del electorado en la Provincia de Buenos Aires que estaba harto de la polarización que expresan “La Cámpora” y el macrismo.  Sin embargo, el apoyo que recibió la propuesta “moderada” de Randazzo estuvo muy lejos de las expectativas de ese espacio. 

 

En 2019 Roberto Lavagna había intentado, sin éxito, captar al mismo sector del electorado obteniendo la peor marca para una tercera fuerza en 30 años. La polarización se comió al ex ministro de economía de Néstor Kirchner que obtuvo el 5% de los votos en la provincia de Buenos Aires y el 6% a nivel nacional. Tanto Randazzo como Lavagna apuntaron a los votantes “blandos” que estaban enojados con el macrismo por la crisis económica, pero tampoco querían votar al kirchnerismo. 

 

Sergio Massa fue quien, hasta ahora, más éxito tuvo transitando la llamada “avenida del medio” luego de sorprender en la provincia de Buenos Aires en 2013 tras vencer al kirchnerismo y de alcanzar el 21% de los votos en la elección presidencial de 2015. Sin embargo, fue perdiendo apoyo y en 2019 se vió obligado a suspender su aspiración a ser “la alternativa a la grieta” para retornar a un kirchnerismo que, con la designación de Alberto Fernández como candidato a presidente buscaba recuperar el espacio perdido en el centro del tablero. 

 

Sin el centro no se puede, pero el centro no alcanza

Los llamados votantes “independientes” son personas que alternan su apoyo entre distintas fuerzas políticas sin reconocer ningún tipo de lealtad o afinidad partidaria. No comparten ideas entre sí, pero muchas veces comparten sentimientos. Son un conjunto heterogéneo en términos ideológicos, difíciles de ubicar dentro de un mismo marco discursivo porque sus demandas son muy diversas y a veces, incluso, contradictorias. Además, son personas con bajo o nulo interés en la política y por lo tanto están poco informadas acerca de lo que piensan los gobernantes o proponen los candidatos.

 

Sin embargo, comparten sentimientos. Estos votantes no están cansados de la grieta, sino que están enojados con la política. Eso explica, en gran medida, la razón por la cual un sector importante del electorado optó por opciones alejadas del centro ideológico como los libertarios representados por Milei y Espert o la izquierda, representada por Bergman en CABA y Alejandro Vilca en Jujuy.

 

Florencio Randazzo no supo construir una identidad clara. Al igual que Sergio Massa y Roberto Lavagna, intentó diferenciarse simultáneamente de las dos fuerzas dominantes, una estrategia que exige pelear en dos frentes al mismo tiempo. 

 

En el primer tramo de su campaña Randazzo apostó por llamar la atención con spots que lo ubicaron en lugares incómodos e incluso ridículos. En el segundo tramo, después de las PASO, cambió su estrategia con spots publicitarios menos arriesgados, pero poco seductores. “Vivir tranquilo” rezaban los afiches y los spots que intentaban mostrar a un hombre común, sonriente, tomando mate. El problema de base fue que la estrategia de Randazzo estuvo centrada en una premisa equivocada: lo que estaba en juego en esta elección no era “la grieta”. 

 

Los votantes suelen utilizar las elecciones de medio término para descargar su bronca y su descontento con los gobernantes de turno. Un hombre “tranquilo” no es una propuesta atractiva para un electorado enojado con el establishment político. Además, la oferta de candidatos “tranquilos” era amplia. La dupla, Santilli-Manes construyó una identidad moderada y Manes sumaba, además su condición de “outsider”. 

 

¿Significa esto que no hay lugar para los candidatos moderados? No. Significa que la moderación no alcanza si no hay ideas fuerza que movilicen a los votantes. Los votantes esperan que los políticos sean sensatos y coherentes, pero principalmente esperan que entiendan y atiendan sus problemas. Esperan que sean personas equilibradas, pero a la hora de votar, no deciden su voto basándose en la razón sino en sus emociones. Las emociones deciden, la razón justifica. El voto es secreto.  No hay nadie a quien los votantes deban rendir cuentas. Al final, los votantes más oscilantes, los que no sienten compromiso por un espacio político, hacen lo que sienten, no lo que piensan.

 

Mientras la política no sirva para dar respuesta al hambre, a la inseguridad, a la falta de oportunidades y a la desigualdad creciente, cada vez más personas van a volcar su apoyo en fuerzas radicalizadas donde descargar su enojo y su frustración.