15|5|2022

Jefes que no mandan, economía sin cabeza

28 de noviembre de 2021

28 de noviembre de 2021

La guerra entre ministros y segundas líneas: drama congénito de Todos. La clase media se aferra al dólar y a su memoria. El país fermenta al calor el verano.

En mayo, el ministro de Economía, Martín Guzmán, filtró su decisión de remover a su subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, a quien acusaba de desautorizar, con hechos y declaraciones públicas, la reducción de los subsidios en base a aumentos de tarifas alineadas –en promedio– con la inflación. Desenlace: solo 9% de suba y Basualdo atornillado a su sillón. El fin de semana pasado, otro cristinista, el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, sugirió un incremento de las retenciones a las exportaciones de carne para frenar el aumento de los precios domésticos, tras lo cual fue cruzado por su superior jerárquico, el ministro albertista de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, quien le reprochó públicamente haber "teorizado" y pensado "en voz alta". Desenlace: Feletti insistió con sus dichos iniciales el sábado en una entrevista en radio La Red. Más recientemente, el presidente del Banco Central, Miguel Ángel Pesce, confirmó la presunción de que, en materia de reservas, ya raspa con ahínco el fondo de la olla y anunció el fin de la financiación con tarjetas de crédito de cualquier gasto por turismo al exterior. Desenlace: la medida cayó muy mal en amplios sectores sociales y Guzmán decidió jugar al distraído. Por último, para sumar al ruido de todas las voces, el embajador argentino en Chile, Rafael Bielsa, se salió de la pista trazada por la Cancillería. La Argentina vuelve a acelerar los giros de su permanente viaje hacia el punto fijo en el que se encuentra desde hace décadas.

 

Sin embargo, esa vertiginosa inmovilidad presenta una mala nueva: el deterioro de la autoridad política que hace que el Gobierno esté lleno de jefes que no mandan y que la conducción económica no tenga un rumbo claro.

 

La vocación de depositar guijarros en un camino de por sí demasiado ripioso es congénita en el Frente de Todos. La anomalía funcional de que Cristina Kirchner sea la dueña del mayor nivel de aprobación y también de rechazo entre los miembros del directorio de esa alianza la llevó a estar en la boleta en 2019 cediendo el primer lugar a un hombre sin caudal propio, pero que, en principio, pretendió darle su impronta a la gestión. Eso hizo que el loteo de cargos esperable en cualquier alianza de gobierno haya tenido la peculiaridad de no ser vertical sino horizontal: los socios no se reservaron áreas enteras de la administración, sino que decidieron convivir en cada una de ellas, otorgando a la vicepresidenta lugares clave en segundas y hasta terceras líneas capaces de ejercer su derecho de veto a las decisiones emanadas de conducciones ministeriales a priori leales a Fernández.

 

El problema se complejiza por las desavenencias entre las cabezas de cada repartición. Por volver al último ejemplo mencionado, tanto Pesce como Guzmán responden al Presidente, pero el segundo decidió sacarle el cuerpo a la gira de los humoristas Cepo, Torniquete y Tarjetazo, lo que se expresó en un silencio a prueba de consultas periodísticas, ya sea en on o en off.

 

Vale destacar que de nada le valdría al ministro escudarse en que Mauricio Macri dejó al Central vacío de reservas, que en su momento también apeló al expediente de encarecer los viajes al exterior y que la pandemia hizo muy difícil un refill suficiente; de hecho, Cristina se lo había dejado vacío a aquel en 2015. Tampoco, en la supuesta autonomía de la autoridad monetaria para tomar decisiones, un lujo norteamericano que la Argentina no puede permitirse, como quedó claro desde el Día de los Santos Inocentes de 2017 y algo que nunca pretendieron ni Cristina ni Fernández ni Guzmán ni Pesce.

 

El Gobierno le traslada a toda la sociedad los costos de su impericia y, peor aun, de su funcionamiento fallido.

 

La presentación de los mencionados humoristas no le ha hecho gracia a una clase media que, en el trazo grueso, parece cada vez más lejos de un peronismo gobernante que no cumple sus promesas y, ante el show de los monólogos superpuestos, el hartazgo evidenciado en las recientes elecciones legislativas se profundiza.

 

De nada sirve argumentar que el subsidio que se ocultaba tras la financiación a tasa cero del turismo emisor –un seguro de cambio a seis, 12 o hasta 18 meses, con divisas que el Central entregaba cash– solo beneficiba a los tramos superiores de aquel segmento social. Hay todavía una Argentina que sigue rebelándose a un presente de pobreza o cuasipobreza y que se sigue percibiendo clasemediera. Eso no es una mala noticia, sino, tal vez, el motor que le queda a la esperanza de recuperación nacional, al menos si la crisis no se hace más profunda y abre la puerta a futuros ajustes brutales que alejarían el sueño definitivamente.

 

El futuro preocupa. La emisión de medidas piantavotos en la clase media probablemente devenga en rasgo constante del segundo tiempo del Frente de Todos. Los sapos que hacen fila para ser engullidos ni bien se anuncie un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya croan atronadoramente.

 

Es imposible pretender que el acreedor privilegiado acepte que los dólares que la Argentina deberá ahorrar para pagarle un promedio anual de 4.400 millones de dólares –solo en concepto de capital– a lo largo de los diez años del programa de Facilidades Extendidas termine en los all inclusive de Punta Cana. He ahí una de las facetas del dolor que implica deberle tanto dinero al Fondo, cuyo sonriente rostro de 2018, Christine Lagarde, Macri contemplaba enamorado. A propósito de eso, la vice advirtió el sábado –a su superior formal porque las referencias a los medios y la oposición son solo envoltorio– que es Fernández quien tiene la lapicera y la responsabilidad de no firmar algo que "puede llegar a constituir el más auténtico y verdadero cepo del que se tenga memoria para el desarrollo y el crecimiento CON INCLUSIÓN SOCIAL (sic) de nuestro país". El gesto, muy fuerte, siembra enormes dudas políticas ya que Cristina conoce en detalle el avance final de esas gestiones. Su relación con Fernández, claro, es la madre del patrón de los jefes que no mandan.

 

 Cabe, en este sentido, volver sobre lo que el economista Ricardo Delgado llama teorema de la imposibilidad de Guzmán: cualquier opción de política económica se ve severamente limitado en medio de un triángulo dado por una inflación del 50%, una brecha cambiaria del 100% y una pobreza del 40%. En esas condiciones, cualquier decisión que toque uno de los vértices afecta negativamente a los otros dos. El fin de la financiación con tarjeta de los viajes al exterior implica una devaluación para ese sector específico y, por lo tanto, un impacto inflacionario por el incremento que supondrá de la demanda (y los precios) del sector turístico doméstico en el próximo verano.

 

Muchos argentinos y muchas argentinas que quieren viajar al exterior –y quienes, aun sin poder hacerlo, no quieren que se les haga tan patente su impotencia– se quejan por la nueva vuelta de rosca del cepo de Estado, aunque, más allá de las narrativas en pugna, el Central de hecho ya casi no tiene dólares. Así las cosas, vale la pena volver sobre una pregunta planteada en diálogo con Letra P por el economista Gustavo Reija. ¿El país marcha inexorablemente hacia un desdoblamiento formal del mercado cambiario?

 

El mismo está hoy desdoblado de hecho entre un dólar oficial, uno ilegal –el blue– y una hidra de mil cabezas hecha de diversos tipos de cambio arbitrados en bolsa y que Pesce trata de combatir, espada en mano. A diferencia de eso, un desdoblamiento de derecho permitiría destinar los dólares de las reservas solo a las importaciones, lo que evitaría el impacto inflacionario de una devaluación sobre los precios internos, a cuya formación contribuyen decisivamente las compras externas de bienes finales e insumos para el campo y la industria. En ese contexto, el ahorro, las remesas de las empresas y los viajes al exterior, entre otros ítems, pasarían por un mercado libre y legal que no afectaría las tenencias de la autoridad monetaria. Dicho mercado, explica Reija, podría incluso ser abastecido con parte de los dólares provenientes de las exportaciones, lo que permitiría mantener su cotización bajo control y dar una señal positiva que incremente la liquidación.

 

«Las absoluciones de la vicepresidenta y su familia que ya llegaron y las que vendrán irritan a la patria antiperonista, Todos y Juntos ocultan con sus nombres sus respectivas faltas de unidad y la economía tiene a la vista un frente oscuro de tormenta.»

Un problema adicional es que no solo faltan cabezas con capacidad de decisión en el oficialismo, sino también en la oposición. Juntos por el Cambio sigue sin hacerse cargo de que –antes de que el Frente de Todos hiciera su "aporte"– hace muy poco ayudó a arruinar más un país maltratado desde hace mucho. Así, en vez de limitarse a criticar la última medida cambiaria o la propia política oficial con el énfasis que desee, insiste en el tremendismo de denunciar dictaduras y violaciones al derecho constitucional a salir del país.

 

El caldo no deja de espesarse. Las absoluciones de la vicepresidenta y de sus hijos que ya llegaron y las que vendrán irritan a la patria antiperonista, Todos y Juntos ocultan con sus nombres sus respectivas faltas de unidad y la economía tiene a la vista un frente oscuro de tormenta.

 

Algo parece fermentar cada vez más rápido al calor del verano en ciernes.