06|12|2022

Lula cerró la campaña cebado por una hinchada que sueña con una goleada histórica

01 de octubre de 2022

01 de octubre de 2022

Crónica desde el corazón de la caravana petista, una marea roja apretada y eufórica. El líder, a los saltos pero sin discursos. "Primer turno", el mantra.

SAN PABLO (Enviado especial) Después de casi diez años de prohibición, este sábado, Filipe y Walter llevarán banderas de palo al estadio del Corinthians con la cara del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. Una de ellas flamea sobre la Avenida Paulista con el ancla del Timão y el rostro barbudo del líder del Partido de los Trabajadores (PT) de la década de los 80, cuando comandaba las luchas contra la dictadura cívico militar. “Nuestra torcida es trabajadora y popular, como él”, le cuenta a Letra P uno de ellos, que tiene tatuado en el brazo derecho una cara compuesta por el costado izquierdo del Che Guevara y el derecho de Diego Armando Maradona.

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Cerca del mediodía, en pleno corazón de esta ciudad, deja de llover después de una semana y a los minutos aparece una camioneta sin techo: en ella viaja Lula junto a su compañero de fórmula, Geraldo Alckmin. Sale el sol y la humedad se dispara. La caravana de la esperanza, como se denomina este tipo de actos, toma la calle Augusta y una marea de gente la sigue. La militancia no camina, es empujada por la ola que obliga a levantar los pies del asfalto y a dejarse llevar. Un hombre canoso y una remera con la misma cara de la bandera pide cuidado. “Hay niños”, advierte. Un cordón de seguridad compuesto por jóvenes voluntariosos pero inexpertos trata de mantener las distancias. No se puede. La gente empuja, baila, salta, canta, grita. Una mujer llora. “Lula, Lula”, dice con un tono suave. No lo grita, lo dice para ella misma. “Lula, Lula”, repite. Aprieta una bandera con sus dos manos sobre el pecho. Llora.

 

En el cierre de campaña del PT en San Pablo, estado donde nació el partido hace casi 30 años, ningún candidato habla, ninguna candidata habla. En ningún momento Lula toma el micrófono ni eleva la voz. A su gente no le importa. Hace todo lo posible para verlo de cerca, para cruzar una mirada, para tocarlo. Las familias salen a los balcones para saludarlo, para mostrar las banderas rojas, para sacarle una foto. Dos jóvenes discuten y pelean por los empujones a los que el poco espacio obliga para poder mantenerse en pie. “Lula-Lá, Ilumina o Brasil da esperança”: desde un camión que circula más adelante se escucha la canción de la campaña. Los dedos que forman una L se elevan al cielo. Explotan bengalas rojas y caen papeles desde los costados de la vereda. Otra mujer llora y canta: “Sem medo de ser feliz”.

 

 

Sobre la avenida paulista, una pareja juega con su hija con las banderas y stickers que reparte la campaña. Hasta hace unos días, la madre, Júlia, iba a votar por el candidato del Partido Democrático Laborista, Ciro Gomes, pero cambió y lo hará por el PT. “Necesitamos ganar en primer turno”, le explica a Letra P. En algún salón del comando nacional, la campaña de Lula sonríe: la oposición busca ganar este domingo sin ballotage y apela al “voto útil” de otras fuerzas para derrotar al presidente Jair Bolsonaro. En diálogo con este medio, Eduardo Suplicy, histórico dirigente del partido y actual candidato a diputado estadual, anticipa: “Estamos muy contentos porque mañana (por este domingo) ganamos con la diferencia suficiente”. La militancia se abalanza encima. “Guarda, que tiene 80 años”, dice alguien.

 

La caravana avanza. Un joven salta en una pierna varios metros porque perdió una zapatilla entre los saltos y los bailes de la multitud. Lula le pide permiso a uno de sus asistentes y se para sobre una tarima de la camioneta. La gente está exultante. Los gritos callan las canciones del camión. El líder del PT salta y baila. Tiene 76 años y todas las mañanas hace actividad física. Después de los 581 días que estuvo en prisión por una causa que se determinó amañada y parcial por la Justicia, el expresidente se prepara para el partido más importante de su historia. “Tenemos que ganar en primer turno y vencer al fascismo”, le dice Filipe a este portal.

 

Después de seis cuadras y dos horas de caminata, la caravana llega a su fin. Decenas de autos estacionados con sirenas y luces azules forman un tetris que provoca un embudo de gente. Lula ingresa en uno de ellos, vuelve a salir y saluda por última vez. La gente lo rodea. Los agentes de la Policía Federal, vestidos de civil pero con insignias reconocibles, gritan más fuerte que la multitud y empujan con violencia. Hay preocupación por su seguridad. Durante la campaña tres militantes petistas fueron asesinados por personas ligadas al oficialismo y la amenaza de Bolsonaro de no reconocer una derrota potencia el miedo. El auto arranca y la gente corre.

 

Un sector de la militancia sigue y saluda al candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin. Hace unos años, este encuentro era impensado. El tucano, como se lo conoce por su origen político, fue rival de Lula en las elecciones de 2006, pero este año formaron una alianza entre el progresismo del PT y su derecha conservadora para vencer a Bolsonaro.

 

-¿Gana Lula en primer turno?- le pregunta Letra P.

 

-Estamos trabajando- responde el exgobernador de San Pablo.

 

 

El exministro de Lula y actual diputado federal Alexandre Padilha arenga a la movilización que se retira con un megáfono que potencia su voz ya gastada.

 

-¿Lula gana en primer turno?- vuelve a preguntar Letra P.

 

-Estamos preparados para hacer una goleada. Cerrar esta batalla es muy importante para la defensa de la democracia y para comenzar lo más rápido posible la reconstrucción del país- afirma.

 

Las banderas del Corinthians se retiran del centro de San Pablo y enfilan para el Sur de la ciudad, donde el Timão, igual que el PT, buscará una goleada este fin de semana.