14|1|2023

CFK, en el espejo de la región: por qué Correa no pudo volver

04 de diciembre de 2022

04 de diciembre de 2022

La vice busca evitar el camino del expresidente de Ecuador, quien fue condenado en una causa por corrupción. Similitudes y diferencias que traspasan fronteras.

A la espera del fallo del Tribunal Oral Federal (TOF) Nº 2 por la causa Vialidad, en la que está procesada Cristina Fernández de Kirchner, el reflejo regional del presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, genera una luz de esperanza en las filas del kirchnerismo, mientras que la actualidad judicial del exmandatario de Ecuador Rafael Correa genera temor. A dos años de la condena que recibió el líder de la autodenominada Revolución Ciudadana por hechos de corrupción en la obra pública, la vicepresidenta busca evitar la historia del economista, quien se vio obligado a vivir en Bélgica para evitar la prisión.

desPertar

Un análisis útil para enfrentar
una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

desPertar

Un análisis útil para enfrentar

una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

 

A diferencia de Lula, quien el 1 de enero asumirá como presidente del país más grande e importante de la región luego de que el Supremo Tribunal Federal (STF) revirtiera el fallo que lo condenó a pasar 581 días en una cárcel de Curitiba, el exmandatario ecuatoriano no logró dar vuelta el fallo que lo condenó por los delitos de “cohecho, tráfico de influencias, delincuencia organizada y lavado de activos” en el caso que pasó a la historia nacional con el nombre Sobornos 2012-2016. En el caso del líder del Partido de los Trabajadores (PT) la máxima instancia judicial del país dio marcha atrás porque consideró que el juez de primera instancia, Sergio Moro, no había actuado de forma imparcial durante el desarrollo de la investigación. En el caso ecuatoriano, la Corte ratificó el fallo y su condena a ocho años de prisión y 25 de inhabilitación política.

 

La serie de similitudes que existen entre el caso Correa y Cristina llevaron a las respectivas defensas a desarrollar la teoría del Lawfare, es decir, la proscripción política de los liderazgos progresistas a través de causas amañadas por algunos sectores del Poder Judicial que reciben el apoyo del establishment y los medios de comunicación. La causa Vialidad y el caso Sobornos son similares: la Justicia acusa a las exautoridades de liderar una organización criminal que se habrían dedicado durante sus años de mandato a recaudar fondos ilegales a través de coimas y sobornos de empresas constructoras vinculadas con la obra pública. “Esto era lo que buscaban: manejando la justicia para lograr lo que nunca pudieron en las urnas”, dijo el líder de la Revolución Ciudadana. Cualquier similitud con la expresidenta argentina no es pura coincidencia.

 

A raíz de las arbitrariedades que denuncia la defensa de la vicepresidenta se especula con que sus alegatos para evitar la prisión llegarán hasta instancias internacionales, algo que el equipo de Correa ya está llevando a cabo. En diálogo con Letra P, el abogado encargado de todas las defensas del economista, Fausto Jarrín, relató que algunas de las 18 personas involucradas ya presentaron recursos ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que deberían empezar a ser resueltos a partir del próximo año. “Correa va a llegar hasta el Comité Permanente de por la Defensa de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (CPDH)”, afirmó.

 

De todas maneras, en cuanto a la dimensión política de la posible condena en contra de Cristina Kirchner aparecen las diferencias. Desde el inicio de los procesos en su contra la militancia amenaza con armar “quilombo” si la “tocan” a la vicepresidenta, algo que en Ecuador no ocurrió. El contexto no es el mismo. El 25 de mayo de 2017, Correa cumplió su promesa y se fue a vivir a Bélgica, país de origen de su esposa. Esa salida mermó el fervor de su base callejera y, además, la primera condena en su contra llegó luego de la traición política de su heredero, Lenín Moreno -quien abandonó las banderas por las que fue elegido como su sucesor- y en medio de las restricciones sociales por la pandemia de covid-19.

 

“Ni el viaje ni las condiciones del momento permitieron la reacción popular que esperamos que se dé en Argentina con Cristina”, analizó Jarrín, quien consideró que la traición de Moreno, que incluyó una avanzada judicial sobre el partido de la Revolución Ciudadana y una gran fractura dentro de sus filas y su dirigencia, generó "una confusión generalizada en la militancia que tardó en despertar”. El escenario argentino es otro: Cristina Kirchner reapareció en la escena pública luego del intento de asesinato que sufrió y juega con la posibilidad de volver a ser candidata en 2023 ante una militancia que se muestra dispuesta a “parar el Estado”, como avisó la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).

 

La otra diferencia entre ambos casos también es política: en 2019 CFK logró que su elegido, Alberto Fernández, ganara las elecciones y llevara de nuevo al peronismo a la Casa Rosada. En 2017 Correa consiguió que su candidato (Moreno) llegara al poder, pero, cuatro años, más tarde su delfín Andrés Arauz perdió ante el actual jefe de Estado, Guillermo Lasso. Como relató Letra P, el propio líder ecuatoriano intentó emular la jugada de la expresidenta al intentar ser candidato a vicepresidente, pero la Justicia no se lo permitió. Desde entonces, su movimiento político se encuentra huérfano de un liderazgo fuerte a nivel nacional, desarticulado a nivel interno y en las filas de la oposición. 

 

A la espera de la sentencia que se conocerá este martes, Cristina Kirchner encuentra en Lula una figura a la que emular porque venció a la Justicia con las mismas armas del juego, mientras que en Correa observa un recorrido judicial al que evitar.