02|5|2022

“Chile vive hoy un momento de politización feminista”

ENTREVISTAS

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28 de enero de 2022

28 de enero de 2022

La futura ministra de Mujer y Equidad de Género del gobierno de Gabriel Boric, mano a mano con Letra P. Agenda urgente, construcción política y oposición.

Cofundadora de Convergencia Social –uno de los partidos que integraron la coalición Frente Amplio que le dio el triunfo a Gabriel Boric en las últimas elecciones chilenas–, Antonia Orellana será la ministra de la Mujer y Equidad de Género del gobierno que asumirá el 11 de marzo. “Toti”, como le dicen en confianza, nació en Macul, Santiago de Chile, en 1989, es hincha activa del club Colo Colo, periodista y militante feminista y será la integrante más joven de un Gabinete con mayoría de mujeres.   

 

Orellana, que participó de las movilizaciones de estudiantes secundarios en 2006 “contra la educación de mercado”, describe su trayectoria política: “Fue un proceso muy duro porque perdimos radicalmente. Desde ahí milité muy alejada de la institucionalidad, siempre en militancia de base social, en educación popular, pero no buscando objetivos más institucionales”. Pero su mirada sobre la construcción política se dio vuelta cuando tuvo que pasar por la experiencia de un aborto clandestino: “Fui amenazada por el personal de salud con denuncia cuando reclamé por el maltrato y ahí tomé conciencia de la consecuencia práctica y material, de cómo se construye la institucionalidad, y eso marcó un giro político en mí”. Y admite que la discusión sobre el aborto por causales que se dio en el Congreso chileno en 2017 por iniciativa de la entonces presidenta Michelle Bachelet también fue fundamental para el cambio de mirada. “No lo decimos mucho, porque no fue una ley de consenso, pero ese debate mostró un nivel de conservadurismo y violencia tal en la discusión pública que fue una puerta a la politización feminista. Ese proceso que viví a nivel personal, de entender las consecuencias íntimas de lo que implica un Estado punitivo respecto del aborto, lo vivieron muchas mujeres al escuchar una discusión política en el Congreso que era francamente ofensiva”, expresa en entrevista exclusiva con Letra P.

 

Sin experiencia en gestión y con una sola candidatura en su haber –fue postulante a constituyente y no salió electa–, Orellana formó parte activa del comando de campaña que superó en el ballotage al ultraderechista Juan Antonio Kast y, desde el arribo a La Moneda, integrará la mesa chica del Gobierno, el Comité Político, un espacio en el que, hasta ahora, jamás había entrado la cartera de la Mujer.

 

-¿Qué significa que el Ministerio forme parte del Comité Político de La Moneda?

 

-El comité político no es una figura que exista legalmente, es más bien un espacio de facto, que existe desde el año 1990, en donde se delinea la estrategia política del gobierno; tradicionalmente se reúne los lunes y eso da inicio a la semana política en cuanto a la acción del gobierno.

 

Antonia Orellana, en el anuncio del Gabinete de Gabriel Boric. (FOTOS: @fotografoencampana)

-¿Quiénes lo integran?

 

-El Presidente, su jefe de Gabinete y los tres ministerios que son como los brazos de la Presidencia: la Secretaría General de gobierno, que es la vocería, que a partir del 11 será Camila Vallejo y por Giorgio Jackson, que será el secretario General de la Presidencia –el encargado de la relación con el Congreso- y, tradicionalmente, también lo conforma el Ministerio de Hacienda. Durante el gobierno de Sebastián Piñera había ingresado el Ministerio de Desarrollo Social, que es el que se ocupa de los servicios sociales, las transferencias directas y previsión. Ahora sale Desarrollo Social y entra el Ministerio de la Mujer.

 

-¿Por qué?

 

-Fue una propuesta de Vallejo una vez conseguido el triunfo, que obedece a esta idea de transversalizar las políticas de género en el gobierno. Los planes de transversalización existen desde hace muchos años en Chile, desde los 90 ha habido muchos intentos, mucha iniciativa. El plan es ahora darle mayor peso político a esa intención y a ese mandato.

 

-¿Cuáles son las cuestiones más urgentes que deberá abordar?

 

-Lo primero será el empobrecimiento ocasionado por la crisis económica en la pandemia. Tenemos un retroceso de una década en la inserción laboral femenina en Chile, que ya era una de las más bajas de Latinoamérica. Es una década perdida y hay que recuperarla. Es una década de empleos perdidos, pero no son empleos que se pierden porque cierra una empresa, son personas que salieron del mercado laboral formal porque se dedicaron, sobre todo, a cuidar, y lo que la evidencia indica es que esos trabajos son los más difíciles de recuperar, porque salir del circuito de cuidado doméstico para volver al empleo formal es algo muy difícil, incluso fuera de contexto de crisis. En segundo lugar, tenemos una demanda pendiente relacionada con la violencia. Chile aún no cuenta con un instrumento integral para la violencia contra las mujeres; tampoco cuenta con indicadores respecto de la violencia contra diversidades y disidencias.

 

-¿Qué lugar ocupa el aborto?

 

-Tenemos pendiente una discusión táctica relacionada con el proceso constituyente. Creemos más conveniente esperar el nuevo texto. Depende mucho de cómo resulte la Comisión de Derechos Fundamentales, que sesionó ayer (miércoles), con la iniciativa popular que busca sancionarse, que es la que ingresó la Asamblea Permanente por el Aborto y que obtuvo los 15.o00 patrocinios ciudadanos para poder ser discutida. También, cómo sale de la Comisión de Armonización, que es la que va a juntar todas las reglas, y, luego, cómo sale el plebiscito. Nosotras esperamos que la nueva Constitución permita un marco de ejercicio efectivo de los derechos sexuales y reproductivos.

 

Orellana, en videollamada con la periodista Ingrid Beck.

-¿Dice que conviene esperar al plebiscito, que quizá apruebe el nuevo texto constitucional, antes que discutirlo ahora en el Congreso?

 

-Son diferentes vías. Ocurre es que si en marzo quisiera empezar a hacer el trabajo legislativo para una ley de aborto, sería muy restringida y tendría muy pocas oportunidades de ser votada porque los marcos constitucionales vigentes que le asignan protección del nasciturus por encima de la vida de la madre hacen que el texto posible dentro de ese marco tenga menos impacto que el que podríamos tener con un eventual nueva Constitución.

 

Feministas gobernando

-Una de las críticas de las organizaciones sociales en relación con las feministas en la función pública es que el feminismo institucionalizado se aleja de lo que pasa en los territorios. ¿Cómo se ve en este sentido?

 

-La discusión entre autonomía e institucionalidad en Chile siempre ha sido bien aguda. Comenzó a darse durante la lucha por el fin de la dictadura y han corrido ríos de tinta. También marcó en buena medida los años 90. La tesis política a partir de la cual nos metimos a disputar en el Frente Amplio es que hoy Chile vive un momento de politización feminista que también es global. Y en el que la politización no implica tanto militancias o activismos como estaban pensados en el sentido antiguo sino el feminismo más bien como una ventana de reflexión desde la cual se mira al mundo y se toma conciencia de las desigualdades y por lo tanto se politiza. Ese proceso es más o menos orgánico dependiendo también de las oportunidades de organización. En Chile es sumamente inorgánico. Hay organizaciones bien grandes que activan y que inciden, pero la mayoría no se considera una militante feminista, aunque sí considera que el feminismo ha impactado y mejorado sus vidas. En ese marco de politización feminista creemos que se empieza a superar un poco la disputa entre autonomía e institucionalidad, precisamente porque estamos en un momento en que se disputa el carácter de la institucionalidad, un momento constituyente en Chile. Y, por lo tanto, requiere un acuerdo de todos quienes están por el cambio respecto de cuál va a ser el carácter de la nueva institucionalidad. Eso marcó en buena medida la movilización que hubo para poder ganar en segunda vuelta. 

 

-Varias futuras ministras fueron al acto de anuncio del Gabinete con sus hijos e hijas. De hecho, usted fue con su hijo de 3 años y un periodista le preguntó cómo iba a hacer ahora que debía asumir un cargo. Usted contestó: “Le voy a responder con el compromiso de que le pregunte lo mismo a todos los ministros hombres”. ¿Tiene que ver con la agenda de cuidados?

 

-A la futura ministra del Interior, Izkia Sitges, hace unos días la alcaldesa Evelyn Mattei, una figura importante en la derecha chilena, dijo “yo creo que no va a ser ministra del Interior porque tiene un hijo muy chico”. Ver a las ministras asumir con sus hijos en brazos es mostrar que no es un impedimento y precisamente lo que buscamos no es desaparecer la esfera del cuidado de la discusión pública, sino que se amplíe. Detrás de eso está mi respuesta “también pregúntale a los varones cómo lo hacen”, porque todos tienen responsabilidad de cuidado, hay quienes la pueden delegar.

 

-¿Cómo piensa que van a resultar las políticas progresistas con una oposición tan dura como la de Kast?

 

-Hay un dato que no es menor y es que, una vez hecho el análisis electoral, se ve que las mesas donde creció Kast son las mismas donde ganó Piñera. Hubo todo un relato de que el progresivo se había alejado del sentir popular y que por eso había avanzado Kast, pero la verdad es que fueron las mismas mesas. La ampliación del padrón votante fue lo que nos dio el triunfo. Esta oposición es la misma que tuvo la presidenta Bachelet, sólo que más radicalizada, pero tiene la misma fuerza electoral.

 

-¿Que le preocupa que sea más radicalizada?

 

-Sí, además está más nucleada. Tienen evidentes núcleos orgánicos y también centros de estudios, de líderes y también cuentan con financiamiento. Sabemos que hay grupos antiderechos a nivel internacional que están interesados en lo que pasa en Chile y financian iniciativas, pero creo que también el trabajo de campaña dio luces sobre cómo les podemos torcer en el juego, cómo podemos combatir la campaña de fake en redes sociales, cómo podemos llegar a las personas que se supone son más proclives a esos discursos y por lo tanto vuelvo a la idea de esta mayoría social, que se expresó en las urnas y que tiene que expresarse también a nivel de apoyo, no al gobierno sino a los cambios. Si eso no se expresa va a ser difícil sostener el proceso frente a una oposición de ese tipo.