12|11|2022

Crónica del duelo Lula-Bolsonaro en la favela más grande de San Pablo

02 de octubre de 2022

02 de octubre de 2022

Este portal recorrió Brasilandia y dialogó con sus habitantes en plena jornada electoral. La polarización en las calles y la expectativa por los resultados.

SAN PABLO (Enviado especial) Cerca de la terminal de trenes de Barra Funda un auto gris circula con una bandera del candidato a presidente del Partido de los Trabajadores, Luiz Inácio Lula da Silva. En la puerta de una escuela de Casa Verde, un barrio periférico de clase media baja de esta ciudad, el guardabarro de una camioneta todo terreno luce la bandera de Brasil, el símbolo del actual mandatario que busca la reelección, Jair Bolsonaro. Un taxi negro viste en la cuneta la foto de campaña de un partido estadual sin representación nacional. El micro pone tercera y escupe. Tose. El motor se fuerza mientras sube el morro de Brasilandia. Letra P entra en una de las favelas más grandes de San Pablo. 

desPertar

Un análisis útil para enfrentar
una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

desPertar

Un análisis útil para enfrentar

una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

 

-¿Los candidatos entran acá?- le pregunta este medio a Derlei, quien hace de guía.

 

-No- responde el hombre, de 53 años, canoso, que vive en este barrio dominado y controlado por el Primer Comando Capital (PCC), uno de los grupos narcos más grandes de Brasil. 

 

Hace unos años, la periferia de San Pablo era uno de los bastiones de Lula de Silva, pero en el último tiempo el líder del PT fue perdiendo terreno como consecuencia de las causas de corrupción en su contra, de su encarcelamiento, del crecimiento de las Iglesias evangelistas y de la aparición de Bolsonaro. "Cuánto más alto el morro, más pobreza y cuanta más pobreza, más iglesias", cuenta Jota de Jesús, quien hace de chofer con unos anteojos de sol estilo militar y una gorra del Palmeiras, el equipo de fútbol del presidente.

 

"Voto a Bolsonaro porque no queremos un dictador en este país. Queremos libre comercio con todo el mundo", le cuenta a Letra P Walter, un joven que luce la camiseta de la selección nacional de fútbol. El discurso del oficialismo repercute en los barrios pobres de Brasil, especialmente en la polarización generada por la corrupción del PT, la inseguridad que afecta a miles de familias y la crisis económica que comenzó en 2014. "Lo voto porque quiero que tenga una oportunidad sin pandemia. Con el covid-19 el país no quebró, ahora nos va a ir mejor", asegura un trabajador de la economía informal.  

 

En la puerta de la escuela de la favela, Guillermo controla la entrada y la salida de las personas. "Aquí la gente vota a Lula porque no tiene conocimiento", asegura y afirma que con Bolsonaro hay más "seguridad y orden". Dos jóvenes en motos pasan tirando cortes y esquivando autos al filo del accidente. "Nadie los controla y hacen lo que quieren. Pasan por acá y nos insultan", agrega el agente de la Policía Federal. "Con Bolsonaro tenemos más autonomía", dice el hombre de pelo corto, bigote negro y brazos anchos. 

 

Hasta 2010, esta favela era la cuarta urbe más grande del estado paulista. Lejos de las escenas de Tropa de Elite o del cine comercial, no hay armas ni violencia ni venta de drogas. Es un barrio pobre urbanizado que los fines de semana realiza sus tradicionales bailes funkies, los domingos al mediodía tiene una feria de verduras y frutas y una más iglesias evangélicas que locales políticos. Una esquina evidencia una ladera del morro y muestra, a lo lejos, los edificios que se elevan hasta el cielo en el centro de San Pablo. Según Derlei, en las calles no hay inseguridad porque hay "códigos". En cambio, en Río de Janeiro -el bastión electoral del presidente- la situación es "más pesada". Brasilandia es controlada por el PCC y nadie le disputa el espacio, pero en tierras cariocas las peleas son cotidianas y la violencia es mayor. "Acá nadie los ve, pero están", reconoce Jota.

 

El sábado a la noche, distintos medios de comunicación vinculados al presidente publicaron que el líder del PCC que está detenido, Marcola, anunció que votaría a Lula porque, con él en el poder, la vida en la cárcel sería "más fácil". "Es una fake news", le explica a este portal una fuente de la campaña petista. Ya es tarde. "A Lula lo votan los bandidos como él, los ladrones como Marcola", le dice Guillermo a Letra P, quien no acepta que la noticia sea mentira porque solo se informa por las redes sociales, donde Bolsonaro lidera una gran campaña que logra superar con comodidad a las difusiones de la oposición. 

 

En una plaza de la favela cuelgan, de vereda a vereda, distintos papeles de colores, mientras la gente toma cerveza y escucha música funk con parlantes. Es domingo y el sábado hubo fiesta. A esta clase de bailes va la juventud pobre de la periferia paulista a mover el cuerpo, a mostrar los autos y las motos y a tomar cerveza. "Dicen que es una fiesta popular, que es cultura, pero son todos criminales", dice Guillermo, que denuncia que los grupos narcotraficantes emprenden estas grandes concentraciones para evitar la presencia de la Policía y actuar sin problemas. "No podemos hacer nada", dice.

 

En una esquina hay un bar donde algunos hombres que ya votaron toman cerveza. Después de una semana, salió el sol y hace calor. Sobre el mostrador, un televisor sintonizado en un canal de noticias muestra la cobertura de la primera vuelta electoral de este domingo, donde el PT pone todo lo que tiene para ganar en primera vuelta y evitar el ballotage

 

-¿Por qué votás a Lula?- le pregunta Letra P a uno de los presentes, un hombre de baja estatura, flaco y barba débil.

 

-No sé cómo explicarlo. Siempre voté al PT y siempre lo haré. No me importa lo que digan- responde. 

 

Después de terminar su cerveza, Jota se dirige hacia la salida y se despide del dueño del local, un cincuentón pelado que tiene las gafas de marco negro sobre la cabeza. 

 

-Chau, mi amigo- le dice mientras forma la L con los dedos pulgar e índice, el símbolo de la campaña del PT. 

 

-Esperá- le responde el dueño y busca algo debajo del mostrador. Cuando vuelve a mostrar las manos, tiene dibujada con los mismos dedos, pero con posición contraria, la pistola del bolsonarismo. Simula dos disparos. Se ríen. Esta noche, cuando se conozcan los resultados, la polarización no será un tema de risa, sino de preocupación.