28|6|2022

La tribuna de doctrina lanzó a Macri: esa rabia es mía, mía, mía

26 de abril de 2022

26 de abril de 2022

Desde la tapa de La Nación salió el globo de ensayo de su candidatura. Guerra a Larreta y factor Milei. Planes a medida. ¿Por cuatro años de gobierno y Netflix?

Una noticia es, desde ya, una noticia, pero también es un hecho político. Más, si la misma se refiere a Mauricio Macri, emana del canal LN+ y lleva la firma del principal columnista del multimedio La Nación, Carlos Pagni. "Mueve Macri", tituló este su última columna. La novedad, en realidad, no es una verdad consumada: el expresidente "por supuesto que mirará después las encuestas, verá si en la pileta hay agua (y) todo es provisorio en este tipo de materia. Pero hoy Macri decidió postularse como candidato a presidente", señala. Quien haya leído Letra P a lo largo de los últimos meses sabe que esa posibilidad estuvo y está latente en la mente y los planes de quien sueña con jugar un segundo tiempo.

 

Que los programas de radio más escuchados y los portales periodísticos levanten este martes esa pieza, sugestivamente voceada desde la “tribuna de doctrina" que tiene –por decirlo de un modo elegante– los vasos comunicantes más amplios con el ingeniero, le da a la cuestión categoría de globo de ensayo, lanzado, claro, por el propio interesado en saber, como dice el artículo, "si hay agua en la pileta". La cuestión es que el nadador tiene calor, lo que no es poco.

 

Una vez y otra y otra –y varias más–, Letra P dio cuenta de la persistente calentura de Macri. Este portal supo ahora que el equipo económico que prepara el programa del PRO para el posible regreso al poder el año próximo, encabezado por Hernán Lacunza, trabaja para Horacio Rodríguez Larreta, para María Eugenia Vidal y también para Macri. He allí una interna indefinida que prueba la vigencia del plan M.

 

En la cabeza del expresidente que se compró en 2018 –justo cuando terminó su tiempo supuestamente feliz– un sombrero que tiene un enorme cartel que dice "Argentina", el escenario es propicio. Por un lado, el Frente de Todos se agota en peleas internas y se convierte en una máquina de lanzar iniciativas que oscilan entre lo testimonial, lo inaplicable y lo inútil. En segundo lugar y de la mano de eso, pone en guardia a sus adversarios como una verdadera fábrica de oposiciones. Tercero y sin perder jamás la coherencia, no da pie con bola con el estrago inflacionario, uno que esteriliza en el humor popular los números que sí le dan bien, como los de actividad y empleo. Cuarto y más importante, crecen en la sociedad la resignación y el desánimo.

 

Sin crisis, no hay Macri 2023. Pero, para que ese proyecto – extravagante si se piensa en su dramático legado como gobernante– tenga condiciones de realización, es necesario que el drama sea todavía mayor. Así son las revoluciones, al menos aquellas que se atienen al sentido más literal de la palabra: las que generan un remolino enorme solo para volver al punto de partida.

 

En efecto, para que haya agua en la piscina, el caos también debe alcanzar a Juntos por el Cambio. Y así es.

 

Larreta y su eterno plan V, la bolsonarista Patricia Bullrich y el radical Gerardo Morales, más algún otro, pican en punta entre los presidenciables del sector. El problema es que la furia libertaria se coló entre esa alianza y la pared que tenía a la derecha, algo que se expresó en la pérdida de casi un millón de votos en la elección legislativa del año pasado, en la que Javier Milei se quedó con unos 313 mil en la Ciudad de Buenos Aires y José Luis Espert, con alrededor de 670 mil en la provincia.

 

Parafraseando a su admirado Carlos Menem y su apego infinito a la Ferrari que le habían regalado, Macri podría gritar hoy "¡esa rabia es mía, mía, mía!". El hombre piensa que Bullrich solo puede mantenerle caliente la silla mientras él se decide a tomar en el centro del escenario 360 de la derecha. Así, conjetura que si en las elecciones de 2019 –su peor hora– retuvo más del 40% de los votos, el futuro no está necesariamente cerrado para él y bien podría volver a alternar en sus jornadas decisiones de Estado y Netflix a partir de las ocho de la noche.

 

Mientras ensaya alguna narrativa que le permita licuar su responsabilidad histórica y mete el dedo gordo del pie derecho en la pileta para medir la temperatura del agua, Macri cultiva su relación con Milei, a pesar de que este insiste, por ahora, en que no tendrá nada que ver con Juntos por el Cambio en 2023. En ese contexto, adquiere otra relevancia la definición de Espert, socio ad hoc del minarquista, respecto de que, "si hacemos una gran alianza contra el kirchnerismo, con una columna vertebral basada en un programa, yo estoy dispuesto a conversar". La libre elección de la moneda en que los argentinos y las argentinas deseen realizar sus transacciones, un atajo hacia la dolarización que es una idea central de los libertarios y germina ahora en algunos viveros del PRO, sería parte de ese proyecto.

 

En lo internacional, en tanto, no escatima esfuerzos para mimetizarse con la derecha más extrema. Se tomó una cerveza con Donald Trump a pesar de que este todavía debe alguna explicación sobre su escasa propensión al pago de impuestos y su rol en el trágico asalto al Capitolio por parte de una turba ultraderechista.

 

Hace tan poco como el lunes, sumó su felicitación al hombre más rico del mundo, Elon Musk, por la compra de Twitter a las del propio Trump –vedado hoy en esa red social–, el ministro de Comunicaciones de Bolsonaro, Fábio Faria, y el polémico presidente salvadoreño, Nayib Bukele.

 

El voto opositor se va corriendo hacia la derecha y Larreta lo sabe, pero, aunque se suba a tractores a metros de donde algunos escenifican linchamientos en plena Plaza de Mayo, lo suyo ha pasado por la prédica antigrieta –o, más bien, ambigua– durante demasiado tiempo.

 

Macri, por su parte, sabe que mantendrá su vigencia en tanto siga siendo el mejor vehículo para transportar a las distintas facciones del antiperonismo.

 

Hay que reconocerle persistencia en ese intento. El exmandatario supo plantarse en el nido de los halcones incluso antes de dejar el gobierno, el 7 de diciembre de 2019, cuando avisó, en esa misma plaza, que "tenemos que cuidar a nuestra querida Argentina de que no la roben, no la maltraten, no la estafen ni la descuiden nunca jamás". Él vendría a ser el custodio de todo eso.

 

A fin de cuentas, ¿qué es, comparado con el odio al "populismo", un alza de la pobreza al 35,5%, una inflación del 50%, una retracción de los salarios del 20%, una recesión en tres de cuatro años de mandato, un endeudamiento irremontable y un regreso al FMI que durará más que el acuerdo a diez años recién firmado?