14|11|2022

En medio de las internas políticas, la ciudadanía demanda liderazgos que generen confianza y credibilidad ante una crisis de representatividad. 

Eventos aislados, puestos cronológicamente de una manera, dejaron en evidencia las diferencias en un camino que aparentaba ser invariable. Ese fue el caso del desayuno del martes pasado, donde las principales figuras del PRO tuvieron que reunirse para apagar una especie de brasa producto del fuego interno.

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Una vez más, la ciudadanía termina haciendo de árbitro natural entre las diferencias políticas porque no es lo mismo visibilizar las ambiciones personales cuando las cosas andan bien, que mostrarlas públicamente cuando andan mal. En esta actividad no da lo mismo el cómo, cuándo y dónde.

 

En una clara percepción, la política y la cosa pública están dando un constante examen hacia la sociedad, el cual viene desaprobando en el último tiempo, y eso está instalado en la crisis de representatividad que muchos aquejan.

 

La política argentina necesita crear soluciones para los problemas que los ciudadanos tienen todos los días, a través de liderazgos que generen confianza, credibilidad y que prediquen con el ejemplo. Hoy más que nunca es momento de garantizarlas.

 

La falta de una receta alternativa al sistema actual va a seguir distorsionando aún más el hartazgo que se percibe, tanto por la sensación de que todos ejercen el poder solo por sus intereses, como por la incapacidad de resolver las necesidades básicas. Aún así, entiendo que una vez pasada la página, no se va a terminar la crisis de representatividad automáticamente.

 

Comprender que en los próximos años los espacios de toma de decisiones van a depender de aquellos que hoy observan desde otros roles implica conectar de manera más creativa con la gente para crear un proyecto común. Estamos en tiempos de fortalecer la unidad frente a una oportunidad de concretar el cambio con el que fue pensado el PRO en sus orígenes.

 

Nuestra generación tiene la tarea de cambiar estas formas de hacer política. Modificamos las reglas o lo que está establecido nos absorbe para así recaer en la práctica cíclica a la que ya nos tiene acostumbrados. Los jóvenes tenemos que ser el futuro en el presente y no el pasado en el presente.

 

Aunque existan chispazos momentáneos, sabemos que se producen bajo un manto de fuertes convicciones compartidas en nuestras bases partidarias. Si vamos a los hechos, se dieron muchas batallas en el último tiempo de manera abroquelada ante un kirchnerismo tóxico que todo este tiempo miró celosamente a la ciudad de Buenos Aires y a los municipios bonaerenses en los que el PRO logró hacerse cada vez más fuerte.

 

Tenemos los medios para lograr que la ciudadanía vuelva a confiar en la política. Sabemos para dónde vamos y lo que queremos para nuestro país. En 2023 es nuestra oportunidad de hacer historia y demostrar los valores que defendemos. Estemos juntos en la diversidad de pensamientos, no amontonados en el disenso.