24|9|2022

El FdT y JxC atraviesan momentos de tensión en su interna. La falta de diálogo del Presidente y su vice. ¿Qué piensa la opinión pública?

Las dos grandes coaliciones del sistema político argentino atraviesan, en estos momentos, tensiones a su interior. Naturalmente, el Frente de Todos (FdT) suscita la mayor atención puesto que sus espacios discuten el trazado de la política económica en un contexto crítico donde las condiciones de vida se deterioran paulatinamente.

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La reducción del debate público-mediático a una mera interna entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández es funcional al arco opositor y a las líneas editoriales de la prensa concentrada pero obtura el verdadero debate en torno al problema de la representación política y las principales preocupaciones que hoy tiene la opinión pública. 

 

Desde los resultados de las PASO, en 2021, al FdT se le presentó un problema, en efecto, de representación política. Si bien no vale la comparación entre elecciones primarias y presidenciales, legislativas y ejecutivas, un dato sirve para evaluar los órdenes de magnitud de los desplazamientos del voto: el oficialismo perdió poco más de cuatro millones de votos (una caída del 37% entre elecciones).

 

La base de apoyo de este espacio viene siendo muy golpeada por la crisis producida por la pandemia y sus efectos en los indicadores macroeconómicos que de por sí ya venían alicaídos tras los cuatro años de aplicación de políticas neoliberales durante la administración macrista. El kirchnerismo retomó la demanda de su base de representación que pide más contundencia frente a los poderes fácticos ,y de esa manera, se diferenció de los otros espacios que forman parte del frente. El posicionamiento público de la Vicepresidenta, dirigente sobre la cual gravita desde hace años la política argentina, le adicionó más color a la diferencia.

 

En el último estudio nacional (marzo 2022) que presentamos advertimos algunas cuestiones relevantes de la coyuntura: 1) la base de apoyo del Gobierno se ubica levemente por debajo de 35 puntos de la muestra, en el menor nivel de la serie que se inicia en diciembre de 2019; 2) la imagen del Presidente se encuentra también en el nivel más bajo de los últimos dieciocho meses, en el entorno de los 39 puntos de imagen positiva: 3) en  materia  de  expectativas  económicas,  el  “optimismo”  sobre  la  evolución  de  la  economía  se  siguió deteriorando  en  marzo y  se  mantiene,  en  este  sentido,  la  trayectoria  descendente  que  coincide  con  la  reducción también paulatina de la base de apoyo oficialista.

 

La principal preocupación de la ciudadanía no son las internas del gobierno si no la inflación. Además, la extensión capilar de la erosión del poder adquisitivo del salario con heterogeneidades muy marcadas dentro de la clase trabajadora provoca una acentuada angustia social que se traduce en una demanda para que el Gobierno instrumente las medidas necesarias para recuperar el nivel de ingresos reales. 

 

El escenario actual se caracteriza por la conflictividad política y social y la tendencia polarizadora de las agendas que, fundamentalmente, propone la derecha. En este contexto, el Gobierno tiene que mostrarle a la sociedad su capacidad para acordar y gestionar problemas que en realidad no ha generado: crisis de la balanza de pagos/deuda y crisis derivada de la pandemia. Se trata de una dualidad compleja. Sin embargo, el sistema político argentino se encuentra en condiciones de seguir procesando a su interior el gran conflicto social derivado del deterioro de las condiciones de vida. Así lo viene haciendo a pesar de las expresiones abiertamente antidemocráticas que aparecen no sólo en el contexto doméstico sino también en el mundial.

 

No tienen apoyatura empírica las visiones que postulan tanto una crisis de representación política en Argentina como un desinterés ciudadano hacia la política. No se puede comparar esta coyuntura con la crisis de 2001. A pesar de las opiniones que reducen la importancia de los partidos políticos sabemos que se trata de actores imprescindibles en la mediación entre las demandas sociales y las instituciones. 

 

Si bien la interna del FdT es un tema de interés para el segmento hiperinformado de la opinión pública, las diferencias que puedan darse al interior de la coalición de gobierno no deberían impedir el análisis de un fenómeno preocupante para el sistema político: el crecimiento de la ultraderecha. En contextos de crisis, los discursos de estos espacios encuentran cómoda recepción en una parte del electorado en tanto tienen la capacidad de simplificar la realidad social, además de ser irresponsables en las propuestas direccionadas a dar solución a las demandas insatisfechas. 

 

Hay que seguir discutiendo, sin dudas, cuál será la política económica que trazará el Gobierno con un FMI que monitoreará como un panóptico la vida del país. Hay que discutir cuáles serán las seguridades y certezas que la administración nacional ofrecerá a una ciudadanía que percibe incertidumbre y gran preocupación por la situación socioeconómica. También hay que discutir el avance de una ultraderecha que puede hacerle muy mal a la democracia.