29|4|2022

25 de diciembre de 2021

25 de diciembre de 2021

Nadie manda en la alianza opositora y ardió en el Congreso. Internismo precoz y horizontalidad a los palos. El colmo Disney. Lunes: Pato ante la hidra venenosa.

En menos de una semana, la hinchada de Juntos por el Cambio pasó de la euforia a la depresión; del rechazo al Presupuesto y la derrota sin antecedentes del Frente de Todos en la votación de la ley de leyes al papelón de morder el polvo en la sesión de Bienes Personales que había sido convocada por la propia oposición. De una estación a otra, solo hay un lugar común: la falta de liderazgo, que convierte a los diez bloques de JxC en una romería sin destino ni dirección. 

 

La escena que quedará en la memoria del Congreso sucedió como precuela del mazazo que recibieron Máximo Kirchner y Sergio Massa el viernes 17 de diciembre. En el Salón Delia Parodi, que está pegado al recinto de la Cámara de Diputados, 116 representantes de las bancadas antikirchneristas se reunieron para analizar el pedido de Alberto Fernández para pasar a un cuarto intermedio y volver el proyecto a comisión. Ya de por sí un acontecimiento histórico, el griterío y el desorden quedarán guardados para siempre en el grupo de diputadas y diputados de la oposición que acredita más experiencia y afirma no haber visto jamás nada semejante.

 

La asamblea de Juntos por el Cambio exhibió a legisladores que se enfrentaban como rivales, al borde de un ataque de nervios, voceando consignas irreproducibles y dando alaridos de guerra. Sin embargo, lo más importante no fue eso sino, otra vez, la ausencia de conducción en un bloque fortalecido por el triunfo electoral pero debilitado por la falta de claridad para encarar los dos años de mandato que le quedan al Frente de Todos. 

 

“La horizontalidad no va más”, “la intransigencia absoluta tiene patas cortas”, “nadie quiere pagar el costo de quedar pegado al Gobierno”, “el interbloque es inmanejable”, “hay mucho desorden y no va a ser fácil ordenarlo”. Las frases de diputados de la oposición dan cuenta de las diferencias de pensamiento. 

 

En paralelo a los errores de la jefatura del Frente de Todos que unieron a todas las tribus de Juntos por el Cambio en su contra y terminaron en derrota, la votación del Presupuesto dejó a la oposición con la cara pintada, con Mario Negri muy preocupado y Cristian Ritondo fortalecido pero al costo de mimetizarse con los halcones y rechazar, por primera vez en la historia, la ley de leyes para un gobierno democrático. Lanzados dos años antes a una interna sorprendente, los aliados del jefe del bloque del PRO lo ven en ascenso y sostienen que un solo discurso le alcanzó para desplazar a su amigo Diego Santilli en la carrera por la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Cada uno, todo indica, cuida su quintita. Como sea, el espacio opositor solo se une en el conflicto y ante el espanto ante el peronismo, pero está a años luz de presentar coincidencias programáticas. 

 

Lilita, jefa de la moderación

Un solo dato basta para entender hasta qué punto JxC padece un extravío pronunciado: Elisa Carrió aparece como la dirigente más responsable y moderada del bloque opositor, tal como quedó demostrado con el comunicado que emitió la Coalición Cívica después de la votación

 

Carrió repite que la oposición tiene que ser responsable y no puede dejar aislado y debilitado al Presidente porque eso solo beneficiaría al ala más dura del Gobierno. Tan o más importante que eso, la jefa de la CC es una defensora a ultranza de un acuerdo con el Fondo y asegura que el comportamiento del Congreso es un pésimo antecedente.

 

Tantas veces explosiva y artífice de todo tipo de rupturas, la actitud de Lilita contrasta con la del resto de quienes pretenden liderar el espacio opositor. Según dicen desde las distintas bancadas de Juntos por el Cambio, ni Horacio Rodríguez Larreta ni Patricia Bullrich ni Mauricio Macri ni Gerardo Morales -dedicado a quedarse con la jefatura de la UCR- interactuaron con la asamblea del Salón Delia Parodi. Sin embargo, fueron los sectores duros los que se beneficiaron y avanzan con una política entre osada y temeraria ante un oficialismo en dificultades.

 

Entre los halcones, hay quienes sostienen que al Gobierno hay que condicionarlo al máximo para que firme cuanto antes el acuerdo con el Fondo y se comprometa a un ajuste fuerte. La tesis de ese grupo fue traducida en estos términos ante Letra P por una persona que integra el ala moderada: “Que lo que tenga que pasar pase lo antes posible”. 

 

Mientas apunta a la responsabilidad institucional de la oposición, el bloque de Evolución, que tiene al frente el cordobés Rodrigo De Loredo y dirige Emiliano Yacobitti, aparece como el más intransigente en lo que funciona casi como una respuesta a las acusaciones de Negri y Carrió, que los sindican como propensos al pacto espurio con Massa y La Cámpora. De entrada, la escuadra de De Loredo, Yacobitti y Martin Tetaz debutó con un dictamen propio de Presupuesto, en una diferencia abierta con las otras nueve bancadas de Juntos.

 

La salida es Ezeiza

Los festejos del ala dura de la oposición se apagaron rápidamente esta semana con los cambios que el Frente de Todos hizo al proyecto de Bienes Personales. Los tres diputados que se ausentaron le dieron la victoria al oficialismo y confirmaron que Juntos por el Cambio se parece demasiado a una estudiantina sin conducción. Negri contó los 33 votos de su sector y Ritondo sabía que le faltaban la debutante Camila Crescimbeni -contrajo covid 19- y el experimentado Álvaro González, que voló a Alemania para el casamiento de su hija. Sin embargo, nadie avisó que Gabriela Brouwer de Koning, de la bancada UCR-Evolución, que responde a Yacobitti y a Martin Lousteau, estaba de vacaciones en Disney. No existe una jefatura que ordene el caos y haga la cuenta total de los diputados y logre reunirlos a todos detrás de una posición común.  

 

 

A la oposición se le escapó la tortuga, de acuerdo a la propia definición de uno de los diputados que se sorprendió con el resultado de la votación. Que Juntos quedara en minoría después de haber pedido la sesión para tratar el tema desató la furia de los formadores de opinión que hablan ante cámaras y micrófonos como si las figuras de la oposición fueran sus empleadas. Tal vez algunos lo hagan por pura militancia y otros, enviados por los dueños de las empresas de comunicación que les ofrecen aire a tiempo completo. Como sea, esta oposición no es previsible y no le sirve a nadie. 

 

La tutela de la mesa 

Frente al subibaja opositor, se pueden distinguir dos miradas que surgen de los propios protagonistas. Irreconciliables en más de un aspecto, las tropas de Bullrich y Lousteau parecen coincidir en una tesis que las deja tranquilas: dicen que Juntos atraviesa una crisis de crecimiento. Negri discrepa y asegura que es una crisis a secas, hija de la falta de liderazgos claros. El ala pesimista de la oposición remarca que se vive un desorden absoluto y no existen siquiera acuerdos mínimos.

 

El frente antikirchnerista no sólo pasó de tres bloques a diez con la nueva composición, sino que, además, profundizó los personalismos y los antagonismos internos. Ante la ausencia de jefes, Diputados se llenó de dirigentes con ambiciones y proyectos personales. Nadie quiere pagar costos y el bando moderado aparecen muy solo. Los halcones, mientras tanto, empujan hacia una oposición más dura, pero tampoco conducen a la totalidad. Después de su discurso encendido contra el kirchnerismo, Ritondo busca otra vez tender acuerdos y anuncia a su gente que llegó la hora de volver al diálogo. Negri, que hasta hace un mes ordenaba el frente interno, cumplió su mandato cumplido, viene de perder las elecciones y está cuestionado por el ala de Yacobitti. Además, a su lado dicen que no tiene la más mínima intención de hacerse cargo de la conducción de un espacio que solo representa costo político para quien pretenda consensuar posiciones. Tal vez, si Carrió le levantara el veto a Ritondo, el exministro de María Eugenia Vidal podría liderar el interbloque. 

 

La tensión interna tendrá un capítulo decisivo este lunes, durante la reunión en la que debe constituirse la nueva mesa nacional de Juntos por el Cambio. Contra lo que pretendía Bullrich, va a ser una mesa con representación acotada, integrada por jefes parlamentarios, gobernadores y titulares de partidos. Si logra conformarse, la tarea que le toca será bastante más empinada que la de sacar comunicados de manera recurrente para cuestionar al Gobierno. Su misión será darle al interbloque el orden que no tiene y bajar una línea de acción, desde arriba hacia abajo. Lo que se vio en el Salón Delia Parodi confirmó que reina el desconcierto y el sálvese quien pueda. Los nostálgicos del orden perdido afirman que Macri, Bullrich, Larreta, Vidal, Morales y Lousteau tendrán que acordar un programa mínimo de coincidencias. Si lo logran, algo que no será sencillo, deberán ejercer una tutela sobre la hidra venenosa de Diputados. Después, habrá que ver si ese orden impuesto desde arriba funciona en el reino del personalismo y la horizontalidad.