07|1|2022

05 de noviembre de 2021

05 de noviembre de 2021

Fue jefe de Gabinete y comandó Educación con Solá y Scioli. Llega al gobierno de Kicillof por los intendentes. Retrato de un todoterreno en su hábitat natural.

La primera vez que Mario Oporto ocupó un cargo en la estructura del gobierno bonaerense fue en 1999. Tenía 47 años y venía de una carrera meteórica en la función pública como cuadro técnico de ministerios nacionales y de municipios del oeste del conurbano. De la mano del entonces gobernador Carlos Ruckauf, fue designado subsecretario de Educación, el segundo detrás del entonces ministro José Bordón. La crisis de 2001 y el desembarco de Felipe Solá puso su nombre en primera línea: de subsecretario pasó a director general, el máximo responsable del área educativa de Buenos Aires.

 

El resto es historia más o menos conocida. Oporto llevó las riendas de la educación bonaerense a lo largo de ocho años y dos gestiones, la de Solá y la de Daniel Scioli. En el medio, entre 2005 y 2007, fue jefe de Gabinete bonaerense. Había sido electo senador por la Primera sección, pero Solá lo llamó para ocupar el cargo y renunció a la banca. En total, fue una década (2001-2011) en el corazón del poder bonaerense.

 

A 22 años de aquel primer desembarco en La Plata, Oporto vuelve a ocupar un cargo en el gobierno de Buenos Aires, esta vez para la gestión de Axel Kicillof pero de la mano del nuevo jefe de ministros, Martín Insaurralde, y a través de su principal terminal política actual, Juan Pablo De Jesús.

 

Desde esta semana, Oporto es el flamante subsecretario de Relaciones Internacionales e Institucionales de la provincia, un cargo dentro de la estructura que comanda el hombre de Lomas de Zamora. Esta vez, trabajará para Kicillof, con quien apenas se vio un par de veces y con quien todavía no se reunió para charlar de su nueva función, pero, fundamentalmente, volverá a hacer política a su hábitat natural, la provincia de Buenos Aires, que alguna vez se imaginó gobernar de la mano de su espacio político, el grupo Dorrego.

 

Todoterreno de los caminos bonaerenses y conocedor experimentado de los avatares de la gestión, Oporto se suma a la estructura de Insaurralde para hacer política en clave del nuevo paradigma que se instaló en La Plata posderrota en las PASO: territorial.

 

 

Su cercanía con el grupo que encabeza el intendente lomense en uso de licencia es, en algún punto, un movimiento natural para un dirigente que, como el personaje de “Los Orozco”, la canción de León Gieco, en el peronismo bonaerense “tocó con todos”.  

 

Cuando le preguntan, Oporto dice que la relación con los intendentes se dio en forma “muy natural”. A Insaurralde, De Jesús, Mariano Cascallares y el resto de ese grupo los conoce desde antes de que estos llegaran a las intendencias. En sus largos años como titular de Educación y comandante de ministros, Oporto nunca descuidó el trabajo político territorial, ese entramado de vínculos y agenda a partir del cual se aprenden las coordenadas para hablar de política en todas las secciones del distrito del 40% del padrón electoral nacional.

 

Su incorporación al gobierno provincial comenzó a gestarse posderrota en las PASO y con el desembarco de los intendentes en La Plata. El principal impulsor fue De Jesús. Primero, la convocatoria iba a ser para otra área, vinculada a la capacitación de agentes del Estado, con menos exposición, más técnica. A Oporto lo entusiasmaba, pero después le plantearon la posibilidad de ir al frente de una subsecretaría importante, con capacidad de juego y campo de acción, como la de Relaciones Internacionales e Institucionales. 

 

La subsecretaría de Oporto tiene dos áreas principales y, por su perfil, se equipara a una cancillería bonaerense, porque inclusive maneja lo relacionado a cultos. “Mi idea es profundizar la relación con el mundo, los países de la región y los organismos internacionales en coordinación con la Cancillería”, explicó a Letra P horas después de asumir.

 

Tiene una atención especial puesta en Brasil. Irónicamente, por poco Oporto quedó afuera de la comitiva que encabezó Kicillof a San Pablo junto a una misión comercial bonaerense. Hacía pocas horas había desembarcado nuevamente en La Plata y se decidió que no viajara. Más allá de ese dato, concentrará sus esfuerzos en tender puentes con organismos, instituciones y centros académicos vinculados al entramado industrial y productivo de San Pablo.

 

Mario Oporto, flamante funcionario de Kicillof. Foto: gentileza 221Radio

En la agenda exterior, Oporto va a trabajar en el vínculo con organismos de cooperación del sistema de Naciones Unidas, relacionados a temas tan diversos como educación y cultura, migraciones y políticas agrarias, además del PNUD, UNESCO y UNICEF, entre otros. A esos interlocutores se sumarán los bancos internacionales y organismos de créditos, los únicos con los que hoy el gobierno provincial dialoga para obtener financiamiento externo.

 

Oporto también mira con atención la agenda de cooperación bilateral, especialmente con países como Japón, Italia y Francia. Su antecesora en el cargo, Sofía Sternberg, que respondía al exjefe de Gabinete Carlos Bianco, venía trabajando también con China y con Rusia y ahora se profundizará ese intercambio.

 

Las posibilidades son amplias. La mirada está puesta en el financiamiento internacional de programas y proyectos. En una provincia sin posibilidad de ingresos en dólares, ese potencial flujo de divisas es mirado con atención, especialmente por los municipios.

 

Oporto trabajará en darle asesoramiento técnico a las intendencias para que puedan presentar proyectos en programas de financiamiento internacional. Cree que a través de la Secretaría de Asuntos Estratégicos, la oficina nacional que conduce Gustavo Béliz, hay “mucho campo” para caminar en ese sentido y que los gobiernos locales accedan a esas líneas en dólares. Será una suerte de canciller para los intendentes.

 

“Mario tiene los dos perfiles, el académico y el territorial. Conoce muy bien los dos mundos”, dice un dirigente que milita cerca de él hace muchos años. “Por eso puede ser un puente entre el grupo de Kicillof y los intendentes. Alguien que dialogue con los dos”, abunda.