25|1|2023

América Latina busca el rumbo perdido en un mundo que se reconfigura

02 de marzo de 2022

02 de marzo de 2022

Las hostilidades en Europa y Biden relegan a la región a un rol de intrascendencia. Los retos económicos y militares para hacer de una amenaza una oportunidad.

El mundo está cambiando. La invasión de Rusia a Ucrania aceleró las tendencias que marcan una menor previsibilidad en el sistema internacional y una aceleración de las disputas entre bloques diferentes, especialmente entre Estados Unidos, Rusia y China, que relegan del tablero mundial a América Latina. Esto volvió a quedar en evidencia este martes, cuando el presidente norteamericano, Joe Biden, apenas nombró una vez a la región en su discurso sobre el estado de la unión ante el Congreso. Lejos de entregarse a un intrascendente futuro, el continente enfrenta el desafío de convertir las amenazas en oportunidades.

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El presidente Alberto Fernández hizo referencia a estas tendencias durante la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. “Argentina es parte de ese mundo y no puede escapar al contexto. La guerra, en un mundo que se ha globalizado, indefectiblemente genera consecuencias sobre nuestro país”, aseguró. El reto, ahora que los misiles ya caen sobre Kiev, pasa por establecer una serie de patrones conjuntos en el continente que permita, primero, menguar el impacto económico que tendrá la guerra sobre una región que vivirá, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), un 2022 “muy complejo”, con una desaceleración del crecimiento del 2,1%; y, segundo, desarrollar estrategias conjuntas que permitan evitar estos escenarios bélicos en un futuro.

 

El reto no pasa primordialmente por lograr una postura unificada ante la guerra, porque no representa lo mismo para Venezuela que para Brasil, sino por sentar las bases de un proyecto continental que logre superar las diferencias nacionales para evitar que la región sea arrastrada por las grandes potencias a tensiones o enfrentamientos bélicos que le son ajenos y para alcanzar la autonomía necesaria para amortiguar sus cimbronazos.

 

El escenario ucraniano se avecina a una prolongación en el tiempo no deseada en un primer momento por Moscú y, con esto, una extensión de las consecuencias económicas, políticas y sociales de la guerra para las cuales la región no está preparada. Este martes, el canciller de Francia, Bruno Le Maire, declaró una “guerra económica y financiera total” contra Moscú. Horas después, el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia y expresidente del país, Dimitri Medvédev, respondió: “No olviden que, en la historia de la humanidad, las guerras económicas a menudo se convirtieron en guerras reales”.

 

Más allá de la retórica amenazante, la región deberá enfrentar, tarde o temprano,  las consecuencias económicas de la disputa. Durante estos días, el sistema bancario ruso fue sancionado con dureza, algunas de sus empresas más importantes sufrieron la retirada de fondos o la cancelación de contratos y Moscú padeció una exclusión parcial del sistema internacional de pagos SWIFT. Todas estas decisiones afectarán sus finanzas, con repercusiones severas hacia el interior de su frontera, como la caída del rubro, y también hacia afuera, al tener en cuenta el rol de inversor que tiene el Kremlin en la región. ¿Desarrollará alguna estrategia de ayuda mutua América Latina a través de alguno de sus organismos financieros ante la posible contracción económica de Moscú en el continente? Por ahora, no.

 

Al impacto económico se le debe sumar el militar. “No hay garantías de que no habrá incidentes con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a la luz del suministro de armas a Ucrania”, dijo este miércoles el canciller ruso, Serguéi Lavrov, quien también aseguró que “la tercera guerra mundial será nuclear”. Además, el Kremlin ya amenazó a Suecia y a Finlandia con “pagar las consecuencias” si deciden ingresar a la OTAN.

 

Este potencial escenario no puede ser descartado, porque las amenazas y las tendencias ya están sobre la mesa y porque hacerlo por improbable o por lejano solo aumentará la amenaza sobre el continente. Si la región no está preparada económicamente, menos lo está para sufrir una extensión de las acciones bélicas que podrían involucrarla al tener en cuenta que en enero Moscú no descartó desplegar unidades militares en Venezuela, Nicaragua y Cuba como respuesta a la amenaza estadounidense.

 

Este panorama no es exclusivo de la región y otros países ya están actuando en consecuencia. El canciller de Alemania, Olaf Scholz, anunció fondos extraordinarios de 100 mil millones de euros para el Ejército, el aumento hasta más del 2% del PBI para el presupuesto militar y el envío de armas a Ucrania, una decisión histórica en virtud de la historia militar de Berlín. “La guerra de Putin supone un punto de inflexión. Tendremos que invertir significativamente más en la seguridad de nuestro país para proteger nuestra libertad y nuestra democracia”, justificó el líder socialdemócrata.

 

En este punto, la región vuelve a quedar rezagada. Según Our World in Data, el país que más fondos militares destina es Colombia, con el 3,38% del PBI, y el segundo Ecuador, con el 2,41%. Argentina muestra una particularidad: es el país que menos destina a ese renglón, con apenas el 0,76%. Esto genera un panorama de completa indefensión para el continente no en términos de rivalidad entre Rusia y Ucrania, sino ante cualquier eventualidad futura que amenace con despertar los cañones, sea la soberanía de las Islas Malvinas o la rivalidad en la frontera entre Bogotá y Caracas.

 

El declive estratégico del continente no es nuevo. Lo sufrió durante la pandemia de Covid-19, cuando no logró establecer pautas comunes para combatir al virus; durante el proceso de vacunación, en el cual quedó, por momentos, a la espera de las donaciones o la bondad exteriorres; durante la última campaña presidencial de los Estados Unidos, donde no fue tema de debate en la política exterior, y este martes, cuando Biden apenas la nombró para exigir una reforma migratoria.

 

La invasión sobre Ucrania es una amenaza sobre el sistema internacional y la región, pero las amenazas también pueden ser oportunidades. El continente enfrenta el desafío de aprovecharla y determinar su rumbo en un escenario mundial que se reacomoda.