01|8|2022

La inflación hace daño en enero y augura un 2022 conflictivo

25 de enero de 2022

25 de enero de 2022

El IPC apunta a entre 3,5 y 4%, y la anual, a un piso del 55%. Poco para ganar con el FMI, pero mucho para perder sin él. Anclas que no son. ¿Ajuste inevitable?

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de noviembre último había tranquilizado al Gobierno, al ubicarse un punto porcentual por debajo del correspondiente al mes mes anterior y finalizar en 2,5%. Sin embargo, eso fue solo un espejismo y las proyecciones para enero y lo que viene marcan un sendero preocupante que las autoridades deberán atender con o sin acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Eso sí, con una mano atada detrás de la espalda.

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El año comenzó caliente en materia de precios y lo que viene presagia más turbulencias, motivado por una escalada de los tipos de cambio paralelos, una presión fuerte para que el oficial vaya lo menos a la zaga posible de estos y de la inflación, previsibles movimientos en las tarifas de servicios públicos y una emisión de pesos que no cesa. Varias consultoras privadas ubican el IPC de este mes entre el 3,5 y el 4%, continuidad del 3,8% de diciembre, lo que confirma que ese fenómeno encontró en el 50,9% de 2021 un nuevo piso.

 

"Para este mes proyectamos entre 3,5 y 3,8%. Eso, sumado a que la inflación núcleo se viene mostrando estable en torno al 4%, hace pensar que el índice ha subido un pequeño escalón más", le dijo a Letra P el director de la consultora Analytica, Ricardo Delgado.

 

"La inflación va a ser uno de los grandes problemas del año y proyectamos un piso del 55%… si es que hay un acuerdo con el Fondo", añadió. ¿Y si este no se concretara? "En ese caso se abriría un escenario nuevo y pretender precisarlo sería pensamiento mágico. Cualquier modelo económico puede resultar insuficiente para captar la verdadera dinámica de una crisis. Se puede hablar de una trayectoria (N. del R.: en este caso, al alza), pero no predecir un número en base a un modelo", precisó.

 

Los analistas consultados en la edición de diciembre del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) –la encuesta mensual que realiza el Banco Central– previeron para este mes un IPC del 4,1% y niveles similares al menos hasta mitad de año. En tanto, los que se han probado más precisos en esa variable calcularon un 4% e índices similares por lo menos hasta abril. Para estos, después de dicho mes la reducción esperada tampoco resulta demasiado significativa.

 

Tal como señaló Ricardo Delgado, prende luces anaranjadas la trayectoria reciente de la inflación núcleo, esto es la que excluye los precios de bienes y servicios influidos movimientos estacionales, los regulados por el Estado o los que tienen un alto componente impositivo. En efecto, la misma viene oscilando en niveles elevados de entre el 3,7 y el 4%.

 

 

A la espera de un avance decisivo con el FMI y, de la mano de eso, del prometido y hasta ahora incumplido envío al Congreso de las metas plurianuales en indicadores clave –tipo de cambio, déficit fiscal, niveles de emisión monetaria, tarifas, subsidios–, no queda claro de qué manera el Gobierno pretende poner en caja un problema que erosiona gravemente el consumo popular. En efecto, no hay carrera nominal que permita a los ingresos equiparar de modo sostenible una inflación de este tipo.

 

No sorprende así, a modo de ejemplo, que la jubilación mínima haya zafado el año pasado en términos reales gracias al otorgamiento de bonos extraordinarios, mientras que el total del gasto previsional se haya deteriorado nuevamente. Si bien la fórmula de actualización del gobierno macrista habría sido más gravosa para la clase pasiva –70% inflación y 30% variación de los salarios en blanco– que la de Alberto Fernández y Martín Guzmán –50-50 entre IPC y recaudación–, una y otra están diseñadas desde el vamos para reflejar la inflación pasada. Así, mientras la misma vaya hacia arriba, esas remuneraciones no dejarán de perder terreno.

 

Como se dijo: se desconoce qué pretende hacer el Gobierno ante un fenómeno corrosivo tanto desde lo económico como desde lo político-electoral, más allá de que el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, se encuentre preparando una nueva batería de controles de los precios de alimentos especialmente sensibles, herramienta probadamente poco o nada eficaz.

 

En el caso de un acuerdo con el Fondo, cabe aguardar que el organismo imponga una política cambiaria que impida que el atraso del dólar oficial del año pasado persista en el actual, al menos en el mismo plano. Así, si en 2021 la cotización se actualizó solo 23% frente a una inflación de 50,9%, este año habría que esperar, si no una compensación de aquella pérdida, que el billete verde no corra de tan atrás. En las proyecciones de Analytica, eso equivale a una adecuación entre 45 y 50% a lo largo del año, anticipó Delgado.

 

El problema, continuó, es que, con acuerdo, ni el dólar oficial ni las tarifas podrían seguir siendo las anclas antiinflacionarias que, aunque de modo bastante limitado, funcionaron el año pasado. "Al Fondo lo que le importa es el déficit fiscal, el nivel de reservas y la emisión monetaria", explicó el presidente de Analytica. Para él, la posibilidad de que la interna del Frente de Todos haga que las tarifas sigan pisadas llevaría a que el desequilibrio presupuestario sumara 3 o 4 puntos porcentuales del PBI frente al 2,5% del año pasado, algo muy difícil de sostener.

 

Eso ocurriría con un acuerdo. ¿Qué pasaría, en tanto, si no lo hubiera? Según Delgado, "el ajuste va a ocurrir, por decisión política o por vía inflacionaria".

 

"No hay que olvidar que Argentina no tiene financiamiento ni reservas suficientes. Y, aunque no guste, la ley de gravedad existe", concluyó.