17|1|2023

Cristina, la Scioli de Alberto Fernández

17 de noviembre de 2022

17 de noviembre de 2022

Con el Presidente sin romper pero sin interpelar a otro electorado, la vice abordó temas antes tabú para el kirchnerismo, como la seguridad. Modo campaña.

El karma de Alberto Fernández es ser un kirchnerista alfonsinista incomprendido por los dos sectores en los que se referencia. El radicalismo lo niega, salvo sectores porteños como el de Leandro Santoro, uno de los pocos leales que nunca llamó para fundar el albertismo; y la militancia de Cristina Fernández de Kirchner la quiere a ella de candidata, como se lo volvió a cantar en La Plata este jueves. Pensando ya en 2023, sin jugar la carta de su lanzamiento formal, la vicepresidenta le habló a ese porcentaje del electorado que en 2019 miró la boleta del Frente de Todos convencido de que con ella no alcanzaba. Era el segmento al que debía convencer su exjefe de Gabinete de que volvían, pero volvían mejores.

desPertar

Un análisis útil para enfrentar
una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

desPertar

Un análisis útil para enfrentar

una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

 

Tres años después de esas generales, Cristina Kirchner tomó las banderas de temas que supieron ser tabú en sus gobiernos, problemas escabrosos con los que se embanderaron quienes la enfrentaron. Con el monitoreo de cámaras, en 2013, Sergio Massa hizo de la seguridad en Tigre una cuestión de Estado y electoral, mientras el oficialismo minimiza lo que desde entonces es una de las preocupaciones que encabezan los rankings de opinión pública.

 

Un pionero, esta vez sin romper, fue Daniel Scioli, que llevó la inseguridad de caballito de batalla en todas sus variopintas peleas con el kirchnerismo. Como candidato a presidente, el exgobernador ofrecía en 2015 mantener lo bueno y corregir lo malo. Casi que Cristina Kirchner hoy podría prometer lo mismo. 

 

A la inseguridad, la vicepresidenta le sumó el otro "in" que la acosó durante su segundo mandato presidencial, la inflación. De nuevo, un tema escabroso para el kirchnerismo en el poder, con el que la oposición supo hacerse una panzada electoral, como las mediciones del IPC Congreso. Es otra problemática, con el 6,3% que reveló el INDEC esta semana, en el que vuelve a sobrevolar el nombre del ministro de Economía. 

 

Un exasesor del Frente de Todos supo resumir perfectamente el problema de Fernández para buscar su reelección: le habla al mismo público que Cristina, con quien no puede competir en ese segmento. Mientras genera el malestar de Gerardo Morales, un gobernador opositor que le atiende el teléfono, el Presidente va a visitar a Milagro Sala. Arremete, detrás de la vice, contra la Justicia, apelando a su ADN de familia judicial. Se pelea por el cariño de Luiz Inácio Lula da Silva, después de que el presidente electo brasilero posara con un gorro con la leyenda CFK 2023. En Seguridad convoca a Aníbal Fernández y para la AFI llama a Agustín Rossi, ambos, rostros que reflejan más arrugas kirchneristas que las de él. 

 

El Fernández que iba a hablarle al electorado que no escuchaba a la Fernández no rompió con el kirchnerismo, no creó el albertismo, por lo que es difuso a quién interpela. Mirando a 2023, CFK empezó a hablarle a los desencantados. Con un eslogan como "La fuerza de la esperanza", albertista pero de Rodríguez Saá, como contó Letra P, se auguraba que su discurso tendría un tono positivo, con señal de futuro, más allá de candidaturas o no, pero bajo la base de un pasado reciente, del cual el kirchnerismo se jacta. "Podemos volver a ser esa Argentina, porque ya la hicimos", fue el cierre de lo que, a oídos de un extranjero que no conozca el entramado de la insólito política doméstica, sonó como un discurso opositor. Para 2023, la vicepresidenta propone volver a 2015. Con esperanza: faltan el optimismo, el turismo y el deporte de la ola naranja.