17|1|2023

El Evita le hace caso a Cristina: arma un partido para presentarse a elecciones

31 de mayo de 2022

31 de mayo de 2022

Es la fuerza territorial que juega para Alberto Fernández y pulsea con La Cámpora en la interna. Empujan las nuevas generaciones. Del piquete a las urnas.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) “¿Quieren gobernar? Armen un partido y preséntense a elecciones", desafió Cristina Fernández de Kirchner, cuando era presidenta, a la familia judicial. El Movimiento Evita, soporte territorial del presidente Alberto Fernández en la pelea con el kirchnerismo en la interna del Frente de Todos -con La Cámpora, en particular-, se adelanta y, antes de que se lo pida, le hace caso a CFK: según pudo saber Letra P, la organización social trabaja en la construcción de un partido político propio para institucionalizar el salto de la calle, de donde surgió durante la crisis de 2001, a las urnas, con las elecciones de 2023 como objetivo urgente.

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“Estamos avanzando con la idea de crear un partido propio”, confirma a este medio un referente de peso dentro del espacio que conducen Emilio Pérsico y Fernando Navarro, los dos con cargos de secretarios de Estado y expectativas de manejar, próximamente, una estructura vinculada a la economía popular con rango de ministerio. “En términos de estrategia política -explica-, es importante porque, dentro de cinco, diez o veinte años, el Evita tiene que poner un presidente”.

 

Sin embargo, más allá de esa aspiración de largo plazo, la fuente reconoce que un partido propio sería una herramienta importante para la disputa interna que se dará el próximo año si se concreta la pretensión del Presidente de dirimir las candidaturas en una interna a través de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Es más, con el mismo objetivo, como adelantó Letra P, el propio Fernández mandó a poner en orden su propio sello partidario, ParTe, en Buenos Aires.  

 

“Tenemos que tener autonomía política para poder acumular hacia algún lugar; si no, somos la fuerza más grande de Argentina que siempre se alquila a las expresiones coyunturales. Fue (Felipe) Solá, fue (Florencio) Randazzo, fue (Jorge) Taiana y hoy es Alberto (Fernández)”, admitió un dirigente del Evita que impulsa dar el paso de la institucionalización del movimiento a través de un partido político.

 

Al menos desde lo estratégico, las fuentes consultadas aseguran que el debate está saldado respecto al rumbo a tomar, aunque reconocen matices respecto a cuál debe ser el camino. Hay quienes, incluso, piensan que, en lo inmediato, un recurso posible es echar mano al partido de Alberto Fernández para, desde allí, discutir candidaturas. Sin embargo, prevalece, principalmente entre las generaciones más jóvenes, la idea de dar un primer paso con un partido a nivel provincial, en Buenos Aires, para luego expandirse.

 

“Hay toda una generación dentro de nuestra organización que, aunque considera a Emilio (Pérsico) y al Chino (Navarro) como su conducción, porque si nosotros bailamos es porque ellos abrieron las puertas del boliche, cree que la militancia que hoy tiene entre 30 y 50 años tiene que hacerse cargo y que su objetivo de máxima no es un ministerio de la Economía Popular, sino gobernar”, advirtió un concejal con asiento en el conurbano que pone, como principales referentes de esa nueva camada, a la intendenta de Moreno, Mariel Fernández;  al diputado Leonardo Grosso y al concejal de Lanús y director nacional en la Jefatura de Gabinete Agustín Balladares, entre otras figuras del espacio.

 

Dentro de ese grupo explican que tener un partido brinda una herramienta que “permite amenazar con más contundencia desde la defensiva y desde la positiva, jugar”, al tiempo que, en el terreno de lo simbólico, se estructura la idea de que “el Evita tiene autonomía política” y de que va a “construir su propio destino”.  

 

Del piquete a las urnas

El Movimiento Evita surgió como tal en 2004, de la fusión de diferentes organizaciones piqueteras que ganaron la calle durante la crisis de 2001. Su territorio de origen es el conurbano bonaerense. Se acopló al gobierno de Néstor Kirchner y acompañó a Cristina Fernández hasta 2015. Con la administración Cambiemos mantuvo una relación de convivencia y mutua conveniencia: en ese período, administró cientos de miles de planes sociales, ganó poder y creció en estructura. De esos años data su pelea con el kirchnerismo: en 2016, rompió el bloque del Frente para la Victoria y se abroqueló en el peronismo federal.

 

El auge del Evita llegó con la presidencia de Alberto Fernández, que le dio cargos de peso dentro del gobierno nacional, tanto en la jefatura de Gabinete como en el Ministerio de Desarrollo Social. La organización cuenta, además, con dos diputados nacionales, una diputada provincial, una intendenta y alrededor de cincuenta concejales en la provincia de Buenos Aires.

 

“Somos un movimiento social muy nuevo. Hace 20 años cortábamos rutas y hoy estamos planteando la necesidad de poner un candidato a presidente, a gobernador, intendentes... y eso habla del crecimiento nuestro, que es un proceso, pero que tenemos que empezar a plantearlo. Tenemos contradicciones, pero también unidad en ese horizonte estratégico”, explica un funcionario que reporta a Navarro.

 

Para afinar estas discusiones y marcar un rumbo claro, el Evita tendrá dos encuentros de peso durante junio. El 11 se reunirá la mesa nacional del Movimiento y el 28 se llevará adelante en la ciudad de Buenos Aires el Congreso Nacional, del que participará Alberto Fernández.

 

Hay un argumento central que repite la dirigencia del Evita como un mantra para justificar su respaldo irrestricto a Fernández en medio de la guerra interna del Frente de Todos: “Si Alberto no llega, no llega nadie”, dice, en alusión a llegar a la elección ejecutiva con expectativas de reelección. Sin embargo, hay otro mucho más pragmático que no tiene que ver con los cargos ni con el manejo de planes sociales. Con el objetivo de armar un partido político y transformarse en una alternativa de poder, en el Movimiento Evita consideran que Fernández es “un presidente de transición” que les va a dar “tiempo y oxígeno” para el paso hacia una expresión “más propia”, esto es, un partido político propio fuerte que genere cuadros con expectativas reales de llegar al poder.