06|7|2022

Milei, el peronismo y el espanto del espejo francés

03 de mayo de 2022

03 de mayo de 2022

¿Un ballotage derecha vs. ultraderecha? Cristina y una irrelevancia "radical" del peronismo. Le Pen y el clan libertario argento: similitudes y diferencias.

Mientras dirime su interna con una ruleta rusa en la que él pone la pistola y la sociedad, la cabeza, el peronismo gobernante se revuelca sin manos en una disyuntiva: según el presidente Alberto Fernández, "¡un carajo estamos perdidos!" en 2023; mientras, quienes hablan por Cristina Kirchner no solo prevén una derrota, sino el inicio de un tiempo de irrelevancia similar al que le tocó vivir a la Unión Cívica Radical (UCR) tras el colapso de 2001, con fondo de olla en el 2,3% de Leopoldo Moreau en 2003. Así las cosas, los más pesimistas ni siquiera aseguran que el Frente de Todos –o lo que quede de él dentro de un año, cuando se deban definir las candidaturas– tenga asegurado un lugar en el ballotage. Mirando el ejemplo francés, se preguntan por la posibilidad, que hoy no descarta ninguna encuesta, de que la Presidencia de la Nación se dirima entre la derecha y la extrema derecha libertaria.

 

Hasta marzo, los principales analistas privados fijaban la expectativa de inflación anual en torno al 60%. Sin embargo, el índice de más de 5% que se espera para abril, sumado a la inercia, los incrementos esperados en diversos rubros de servicios y el 25% que los alimentos acumularían solamente en el primer cuatrimestre llevan a algunos de ellos, los más prudentes, a esperar ahora –solo por ahora– entre 65 y 70%.

 

"La inflación de abril nos da 5,8% y debería bajar a un promedio de 4% desde mayo para que diera 68%", le dijo a Letra P el presidente de la consultora Analytica, Ricardo Delgado. De acuerdo con el especialista, "el panorama es preocupante, pero hay espacio para evitar un estallido si el Gobierno aplica una estrategia de contención de daños, aunque es cierto que eso tiene sus bemoles" en el actual contexto político, añadió.

 

Esta nota apunta a lo electoral, pero el escenario lo establecen, en paralelo, la economía y la política, ambas de acuerdo a si generan o no una situación de caos. En este último sentido, la crisis del Frente de Todos hasta ahora "aporta" mucho y el ministro de Economía vive como Sebastián Battaglia: día a día. Ahora bien, si Guzmán cayera sin ninguna prolijidad, ¿alguien entre quienes piden cabezas pondera el efecto de eso –visto como una ruptura del acuerdo con el FMI– sobre el dólar, las expectativas, los precios y las condiciones de vida?

 

Al cristinismo lo asusta el espejo de las encuestas y traza paralelos con la Francia en la que Emmanuel Macron acaba de lograr la reelección con 58,5% de los votos. Enfrente quedó Marine Le Pen, la candidata de Rassemblement National (Agrupación Nacional, RN) con 41,5%, lo que constituyó la mejor elección histórica de la ultraderecha. El asunto es que ese segundo turno mostró un mano a mano entre centroderecha y derecha dura. ¿Un anticipo para la Argentina de 2023?

 

En términos locales, eso supondría –atención al término: esto se trata de un escenario, no de una predicción temeraria– que la primera vuelta replicara una dispersión de votos alla 2003 y una segunda a la que clasificaran un candidato o una candidata de Juntos por el Cambio de moderación discutible y una alquimia en la que la voz cantante la llevara el minarquista-libertario Javier Milei, incluso –tal vez– con algún aporte de halcones del PRO como Patricia Bullrich o Mauricio Macri. ¿Es replicable en la Argentina el caso francés, algo que obligaría al peronismo –sea cristinista, provincial o albertista–, al progresismo y a la izquierda a taparse la nariz para evitar el ascenso ultra?

 

Para responder hay que empezar por repasar las principales propuestas de Le Pen en la última campaña.

 

En materia de control de la inflación y de recuperación del poder adquisitivo de los salarios, planteó –contra "el presidente de los ricos"– reducir impuestos, en especial para categorías como jubilados, jóvenes y familias ya sea monoparentales como de varios hijos. Si de comparar se trata, la derecha dura que supimos conseguir se abrazaría a la idea de reducir impuestos, pero cabe dudar de que lo hiciera con un sesgo social.

 

El otro punto fuerte de la plataforma de RN fue, es y será la inmigración. Para remediar lo que considera un mal que diluye la identidad occidental y cristiana de Francia, propuso restringir el acceso a la ciudadanía y las reagrupaciones familiares, así como expulsiones exprés. Asimismo, Le Pen prometía excluir a los extranjeros de la seguridad social y multar a las mujeres que llevaran el velo islámico en público. Este tipo de propuesta, posible en un país con una minoría musulmana visible, no forma parte, claro, del discurso libertario argentino. Acá el plan es más igualitario: "los planes" deben ser cortadas para todos y todas.

 

Aunque soberanista y antiglobalización, Marine Le Pen moderó el viejo discurso de la ultraderecha al punto de dejar de reclamar una salida de Francia de la Unión Europea. Sin embargo, planteó su reformulación, la reducción de los aportes económicos de su país y revertir la primacía del derecho comunitario sobre el local. En materia comercial, impulsó un "proteccionismo inteligente".

 

La ultraderecha argentina es irrestrictamente liberal en lo económico, aunque eso implique defender a monopolios en detrimento de la mayoría. No hay para Milei, José Luis Espert y compañía proteccionismo que valga y cualquier pretensión soberanista se esfuma en el altar de la apertura y la reforma monetaria. Para el presidenciable, al menos, la defensa de la libertad consiste, en este aspecto, en que cada ciudadano y cada ciudadana elija la divisa en la que realiza sus operaciones, atajo hacia la dolarización.

 

En el juego de las similitudes y las diferencias, la ultraderecha francesa exhibe un carácter nacionalista, proteccionista y más plebeyo. La argentina tiene un sesgo libertario extremo. Esto hace que a Le Pen le resulte más fácil morder voto obrero, pero el dato no debería dejar tranquilo al peronismo: el problema son las crisis.

 

Si en Europa el detonante del ascenso ultra fue, además de los efectos de la globalización, el choque cultural con una inmigración de fe y costumbres muy diferentes a las tradicionalmente prevalecientes, en la Argentina la crisis es una decadencia socioeconómica sin fin, ante la que las dirigencias –no solo políticas– se muestran entre incapaces, impotentes y desinteresadas.

 

Las formas cambian; el desencanto es el mismo.