02|10|2022

Finalmente, el Gobierno acordó con el FMI el programa económico a implementarse hasta 2024 a cambio de un nuevo préstamo para refinanciar la deuda contraída en 2018. Ganó tiempo, pero el problema sigue ahí: nuestra economía demanda más dólares de los que genera. Para revertir ese saldo, se necesita mucho más tiempo que los treinta meses del nuevo acuerdo. Y el Fondo lo sabe.

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El comunicado de prensa del organismo habla de un programa económico “realista y pragmático”. De confirmarse que la Argentina no se comprometió a un salto en el tipo de cambio ni a reformas estructurales, ese puede ser el mayor logro en la negociación del Gobierno. El riesgo es que también sea su condena.

 

El FMI señaló la necesidad del regreso de la Argentina a los mercados de crédito internacionales; un resultado bastante evidente cuando se analiza el descalce entre la capacidad de acumular reservas internacionales del Banco Central y los vencimientos de deuda externa pública y privada para los próximos años.

 

Por eso mismo, no fue una sorpresa que, mientras se daba a conocer la finalización de las negociaciones, el Banco Central anunciara un nuevo esquema de autorizaciones para que los importadores puedan acceder a comprar dólares con el objetivo de evitar importaciones por encima de los niveles necesarios para acompañar la actividad económica. Se trata de una dinámica muy instalada desde 2020 y coherente para resguardar los pesos excedentes en el marco de la incertidumbre propia de una crisis de deuda externa agravada por altos niveles de inflación y de brecha cambiaria.

 

Aceptar la profundización del cepo cambiario y descartar una fuerte devaluación son señales del pragmatismo del FMI para la acumulación de dólares. Para la reducción del déficit fiscal, el segundo gran objetivo del programa, su flexibilidad estaría en no pedir una reforma estructural del sector público (salarios, empresas públicas, etc.) ni del sistema de jubilaciones y pensiones.

 

En consecuencia, si no aparecen sorpresas en los detalles del acuerdo, el Gobierno va a tener la oportunidad de implementar un programa económico alternativo a las tradicionales recetas del FMI, pero que seguramente, ante el primer incumplimiento, volverán a monopolizar la política económica. Ahí sí, la responsabilidad de un fuerte ajuste será consecuencia de malas decisiones del Gobierno.