06|5|2022

Finalmente, luego de dos años de marchas y contramarchas, el acuerdo con el FMI parece estar listo para su discusión parlamentaria. Desde el punto de vista técnico, es un nuevo préstamo de 30 meses por el monto total adeudado por nuestro país. Estos fondos se devolverán, con un período de gracia de cuatro años y medio, comenzando a repagar en 2026 y terminando en 2034. 

 

El Fondo nos presta, bajo la forma de Derechos Especiales de Giro (DEG), los fondos para pagarle condicionado al cumplimiento de metas fiscales, monetarias y cambiarias, con revisiones trimestrales de cumplimiento. De ese cumplimiento dependerá el siguiente desembolso.

 

Las metas fiscales establecen el objetivo de llegar a un déficit primario del 2.5% del PBI este año, del 1.9% en 2023, de 0.9% en 2024 y déficit cero en 2025.

 

En lo relativo a la política monetaria, las metas son más exigentes que las fiscales: limita al 1% del PBI el financiamiento monetario al Tesoro para este año, reduciéndose este porcentaje al 0.6% para 2023 y al 0 para 2024, con un esquema de tasas de interés reales positivas (lo que implicará crear un mercado doméstico para financiar el déficit no monetizable).

 

En cuanto a la política cambiaria, establece la necesidad de recuperar el tipo de cambio real, esto es, que el crawling peg no quede rezagado con respecto a la inflación.

 

Aunque no se conoce todavía la letra chica, podemos hacer un primer análisis del programa. En primer lugar, era indispensable llegar a un acuerdo con el Fondo. Nuestro Banco Central carece de los fondos para afrontar el pago que vence dentro de muy pocos días, el 22 de marzo, e incurrir en default tendría consecuencias nefastas para cualquier escenario futuro.

 

El crédito, tal como está configurado, puede ser visto como un puente financiero que permitirá que durante los próximos 30 meses el fantasma del default no esté sobre nuestras cabezas si cumplimos con las metas establecidas.

 

Sobre cómo reducir el déficit sólo se pone el acento en la reducción de los subsidios a la energía, lo que aparece como escaso. No se incluye la frase que más pánico causa en algunos sectores nacionales: realizar Reformas Estructurales.

 

Sin embargo, independientemente del acuerdo, nuestra dirigencia deberá ser consciente de que, para pasar del crecimiento al desarrollo, será indispensable encarar un set de políticas públicas que doten de mayor eficiencia y competitividad a nuestra sociedad, con reformas que vuelvan sostenible el proceso de desarrollo con inclusión social. Esto no es algo que debamos hacer porque el Fondo nos lo pida, sino porque es una deuda que tenemos como sociedad para salir del estancamiento, reducir la pobreza y encarar un proceso de desarrollo que, como el propio Presidente ha sostenido recientemente, es muy diferente al simple crecimiento de la economía.