20|11|2022

Un presidenciable en la comitiva presidencial

20 de noviembre de 2022

20 de noviembre de 2022

Massa se llevó parte del protagonismo en Indonesia. Balance positivo del viaje. Promesa clave para el FdT: menos de 3% de inflación antes de las elecciones. 

Santiago Cafiero y Sergio Massa se miraron entre sí sin entender qué pasaba. Uno a uno, los jefes de Estado habían ingresado al salón Candi Ballroom donde se celebraba la primera sesión plenaria del G20. El canciller, el ministro y el sherpa argentino Jorge Argüello esperaban en el lugar reservado para Argentina. El único que faltaba era Alberto Fernández. Mandaron mensajes a los integrantes de la delegación que había quedado afuera, Gabriela Cerruti, Julio Vitobello y Juan Manuel Olmos. Se enteraron que el Presidente había sufrido una descompensación.

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Por la mañana, el ministro había notado que Fernández no tenía buen semblante, le tocó el brazo y lo notó frío. “¿Te sentís bien?”, le preguntó. En el calor sofocante de Bali, con pocas horas de sueño encima debido al cambio de horario, la cantidad de actividades que arrastraba, y la duración de los vuelos, toda la comitiva estaba agotada. El primer mandatario dijo que estaba bien pero muy cansado, casi no había dormido en toda la noche.

 

“Sentate, Sergio”, le dijo el canciller al ministro de Economía, para que ocupara la silla reservada para la delegación argentina, mientras hablaba por teléfono con Vitobello, que le informó que el Presidente iba a ser trasladado al hospital. Massa trataba de descifrar qué pasaba. Después, resolvieron qué hacer con el discurso que había preparado el Presidente. Fernández había trabajado en profundidad el texto en el avión que lo llevó desde Francia hacia Bali. Por protocolo, el papel de intérprete le tocó a Cafiero, que cambió las frases escritas en primera persona y las adaptó a la mención a Fernández en tercera persona.

 

De urgencia, Massa y Cafiero armaron el tándem que se cargó al hombro el control de daños del problema de salud que sufrió el Presidente, que lo dejó prácticamente afuera de todas las actividades. Tal como estaba previsto, lo acompañaron en las dos reuniones más relevantes que tenía agendadas Fernández en Bali, con Xi Jinping y Kristalina Georgieva, las únicas de las que no se quiso ausentar.

 

El canciller y el ministro fueron los encargados de hablar con los medios enviados y transmitir el balance de la gira. Cafiero, como encargado de las relaciones exteriores y hombre leal al Presidente. Massa, como titular de Economía y una de las patas principales del Frente de Todos (FdT). Ambos mantienen una relación de trabajo fluida, pero el canciller aparece a veces como una suerte de marcador del ministro, encargado de cuidar el territorio del Presidente.

 

Fernández tiene en Massa un aliado y un rival. Los une una relación cercana, una amistad personal que lleva varios años. Comparten la mirada sobre la economía y, en muchos puntos, sobre la política. El Presidente fue jefe de campaña del tigrense en 2015, cuando intentó llegar a la Casa Rosada; conoce a la perfección sus ambiciones; y sabe, como dicen en el albertismo, que en el ministro siempre van a convivir su propensión a desbocarse en la carrera con el aprendizaje y la madurez que ya alcanzó.

 

Cuidadoso y hábil, Massa mantiene frente al mandatario una relación de subordinado, aunque a nadie cerca de Fernández se le escapa que el ministro es un presidenciable y que no deja pasar las oportunidades que tiene para mostrarse. “Sergio es Sergio” es la frase que suelta con facilidad y con cierta gracia cualquier dirigente del FdT. No requiere otra explicación. Todos – el Presidente, sobre todo - saben que el ministro tiene como objetivo la Casa Rosada, ocupa todos los espacios que evalúa como posibles y que sabrá medir los tiempos para anunciar su próxima aventura electoral. Será en 2023 o en 2027, si lo considera más conveniente.

 

Massa se sumó a la delegación oficial junto al vicejefe de Gabinete, Olmos, y la secretaria de Energía, Flavia Royon, el domingo por la mañana en París. Desde allí, todos partieron rumbo a Indonesia. El ministro tenía su propia agenda, se reunió con sus pares del G20, mantuvo un encuentro bilateral con el ministro de Economía de Francia, Bruno Le Maire, y con la viceprimera ministra y ministra de finanzas de los Países Bajos, Sigrid Kaag. A las dos reuniones concurrió acompañado por Olmos - hombre de confianza de Fernández-, y Royon.

 

Cuando llegó a Francia, Massa recién había cumplido sus primeros 100 días al frente del Ministerio, el plazo que había pedido para mostrar resultados: la estabilización de la economía, un sendero decreciente para la inflación y la acumulación de reservas. El ministro cree que cumplió sus objetivos. Consiguió que eso mismo pensaran los principales actores del Frente de Todos (FdT) y actores internacionales de peso.

 

“Hemos concluido exitosamente la segunda revisión en un período breve debido a la disciplina que el ministro Massa y su equipo han demostrado. Coincidimos en nuestra conversación respecto de que en este ambiente global tan difícil es importante continuar con esta disciplina”, dijo Georgieva el miércoles en Bali, a la salida de la reunión que mantuvo con Fernández, Cafiero y el ministro. En Indonesia, Massa celebró la duplicación de las reservas del Banco Central, gracias a la ampliación en 5.000 millones de dólares de la disponibilidad del swap. Además, consiguió que el Fondo empiece a discutir el precio de la guerra, que valúa en otros 5.000 millones.

 

En la interna también tiene respaldo. Fernández está más que conforme con el trabajo de Massa en economía. Pero remarca, cada vez que puede, que el plan económico que aplica el ministro es también el suyo, que el cristinismo resistía cuando ejecutaba Martín Guzmán y ahora celebra. ¿Quién capitalizaría el plan de Massa si resultara exitoso? ¿Empujaría a Fernández a pelear por la reelección o catapultaría al ministro a una candidatura presidencial inevitable? Son preguntas que circulan en la cima del poder.

 

Por su parte, Cristina Fernández de Kirchner directamente reivindicó los esfuerzos de Massa públicamente en el acto de la UOM que encabezó en Pilar. Máximo Kirchner y su tropa también llaman a acompañarlo. ¿Haría la vicepresidenta en 2023 con Massa lo mismo que hizo con Fernández en 2019?

 

Massa no suele decir que Fernández y Cristina lo apoyan, sino que por ahora lo “toleran”. Un funcionario de peso en Casa Rosada dice que, por el respaldo que le dan el Presidente y la vice, el ministro “ordena” la realidad caótica del FdT. El tigrense supo hasta ahora cuidar ese delicado equilibrio, sosteniendo el diálogo con la exmandataria y reportando sus acciones al jefe de Estado.  

 

Los tiempos corren y el ministro lo sabe. Este viernes, la politóloga argentina doctorada en Georgetown María Esperanza Casullo publicó una columna en America’s Quarterly – una revista sostenida por el Council of The Americas- bajo el título “Los 100 días de equilibrista de Massa”, en la que sostuvo que “los hechos más notables” del tiempo que el ministro lleva en el cargo “podrían ser los que no ocurrieron”. “La alta inflación no se convirtió en hiperinflación. Las reservas de divisas argentinas no se agotaron por completo. La crisis política no escaló. El país no incumplió el acuerdo con el FMI firmado en marzo de 2022. El grupo central de kirchneristas no abandonó el gobierno en rebelión. Nada de eso era seguro a fines de julio, cuando Massa reemplazó a Silvina Batakis”.

 

Dada esa realidad, lo que queda es una deuda principal: bajar la inflación. El anuncio del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de octubre no sorprendió a Massa, que esperaba un número similar al de septiembre. El ministro tiene fe ciega en que su plan va a funcionar. Pronostica la baja de un punto cada dos meses y asegura que la inflación de marzo va a estar por debajo de los cuatro puntos. Sea quien sea el candidato - o la candidata-, hizo una promesa vital para el futuro político del peronismo: que el Gobierno llegará a las elecciones con un IPC mensual inferior a los tres puntos. Ver para creer.