26|11|2021

La vicepresidenta ostenta cierto poder para imponer los tiempos de discusión en la coalición gobernante. Tras la interna en el FdT, ¿quién ganó y quién perdió?

Las aguas de la crisis oficialista parecen estar bajando. Juan Manzur ya encabezó en su primera conferencia como jefe de Gabinete y, de a poco, los cuestionamientos reflejos que se levantaron cuando se anunció su llegada empiezan a aparecer en el espejo retrovisor. La mayoría de los análisis políticos coincide en dar por ganadora a Cristina Fernández de Kirchner en la puja interna. Hay algo que es evidente: la vicepresidenta ostenta cierto poder para imponer los tiempos de discusión en la coalición gobernante. Entre tirones, los cambios llegaron a partir del ultimátum de las renuncias ministeriales. Pero, más allá de los plazos, ¿qué elementos hay para sostener que el kirchnerismo ganó posiciones en el gobierno en desmedro del Presidente?

 

La afirmación tendría mayor consistencia si Cristina hubiera ubicado funcionarios de su confianza en las principales carteras renovadas (por ejemplo, Jefatura de Gabinete,  Ministerio de Seguridad o Ministerio de Agricultura). Un primer síntoma es evidente: su famosa carta precisaba una serie de críticas al desempeño económico del gobierno, pero tanto Martín Guzmán como Matías Kulfas, centrales en el esquema, seguirán en sus puestos por el momento. Es cierto, seguramente gastarán más de cara al 14 de noviembre, pero su permanencia significa la continuidad de funcionarios que cuentan con la confianza del presidente. No hay triunfo kirchnerista allí.

 

Por el contrario, parece más adecuado hablar de una vuelta a terreno conocido para afrontar la tormenta. Desde su formación, el centro de gravedad del Frente de Todos estuvo ubicado en el célebre AMBA, gestionado principalmente por la superestructura porteña del PJ. El peronismo de las provincias, por su parte, se consolidó como una serie de partidos provinciales con una historia y una identidad más o menos compartida, pero con la capacidad de negociar lo suyo y cuidar el pago chico -en el fondo, fue por esto que el propio Manzur se enfrentó con Fernández de Kirchner durante el gobierno de Mauricio Macri-.

 

Además, fueron siete gobernadores, la mayoría localizados en provincias del noroeste, quienes obtuvieron resultados que el gobierno nacional puede contabilizar como triunfos propios. Es por ello que los dos nombres que sonaron para la Jefatura de Gabinete fueron los del gobernador tucumano y el de Sergio Uñac, gobernador de San Juan. Y también fue por eso que la escenificación del acercamiento entre Alberto Fernández y los gobernadores se hizo en la provincia de La Rioja, donde Ricardo Quintela también pudo imponer a los suyos en las urnas.

 

El experimento de una coalición peronista, al ser sometido a una crisis interna que amagó a contagiarse hacia las instituciones de gobierno, busca la salida en la territorialidad y la experiencia en gestión. El punto de equilibrio entre las partes que componen el frente es el giro al pragmatismo, más allá de las identificaciones y las lealtades preexistentes. Ahora está por verse cuánto sumará el nuevo esquema el 14 de noviembre pero, principalmente, cuánto se mantendrá, profundizará o cambiará durante los dos largos años que quedan por delante.