27|1|2023

Las empresas apuestan a la alegría mundialista para cerrar el año

18 de noviembre de 2022

18 de noviembre de 2022

Con partidos en horario de fábrica, la caída en la productividad será inevitable, pero no molesta si ayuda a llegar con buen clima a fin de año. 

Juega Argentina y se paraliza el país. Esa máxima se cumple casi a rajatabla en un Mundial de Fútbol y promete ser la postal de Qatar cada vez que la Scaloneta pise el verde césped. Esas dos horas de inactividad tienen costo para la producción, que apagará forzosamente las máquinas por, al menos, 90 minutos. La ecuación que se activa cada vez que hay un paro por reclamos sindicales o conflictos en el abastecimiento, como sucede actualmente con el cepo a las importaciones de insumos, esta vez nadie reclamó que se calcule. ¿Crisis o sensibilidad social?

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“Las agendas se ajustan en torno a los partidos de Argentina en el Mundial”, se sinceró una asesora en comunicación de una consultora que asiste a empresas nacionales y multinacionales.

 

Tanto es así que, si bien los entrenamientos para directivos que encaran relacionamiento con los medios de prensa se mantienen, las despedidas de año, las convenciones y las charlas de capacitación abiertas se concentraron en el calendario con un deadline del 18 de noviembre, el último día hábil antes del certamen mundialista, según confiaron a Letra P distintas consultoras.

 

Mientras que la política debate sobre la conveniencia de un éxito o un fracaso deportivo en Qatar para acelerar sus ambiciones electorales de 2023, el sector empresario configuró el atípico mes de casi fin de año con la intención de tener el menor ritmo de conflictividad posible adentro de las fábricas, pero lo hizo casi en silencio, para evitar crear un antecedente con el parate aceptado en los espacios detrás de los portones.

 

“Se perderán las horas de trabajo en los partidos de la Selección. No hay planes de reordenamiento o de recupero de la producción”. La frase le corresponde al dueño de una empresa textil que opera en el norte grande del país y prefirió mantener el off the record. Es el resumen de las voces consultadas por Letra P, que opacó los tradicionales reproches por la caída de la productividad. El fixture de la primera ronda que involucra a la Argentina recorre casi todos los turnos fabriles: 7 de la mañana del martes 22; sábado 26, a las 4 de la tarde, y la misma hora del miércoles 30.

 

Una popu en la fábrica

Algunas empresas no sólo evitarán tensiones con el personal, sino que buscarán aprovechar el clima festivo que genera la Selección para “profundizar” los lazos con el plantel. Es el caso de la empresa nacional de pinturas Sinteplast, que tiene en Ezeiza su planta principal y que, además de parar las máquinas durante los partidos de Argentina, convertirá al comedor en una suerte de microcine para ver fútbol en alta definición.

 

“Compramos televisores grandes para que todos los operarios que se encuentran en sus turnos de trabajo puedan compartir el partido. Habrá desayunos y meriendas y planificamos sortear remeras y pelotas entre los presentes. Incluso aquellos que tienen que ingresar en el turno de las 8, cuando el partido está en el entretiempo, tienen la opción de llegar a las 9.30, adelantar su ingreso o llegar en horario”, sostuvo el director de operaciones de la firma, Miguel Ángel Rodríguez.

 

Dueño de la empresa familiar que dirige con sus tres hermanos, Rubén, Claudio y Gabriel, Rodríguez es, además, secretario de la Unión Industrial Argentina (UIA), una de las entidades más poderosas y representativas de la actividad productiva del país. En la conferencia industrial que se realizó días atrás, el Círculo Rojo quitó de la agenda la confrontación sindical, le dio la espalda a la propuesta de reforma laboral planteada en ese ámbito por el jefe de Gobierno porteño y líder de Juntos por el Cambio, Horacio Rodríguez Larreta, y llamó a un plan de convivencia entre el sector privado y el público, a través del diálogo social.

 

El planteo de resignar productividad tampoco resistió mucho análisis de conveniencia. La crisis de reservas del Banco Central, que recortó la disponibilidad de divisas para la importación de insumos y bienes de capital que no se producen en el país, generó una parálisis de hecho de la capacidad instalada. “Tengo a la mitad de la fábrica sin hacer nada y ya en noviembre comenzamos a adelantar vacaciones. Dejar de producir para ver los partidos de la Selección será la mejor inversión en estos días”, ironizó el dueño de una empresa santafesina.

 

La premisa que unifica, sin embargo, a la resignación por la pérdida de productividad es la tensión que recorre los galpones de todo el país: la caída del poder adquisitivo de los trabajadores que, a pesar de tener empleo registrado, se encuentran en el borde de la línea de pobreza, a pesar de que el modelo tradicional de industrialización garantizaba los mejores salarios del sector privado.

 

“No vamos a discutir la pérdida de productividad. Si después tenemos que pagar una hora extra, lo haremos. No queremos que los empleados estén más descontentos de lo que están ahora, que se quejan, con razón, de que no les alcanza el salario a fin de mes. Estamos atravesando un momento muy difícil en el país”, confesó la dueña de una pyme que sufrió la crisis del neumático, el paro de nueve días que puso en jaque al sector y a la cadena de producción que integra; una herida que dejó cicatriz.