25|11|2021

Las alternativas al acuerdo con el FMI que germinan a espaldas de Guzmán

25 de noviembre de 2021

25 de noviembre de 2021

El ministro busca cerrar con el staff del Fondo en diez días, pero fuera de su despacho barajan opciones. China, el G-7 y patear el tablero sin defaultear.

Mientras el Ministerio de Economía se prepara para una semana de negociación intensa con la meta de llegar a un entendimiento con el staff técnico del Fondo Monetario Internacional (FMI) en los próximos días, en algunos sectores ligados al oficialismo empiezan a pensarse alternativas al acuerdo plano con el organismo. El plan B, que no se ve en el esquema de Martín Guzmán, se esboza en satélites que simpatizan con el Frente de Todos y que, aunque no integran la estructura de toma de decisiones, tienen canales para hacer llegar sus propuestas.

 

La suelta de hipótesis tuvo un momento álgido este miércoles, durante el cierre de las Jornadas Monetarias y Bancarias del Banco Central. El anfitrión, Miguel Pesce, usó ese ámbito para pedir al FMI “adecuar los plazos y las tasas de interés a los volúmenes de asistencia que puedan requerir los países miembros del fondo, especialmente los países en vías de desarrollo”. Aclaró, en una comunicación institucional y mientras los medios hablaban de una patada al tablero, que no se refería a la negociación mano a mano, sino que lo enmarcaba en discusiones globales, dentro del G-20. “Más allá de estas esperadas reformas, la Administración Nacional y el BCRA están trabajando intensamente para la definición de un programa con el FMI”, indicó la autoridad monetaria en un comunicado.

 

Pesce también sugirió otras posibilidades, vinculadas a acuerdos bilaterales. “Me parece también valioso explorar mecanismos bilaterales de asistencia, a través especialmente de los bancos centrales, a través del mecanismo de swap de monedas o la utilización de los derechos especiales de giros (DEG)”, dijo. 

 

En esos acuerdos bilaterales puede haber alguna alternativa a un acuerdo con el Fondo. Lo propuso el empresario Gerardo Ferreyra, accionista de Electroingeniería de fuertes vínculos con China y de marcada simpatía con el kirchnerismo. “La salida de la encerrona que nos dejaron (Donald) Trump y (Mauricio) Macri se hace con inteligencia y alianzas geopolíticas, elaborando un Plan B”, tuiteó. Y esbozó la creación de un “Fideicomiso de Inversión para el Crecimiento y la Exportación” con U$S100.000 millones de China y Rusia. Su iniciativa: tasa del 3% anual durante 15 años, con cinco de gracia. En el primer quinquenio llegarían las inversiones en infraestructura y áreas estratégicas (energía, alimentos y minerales). Con ese dinero, se pagaría la deuda con el Fondo y con el producido de esas exportaciones se devolvería el crédito a los nuevos acreedores.

 

Sin el protagonismo que tuvo durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner y después de haber sido encarcelado durante la gestión macrista por la causa Cuadernos, Ferreyra conserva excelentes lazos con China. Fue uno de los artífices de la visita del presidente Xi Jinping a Argentina, en 2015, y participó del viaje de la actual vicepresidenta a esa potencia. También tiene contactos con Rusia. “Los únicos inversores que van a venir a la Argentina son estatales”, le dijo a Letra P el socio local de la china Gezhouba en la construcción de las represas Kirchner y Cepernic, en Santa Cruz.

 

El “Plan B” de Ferreyra tiene un obstáculo: los tiempos. Calzar los vencimientos inmediatos del Fondo (U$S19.000 millones en 2022 desde marzo) con los ingresos necesarios para cubrirlos sin acordar ni defaultear. Supondría, además, una audacia geopolítica excesiva para un Gobierno que intenta hacer equilibrio con Estados Unidos sin alinearse automáticamente. Gustavo Beliz, secretario de Asuntos Estratégicos que tiene a su cargo el financiamiento con organismos internacionales -excepto el FMI-, tiene fluidos vínculos con Washington.

 

Otra opción la esbozó Daniel Kostzer, exdirector por Argentina en el Banco Mundial y con amplia experiencia en organismos internacionales. Propuso hacer un acuerdo a diez años, un Crédito de Facilidades Extendidas, pero por la porción de deuda que hubiera correspondido recibir por estatuto: unos 22.000 millones de dólares. El resto se discutiría con el G-7 o con los países más poderosos del mundo de manera bilateral, con la intención de que ellos refinancien el saldo con un bono vinculado a metas de crecimiento, aumento de exportaciones o cambio climático.

 

“Esto mostraría una cierta vocación de pago, una planificación de erogaciones (sin duda gravosas), pero atendible y justificable, a la vez que se politiza la porción contenciosa, intentando aprovechar algún cambio de gestión política en Estados Unidos y sus aliados”, dijo.

 

Este tipo de alternativas surgen lejos de los despachos del Ministerio de Economía, en los que refieren negociaciones “constructivas” e intensas, con la intención de cerrar un acuerdo con el staff técnico en los próximos diez días para enviar el programa plurianual al Congreso. El ritmo de reducción del déficit fiscal y su financiamiento con emisión monetaria -con efectos en la “alta inflación” que preocupa al Fondo- parecen ser los principales obstáculos para un entendimiento. La negociación es mano a mano, pero con segundos no tan afuera. Los fondos de inversión revientan activos argentinos en Wall Street y en la Bolsa porteña, en un mensaje que parece más dirigido al organismo multilateral que al país: quieren que sea duro con Argentina.