29|6|2022

Lo que el acuerdo con el FMI no resuelve: inflación, cepo y riesgo país

17 de marzo de 2022

17 de marzo de 2022

Pese a la guerra de Todos, el mercado lo considera "light". Los talones de Aquiles de la emisión y la fuga. ¿Hacia una nueva reestructuración desde 2024?

Tras su aprobación en el Senado, pasará el ruido político que generó en el Frente de Todos el acuerdo para la refinanciación de la deuda de 45.000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y llegará la hora de la prueba ácida: su puesta en práctica en la economía real. Ante eso, el mercado hace sus pronósticos y manifiesta dudas sobre su potencial para resolver los problemas estructurales de la macro: la inflación, la necesidad de mantener controles cambiarios y, especialmente, la posibilidad creciente de una nueva reestructuración con los tenedores privados a partir de 2024.

 

El último informe de la consultora Consultatio advierte que el mercado financiero ya ha descontado todos los beneficios de corto plazo esperables a partir del anuncio: el dólar paralelo legal –el "contado con liquidación"– cayó fuerte y redujo la brecha con el oficial a menos del 80%, a la vez que las acciones rebotaron 10% y se ubicaron en su mejor nivel pospandemia.

 

Dicha recuperación no dejaría ya mayor margen y se impone ahora poner la mirada en la letra chica del entendimiento, que la firma considera "histórico (…) por su laxitud".

 

"Es indudable que, si la intención era acordar, no quedamos muy lejos del mejor acuerdo posible visto en términos de atenuar el costo político del Gobierno de cara a 2023", señala, a pesar del ruido que generó en el oficialismo.

 

De hecho, añade, "si bien se pudo evitar el cimbronazo que el quiebre con el FMI hubiera significado, este acuerdo de carácter light no encara ninguno de los problemas estructurales que padece Argentina y vemos inevitable que esto se manifieste en el mediano plazo".

 

Los problemas que se alzan en el horizonte, tanto inmediato como de mediano plazo, son una inflación que costará derrumbar a pesar de la "guerra" anunciada por Alberto Fernández, un cepo cambiario que persistirá con sus efectos no deseados sobre la economía y la posibilidad cada vez más mencionada de que el cúmulo de vencimientos que surge de las renegociaciones con los acreedores privados y con el propio Fondo lleve de aquí a dos años a una nueva reestructuración con los primeros.

 

La primera consecuencia, "inevitable" según Consultatio, se presenta en "la dinámica inflacionaria, que será alta por varios años". Eso es así, continúa, debido a que "una de las grandes cesiones del organismo fue la de no incluir un límite a la variación de base monetaria por fuera de la compra de reservas (…). Si a esto le sumamos que no hay un marco claro de política monetaria y que las proyecciones del programa no sirven para anclar expectativas, vemos que todos los caminos conducen a una inflación que será resiliente a la baja en los próximos años".

 

Otro elemento que llegó para quedarse son los controles cambiarios. Eso es así porque "el enorme stock de deuda en pesos –Banco Central y Tesoro– que se fue colocando en los últimos años hace que la salida del cepo sea mucho más difícil que en 2015. Actualmente, hay casi un 6% más de deuda en pesos que en ese momento, aunque, si sumamos los pasivos remunerados del BCRA al cómputo, es 9% mayor. Sin un shock de confianza positivo, la demanda que hoy se encuentra ‘cautiva’ por el cepo en títulos en pesos derivaría en un salto cambiario".

 

En tercer lugar, el salto que experimentarán desde 2024 los vencimientos de deuda que surge de las renegociaciones con los tenedores privados y con el FMI hace que, "si bien no se puede descartar que el próximo gobierno logré bajar drásticamente el riesgo país, de manera de posibilitar el acceso a los mercados, la fallida experiencia de los inversores internacionales con el cambio político de 2015 lo tornará difícil. Vemos como el escenario más probable una nueva reestructuración con acreedores privados durante el próximo mandato presidencial", señala Consultatio.

 

 

"Otra vez sopa", resume, aunque aclara: "La estimamos amigable debido a que la postura de los bonistas será más agresiva tras la experiencia de 2020".

 

En efecto, aun con el compromiso con el Fondo sellado, el riesgo país –el diferencial del rendimiento de los Bonos del Tesoro respecto del riesgo cero, los Bonos del Tesoro de Estados Unidos– se mantiene por encima de los 1.700 puntos básicos, un nivel propio de una economía en default.

 

Fuente: Rava Bursátil.

Solo reduciendo drásticamente ese indicador, la Argentina lograría financiarse en los mercados a niveles razonables, suficientes para refinanciar vencimientos a través de la asunción de nueva deuda, pero ese horizonte luce hoy lejano.