18|11|2021

El FdT tiene por delante la compleja tarea de recuperar los votos fugados a otras fuerzas y para ello debe analizar los pasos a seguir y marcar prioridades.

El resultado electoral de las PASO, si bien aún no define las representaciones en las cámaras, dejo fuertes heridas dentro del Frente de Todos y más de un interrogante respecto a cómo continuar y recuperar los más de 6 millones de votos que se fugaron desde aquella elección de 2019. No es un dato menor que de no revertirse los números del pasado 12 de septiembre, el oficialismo perderá el quórum en Senado y será minoría en Diputados, algo que se avizora como una herida sensible frente a una oposición que no se manifiesta muy abierta a los consensos. Varias son las cuestiones para pensar luego del resultado y aquí se ensaya un breve análisis.

 

Una de las cuestiones que será necesario repensar evidentemente es la negativa permanente del peronismo a abrirse al juego democrático que permite, y para el cual se ha creado, la elección primaria. La propuesta tradicional de concentrar candidatos en una sola lista en elecciones legislativas no viene siendo eficaz al momento de posicionarse en el electorado; evidentemente en un tipo de elección que, a diferencia de lo que sucede con las presidenciales, genera mayor atomización del electorado, queda demostrado que es mejor no solo para el funcionamiento de la democracia, sino también para el de los propios partidos abrir el juego a varias opciones intentando captar distintos tipos de votantes y moverse de la concepción verticalista de la estructura tradicional de partidos.

 

Esto lo supieron utilizar muy bien espacios como Juntos por el Cambio, que prácticamente repitió el resultado de la elección general de 2019 y el Frente de Izquierda que unido logró reposicionarse a nivel nacional no perdiendo bancas e incluso con posibilidades de incrementar diputados. En esto hay bastante para repensar dentro del Frente de Todos y comprender la heterogeneidad del voto y la necesidad de demostrar mayor horizontalidad.

 

Otro aspecto que no debe soslayarse es la situación de pandemia y el hartazgo social que ella produjo. Si bien no es un problema autogenerado ni heredado, el desgaste caló en la sociedad de manera extrema y más allá de la exitosa estrategia que evitó el colapso sanitario y permitió exitosa campaña de vacunación, su peso repercutió de manera negativa en el oficialismo tal cual sucedió en gran parte del mundo. Además, si a esto se le agrega el traspié de las vacunas aplicadas por el exministro de Salud Ginés González García y la inoportuna reunión por el cumpleaños de la primera dama -con foto incluida-, la ecuación despeja la equis en un solo paso.

 

A esto debe sumarse la erosión de la figura presidencial que se dio durante el 2020 cuando Alberto Fernández era prácticamente el único interlocutor de la Casa Rosada al momento de dar comunicaciones respecto al estado de situación del ASPO (Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio), en este sentido la comunicación oficial tendrá mucho para repensar.

 

En cuanto a lo económico, está claro que el contexto no permitió el desembarco pleno del plan de recuperación económica con inclusión social que se proyectaba en la campaña de 2019; pero también el problema pasó por posibles tomas de decisiones equivocadas y una mala lectura de la realidad social de la argentina del siglo XXI.

 

Por un lado, es cierto que la situación del frente externo debido a la deuda contraída con el FMI durante el macrismo es mucho más que algo complejo; pero quizás salir a buscar un acuerdo de manera incesante no era tan urgente, pues reducir el déficit del 6% al 0,5% como señal para el fondo no es otra cosa que un ajuste algo edulcorado pero que se sintió principalmente en la pérdida del poder adquisitivo frente a los alimentos de la canasta básica.

 

Probablemente no era el momento de iniciar una gesta como la realizada por Néstor Kirchner en 2005, cuando la economía sentía los impulsos de la recuperación y no existía un schock internacional debido a un fenómeno extraeconómico como una pandemia.

 

Además, debe ser momento de replantear desde el oficialismo el desarrollo de políticas públicas de redistribución que permitan una mejor participación en la economía de la clase trabajadora argentina que ya no tiene la composición de hace varias décadas. Hoy la PEA o población económicamente activa, aquella en condiciones de generar ingresos para sus hogares, está integrada por más de un 40% de trabajadores y trabajadoras que se desempeñan en la informalidad o de forma autónoma (monotributistas) y que no se sienten alcanzados por medidas distributivas como la celebración de acuerdos paritarios o reducción de impuesto a las ganancias de salarios. Hoy esa masa la cual en muchos casos forma parte de la clase media, no se siente contemplada por las medidas que intentan equilibrar la puja entre capital y trabajo, esto evidentemente debe ser otra razón para entender parte del resultado del domingo.

 

Ante un improbable escenario de triunfo de cara a noviembre, el Frente de Todos tiene por delante la compleja misión de recuperar la mayor parte posible de los votos fugados a otras fuerzas para evitar la merma en el congreso y asegurar una gobernabilidad que le permita el desarrollo de un plan integral de recuperación económica que incluya a la heterogénea clase trabajadora argentina que no logra recuperar los casilleros perdidos luego de la retracción sufrida durante el periodo 2015-2019.