02|10|2022

Los índices de ocupación laboral muestran que la educación es clave para fortalecer el empleo y los salarios. La importancia de la formación permanente.

La frase comúnmente extendida que afirma que “aquí no trabaja el que no quiere” es parte de un sentido común simplista que señala al otro y lo responsabiliza de un problema que lo trasciende. Sin embargo, muy pocas veces nos preguntamos si no trabaja porque no posee las habilidades necesarias para poder insertarse laboralmente.

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En 2019, Luciano de 18 años se encontraba ante dos oportunidades de empleo: uno informal, ayudando en un almacén como repositor; y uno formal, en ventas para una Pyme. Lógicamente, aceptó el empleo formal. A los meses, su jefe observó que Luciano mostraba interés y curiosidad por la Informática, entonces lo ayudó y lo becó para que estudie programación. Hoy, Luciano es el coordinador de Sistemas de esa empresa, con un ingreso que le permite proyectarse en el tiempo y se mantiene inquieto por continuar estudiando.

 

Este caso ejemplar nos demuestra que, para lograr diferentes resultados en materia de empleo, debemos abordar la problemática desde una mirada, estrategia e implementación alternativas a la corriente. En el mes del trabajador, nos interesa promover un pensamiento colectivo innovador que promocione el conocimiento y la formación como recursos prioritarios para alcanzar mayor y mejor empleo. 

 

El empleo informal fue la categoría que más se expandió durante el último año en Argentina, luego de haber atravesado el golpe más abrupto durante la etapa más crítica de la pandemia (-43%), según el Centro de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD).

 

Asimismo, los datos de ingresos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) realizada por el INDEC en 2021 muestran una relación directa entre nivel educativo alcanzado, los ingresos y la tasa de desempleo. Los números establecen que a mayor nivel educativo alcanzado los ingresos son mayores y bajan los niveles de desempleo. El 31% de la población empleada corresponde a quienes no avanzaron más allá de la escuela primaria y este grupo representa en términos de desempleo el 34,1%. En el caso de aquellos que llegaron hasta la escuela secundaria, el 42% cuenta con trabajo, en tanto el 54,9% de este segmento está desempleado. Finalmente, los graduados universitarios son el 27% de la fuerza laboral, y solo el 11% de este segmento está sin trabajo.

 

Los datos revelan que la educación es la clave para fortalecer el empleo y los salarios. La mayor parte de los puestos mejor remunerados creados en nuestro país en los últimos años requieren de estudios previos, lo cual explica la creciente diferencia en la desocupación según el nivel educativo.

 

Los sectores más desfavorecidos económicamente poseen trabajos precarios y poco calificados o están desocupados, afectados por su escaso nivel educativo. La creciente segmentación del mercado laboral, en función del nivel educativo, promueve la creación de núcleos duros de desocupados: aquellos que no tienen un nivel de educación básica son los más afectados y son cada vez más demandantes de ayudas financieras por parte del estado, los denominados "planes sociales". Estas características del mercado laboral se reflejan claramente en la evolución de la pobreza y la indigencia en nuestro país en los últimos años. 

 

En este contexto, nuevas fuerzas están transformando el mundo del trabajo. Los avances tecnológicos, desde la inteligencia artificial, la automatización y la robótica, crearán nuevos puestos de trabajo, pero quienes van a perder sus trabajos en esta transición podrían ser los menos preparados para aprovechar las nuevas oportunidades. Las competencias de hoy no se ajustan a los trabajos de mañana y las nuevas competencias adquiridas pueden quedar rápidamente desfasadas.

 

Ante esto, necesitamos priorizar la educación permanente como recurso para el desarrollo y crecimiento a partir del fortalecimiento de la formación en oficios, habilidades y competencias, integrando el aprendizaje formal y no formal, combinando las competencias básicas, sociales y cognitivas con las necesarias para trabajos, ocupaciones o el desempeño en sectores específicos.

 

El futuro del trabajo requiere un sistema de protección social sólido y con capacidad de respuesta. Promover y accionar por la educación permanente para el empleo es la mejor manera de homenajear a los trabajadores propiciando la creación de más puestos y ampliando el mercado.