23|11|2021

Por Lorena Turriaga (*)


A través de la fuerza de las ideas y la táctica política, Cristina Fernández volvió a imponer su mirada estratégica para acercar respuestas a las mayorías populares que le dieron la espalda al Gobierno en las urnas.

 

Una vez más, Cristina. Una de las dirigentes más brillantes que nos brindó la democracia moderna. Argentina, peronista y luchadora incansable por los derechos y el bienestar del pueblo humilde. Fue la primera presidenta electa en nuestro país e impulsó nuevos derechos para minorías y sectores oprimidos. Rompió las estructuras de poder patriarcales de la política moderna y es el símbolo más tangible del empoderamiento femenino. Pero ser mujer y desafiar al poder tiene sus consecuencias. Incluso antes de asumir su primera presidencia, había quienes osaban hablar de doble comando, subestimando su capacidad de gestión y conducción. Sus detractores la hostigan con acusaciones chabacanas, soeces, ajenas a todo respeto a la institucionalidad. En muchos casos, se trata de ataques brutales disfrazados de críticas políticas e ideológicas.

 

Pero Cristina tiene una virtud que no alcanza a la totalidad de la dirigencia argentina: sabe interpretar las demandas de los sectores más humildes. Esa sensibilidad y esa lectura política la llevaron a encarar una nueva batalla para torcer el destino gubernamental. Y volvió a ganar.

 

¿El escenario? Un Gobierno golpeado por un resultado electoral adverso en medio de una situación atípica que pegó fuerte en todas las capas de la sociedad pero que dejó a millones colgando del sistema. Crisis política, concierto de voces, versiones, rumores. Hasta que ella saca una carta y, con total transparencia, abre la discusión política de cara a la sociedad. Y ya no hubo más discusión. Con un manuscrito, Cristina Fernández cerró el debate y sentó las bases para el relanzamiento del Gobierno a través de la conformación de un renovado Gabinete. Ella, mujer, conductora del peronismo, construye sentido en la batalla cultural contra el machismo a través de cada movimiento político.

 

“No se tolera a una mujer con formas de mujer, que se peine como mujer, que se pinte como mujer, que se ponga tacos aguja o que use pantalones ajustados, que además se atreva, después de todo eso, a tomar decisiones, a dar órdenes y a ejercer el poder”, manifestó CFK. Pero la dirigencia del movimiento nacional y popular debió aprender a tolerarlo. ¿Por qué? Porque, con personalidad y templanza, Cristina demostró capacidad de conducción y dio sobradas muestras de liderazgo. A eso se suma que, en el corazón de las mayorías humildes, anida la certeza y la esperanza de que Cristina siempre va a pelear por quienes menos tienen. Por eso la votan, por eso la quieren. Y, por todo eso, Cristina responde con una jugada política que derivó en un volantazo para que el pueblo humilde tenga un alivio en su día a día, salvaguardando la unidad del Frente de Todos y pensando en un peronismo al servicio de las demandas de la ciudadanía.

 

El tiempo dirá si esa jugada sirvió para enderezar el rumbo de la gestión y consolidar un modelo de desarrollo y crecimiento productivo. Pero lo claro es que hay una mujer que rompió todos los techos de cristal en el movimiento nacional y popular, que sigue ocupando la centralidad del tablero político nacional y que está dispuesta a dar todas las peleas necesarias para sostener su contrato social con el electorado.

 

(*) Licenciada. Titular de la Secretaría de Medios y Comunicaciones de la Universidad Nacional de La Matanza.