15|8|2022

El pacto con el FMI inicia una pulseada nueva con el mercado

31 de enero de 2022

31 de enero de 2022

El Gobierno refuerza su apuesta al gradualismo, pero ¿alcanza eso para formatear las expectativas? Temas pendientes y camino por recorrer. La variable política.

Como todos los objetivos que se demoran, la refinanciación de la deuda de 44.500 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI) concentró tensiones y expectativas acaso desmesuradas en los últimos dos años. Hay que distinguir, con todo, la distancia que media entre las implicancias desestabilizadoras que habría tenido no alcanzarla –que son muy claras– y los efectos benéficos de haberlo hecho –más discutibles–. Como sea, el impacto sobre las expectativas y las acciones de los agentes económicos y financieros pasa a ser, consumado el principio de acuerdo, un tema crucial. Así las cosas, ¿qué cabe esperar?

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Varios aspectos del entendimiento jugarán a favor de una mejora de las mencionadas expectativas.

 

Primero y más obvio, se despeja de pagos un horizonte de dos años y medio y, con eso, el peligro de un default con el FMI o, lo que es lo mismo, la comunidad internacional en pleno, algo que habría trabado otras formas de financiamiento público y privado.

 

Segundo, el reembolso que el organismo realizará de los pagos realizados a cuenta del Stand-by firmado y malogrado por Mauricio Macri contribuirá a reforzar reservas internacionales exhaustas por unos 4.500 a 5.000 millones de dólares.

 

En tercer lugar, lo que para los argentinos y las argentinas de a pie significa una virtual intervención de la política económica, esto es las revisiones trimestrales, para el mercado es un reaseguro de buena conducta oficial. Así, cada visto bueno del FMI –que gatillará los mencionados reembolsos– les daría a los agentes económicos la certeza de que las cosas marchan de acuerdo con lo establecido en la hoja de ruta que terminaría de firmarse en marzo.

 

De la mano de lo anterior, se verificaría ante los ojos de quienes tienen la capacidad de revolver o no el avispero económico y financiero que el sendero de reducción del déficit fiscal y de financiamiento del Banco Central al Tesoro se mantienen. Argentina encararía, en tal caso, el demorado camino hacia una mejoría de sus números macro.

 

Lo anterior no agota el análisis y lo que queda por examinar se imbrica con todo lo que puede meterle ruido al mediano plazo.

 

Otra vez a contramano del sentido común, la nueva apuesta al gradualismo en materia fiscal y monetaria no es del agrado de la mayoría de los analistas que expresan el sentimiento de esa nebulosa cósmica llamada "mercado". No importa que las estrategias de shock hayan fracasado una y mil veces en el pasado, que provoquen un dolor social inefable y que, por esta última razón, amenacen todo el proyecto estabilizador, al punto que no solo el peronismo sino también el centroderecha macrista haya optado por evitarlo. Al mercado –que, a su vez, solo registra los fracasos del gradualismo– le gustan las soluciones tajantes, hechas de recortes reales del gasto. Justo lo que no habrá y exacerbará la severidad de la mirada de los agentes económicos, que ya hablan de un acuerdo light y que serán muy sensibles a lo que surja de las revisiones del FMI.

 

En el Gobierno están convencidos de que el silencio de Cristina Kirchner es el mejor aporte que esta puede hacer al acuerdo, dada la evidencia de que el mismo no es de su agrado. Cuánto durará su mutismo, cuántos decibeles alcanzará su eventual reacción y qué nivel de distancia entre cristinismo y albertismo se instalará en el Frente de Todos son las dudas del momento.

 

Si el entendimiento con el Fondo es, acaso, la decisión más importarte tomada hasta el momento por Alberto Fernández, queda claro que a partir de la misma el gobierno será cada vez más de este último, por lo que el peligro de un cierto desacople del ala más fuerte de la alianza gobernante no es descartado por los observadores del mercado.

 

Más allá de la política, persisten dudas a nivel técnico.

 

De acuerdo con la consultora Ecolatina, "en el plano fiscal, la apuesta consiste en que gran parte de la consolidación se haga por la vía del crecimiento: un gasto que no crece en términos reales implica, siempre que la actividad crezca, una reducción de este en términos del PBI. Sin embargo, resta ver la forma en la cual esto se puede lograr: por caso, si los gastos ajustables por movilidad (jubilatoria) crecen en términos reales –lo que puede ocurrir si la nominalidad se proyecta a la baja, dado que las jubilaciones, pensiones y asignaciones ajustan por la inflación pasada–, el resto del gasto –subsidios, bienes y servicios, gasto de capital– debería crecer por debajo".

 

En ese sentido, resta mucho por conocerse cómo hará el Gobierno para reducir una inflación que ya se ha instalado claramente –y aun cuando priman numerosos controles cambiarios, tarifarios y de precios– en un nivel de alrededor del 50%.

 

Otra vez de acuerdo con Ecolatina, "será también necesario poner un foco especial en la estrategia financiera: en 2021 un déficit primario de 3% del PNI cerró con casi 4 puntos de emisión monetaria, y en 2022 el programa deberá cerrar con un déficit apenas levemente menor –2,5% del PIB– pero con 3 puntos menos de emisión". Se trata, en efecto, de una incertidumbre importante.  

 

"Si bien el Ministro de Economía afirmó que otros organismos podrían aportar casi 1 punto porcentual del producto, la meta no solo luce difícil sino que tan solo explica menos de la mitad del gap resultante. Mayores precisiones serán necesarias en este aspecto para que la meta de reducción del financiamiento monetario del déficit sea creíble y efectivamente pueda anclar expectativas inflacionarias y devaluatorias", agregó.  

 

En lo que hace a otro aspecto crucial para calmar de una vez al mercado cambiario y su mamushka de cotizaciones, "la principal duda recae sobre la dinámica de acumulación de reservas: la meta de 2022 –5.000 millones de dólares– podría cumplirse con el desembolso neto del FMI, pero habrá que analizar de qué forma se proyecta sustentar esta trayectoria en los años subsiguientes", señala la consultora.

 

¿Comenzará a bajar por fin la inflación? ¿Conspiraría eso contra una estabilización del gasto previsional? Más allá de los esperados ajustes –segmentados– de tarifas, ¿qué ítems de gasto compensarían un eventual crecimiento del anterior, dada la fórmula de movilidad vigente? ¿Qué ocurrirá en la práctica con el desequilibrio presupuestario, la emisión de pesos y la necesaria acumulación de reservas?

 

Los años de los pagos fuertes –2025 con los acreedores privados y 2026 con el propio FMI– no están tan lejos. Dinero para afrontarlos en su totalidad, puede descontarse, no habrá y la necesidad de refinanciarlos a través de colocaciones en el mercado requerirá una reducción drástica del riesgo país y, para ello, de una gran cantidad de respuestas positivas del mercado a las planteadas más arriba.

 

La pregunta persiste: ¿alcanzará con lo que está por firmarse para dar vuelta como una media las expectativas de los agentes económicos o será simplemente el preludio de otra ronda de la eterna puja que desequilibra a la Argentina?

 

El reloj comienza a correr otra vez.