30|1|2023

Juez, el ingobernable que quiere gobernar Córdoba

28 de noviembre de 2022

28 de noviembre de 2022

¿Dice efectivamente lo primero que se le ocurre? ¿Hay un equipo de sufrientes que intenta ordenarlo? El arma de doble filo que enciende luces de alerta.

Luis Juez está acostumbrado a ser viral. Este lunes volvió a convertirse en el protagonista de uno de los videos más comentados de las redes sociales y políticas tras afirmar que el argentino es un “pueblo de mierda”. “Le exigimos mucho más a un jugador de fútbol que a nuestros propios dirigentes”, aseguró en LN+ cuando estaba criticando, siempre en duros términos, al presidente Alberto Fernández y comparando la actitud de la ciudadanía ante las políticas nacionales con el fervor que despierta el mundial de Qatar.

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Juez fue intendente de Córdoba, va por su segundo mandato como senador y también fue diputado, embajador, representante del Estado ante Papel Prensa, legislador de la provincia, concejal de la ciudad, director de Vialidad provincial y fiscal anticorrupción. En su trayectoria sinuosa, se puso más camisetas que el Tweety Carrario: militó en el Partido Justicialista, fundó el Partido Nuevo, el Frente Nuevo, el Frente Cívico y Social y sumó fuerzas para el Frente Amplio Progresista, devenido Frente Progresista Cívico y Social, para luego saltar a las filas de Cambiemos, hoy Juntos por el Cambio (JxC). En todos esos espacios, tuvo el mismo problema: su lengua convertida en un arma de doble filo.

 

El senador tiene un equipo que lo asesora, al igual que la totalidad de sus pares, pero, en definitiva, siempre dice lo que le viene en gana. Ni siquiera la proximidad de una campaña electoral de la envergadura de la que se viene en Córdoba lo llevó a armar un equipo de comunicación. En muchos casos, cuando le preguntaron con quién hablar para hacerle llegar una consulta, la respuesta fue más o menos calcada: “Con nadie. Yo no necesito voceros ni gente que me interprete. Nadie mejor que yo para decir lo que pienso”.

 

El círculo de confianza de Juez es estrecho y ninguna figura sobresale tanto como para frenar la verborragia del precandidato a gobernador cordobés. En los últimos meses, su hijo Martín se mostró activo en redes sociales complementando el perfil descontracturado de su padre, pero lejos está de configurar un rol de coach en términos comunicacionales.

 

El senador no tuvo una semana fácil. El revuelo generado por la noticia que dio a conocer la reunión entre Mauricio Macri y el candidato a la gobernación schiarettista, Martín Llaryora, marcó el cierre de una serie eventos que lo pusieron (y expusieron) en el centro de la escena. El radicalismo lo dejó solo y no lo acompañó en su denuncia contra Cristina Fernández de Kirchner por haber designado a Martín Doñate en el Consejo de la Magistratura. Casi en paralelo, una ciudadana cordobesa lo denunció en la justicia mediterránea. ¿La razón? Tras un entredicho, le habría cruzado su camioneta para amenazarla. “Te voy a romper la cara, papuda”, lo acusan de haberle dicho.

 

Días atrás, su proyecto para alcanzar la gobernación en 2023 se había cruzado con su escollo más temido: Rodrigo de Loredo confirmó que competirá por el mismo cargo desde la coalición que ambos comparten.

 

La aparentemente definitiva decisión del radical agrega un elemento más a la discusión interna de JxC, que debe definir un mecanismo para seleccionar las candidaturas sin dejar demasiada gente herida en el camino. El lanzamiento provincial suma también un escollo para Juez, que ya no tiene el camino tan libre como parecía para convertirse en el abanderado de la pelea con el peronismo cordobés.

 

Al presentarse una alternativa interna a su candidatura, el líder del Frente Cívico queda más expuesto en sus formas, que por un lado logra sintonizar con el humor social pero, por otro, roza posicionamientos políticamente incorrectos que lo alejan de aquellos sectores cuyo poder puede resultar definitorio para los apoyos en el seno del Círculo Rojo. A su favor, la doble condición del perfil del senador le permite sintonizar con las alas en pugna del PRO: las palomas representadas por Horacio Rodríguez Larreta y los halcones intransigentes comandados por Patricia Bullrich. Con el que las cosas van a camino al punto sin retorno es con Macri.

 

Con el expresidente la relación se fue deteriorando con el paso del tiempo. La situación se llevó al extremo durante la interna de 2021, cuando Macri apostó todo su capital a la lista que encabezaron Mario Negri y Gustavo Santos. A partir de ese momento, la recomposición del vínculo le fue mucho más favorable a De Loredo, que como Santos fue funcionario de Estado durante el gobierno de Cambiemos. Hubo altibajos, sonrisas y abrazos de oso, del mismo modo que existieron los intentos para correr a Juez del perfil mediático que termina siendo una usina de contenidos para quienes quieren empiojar su carrera a la gobernación, y sumar a su agenda un plan de actividades más ancladas en la gestión y el proyecto provincial.

 

El conflicto lo termina emparentando con Javier Milei y lo aleja de la imagen que el establishment y una buena porción del electorado prefieren para suceder a un gobernador, Juan Schiaretti, que ha hecho gala de su corrección pública y eleva al máximo su perfil de gestor dialoguista. En ese partido, Juez queda en offside.

 

El ejemplo más reciente vuelve a poner el foco en la semana pasada. El miércoles, recibió a Guillermo Dietrich, un macrista paladar negro, con quien intercambió impresiones y conversó con la mirada puesta en los equipos de trabajo para la gestión que Juez busca encabezar desde diciembre de 2023. Horas más tarde, las principales menciones en redes y medios lo replicaban ofuscado y ofendido por la reunión de Macri con Llaryora. El personaje que se come al político había vuelto a actuar en contra de sus propios intereses.