09|5|2022

El oficialismo dejó expuestas sus fisuras con debates que tienen a la economía y a las disputas de poder en el centro. Unidad complicada y futuro incierto.  

¿Querés escribir algo sobre el escenario político para 2023? La propuesta es generosa y amplia. Puedo elegir el frente partidario, la cantidad de caracteres del artículo y el día de la entrega sin urgencias. Tomo la bolilla del Frente de Todos, me propongo no fatigar la paciencia del lector y procuro escribir de corrido cuando aún resuena en mis oídos la “clase magistral” de Cristina, la más maravillosa música para los kirchneristas y un ruido colosal para Alberto y quienes lo acompañan.

 

La inercia de las últimas semanas me lleva a tomar el camino fácil e inclinar la balanza por un próximo año de elecciones presidenciales sin la boleta (¿única?) del FdT. Aunque buena parte de quienes lo integran hoy decidieran renovar contrato por una nueva temporada seguro decidirían un cambio de marca. La actual está muy gastada. Avatares de gobernar con la cancha inclinada. Recuerdo que en 2019 Cambiemos mutó a Juntos por el Cambio. Claro que siguieron unidos. Y aquí el nudo de la cuestión pasa por saber si el peronismo y sus aliados podrán en lo que resta de la presidencia hacer las paces, saldar las diferencias, institucionalizar el espacio y seleccionar los candidatos a partir de un programa común. Parece difícil. Muy difícil.

 

La puesta en escena de la vicepresidenta en Chaco recuerda que las diferencias sustanciales continúan. No las quiere rotular como pelea porque nadie agredió físicamente a nadie, pero reconoce que se trata de un debate, es decir de una discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas. Para respaldar su estilización acudió a la etimología, evocando al Mariano Grondona de Hora Clave, aunque omitió especificar que, de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, la primera acepción del concepto es controversia y la segunda, contienda, lucha o combate. Por suerte aquí nadie se lastimó, ni siquiera al afeitarse, pero las diferencias están a la vista y son de intereses -como ella misma destacó- y también personales, como dejó entrever con cierta elegancia. Vamos a las primeras, que son determinantes para la cuestión que pretendemos tratar.

 

A partir de la firma del acuerdo con el Fondo Monetario quedó expuesta la fractura entre quienes, como el ministro de economía, Martín Guzmán, creen en la necesidad de estabilizar el mercado financiero para que no se materialice una corrida cambiaria con el consecuente colapso económico y político. En ese supuesto fundamentan la aceptación de las “sugerencias” de Kristalina Georgieva respecto a la reducción de subsidios y la emisión monetaria y el aumento de las tasas de interés y el tipo de cambio oficial. Esta receta está en las antípodas del manual de economía de CFK que entiende los subsidios como una política de ingresos y la emisión, las tasas negativas y el tipo de cambio atrasado como anabólicos fundamentales de la demanda. Dicho coloquialmente, una forma de poner plata en el bolsillo de la gente. Fundamentalmente de SU gente. Se trata de dos propuestas antagónicas con un solo punto en común: ambas son absolutamente pasivas para enfrentar la inflación en el corto plazo. Y como sabe, en el largo hay elecciones. Claro que existen otras dificultades para seguir conviviendo juntos.

 

El aporte que en el pasado brindaba el Frente Renovador a partir de su mensaje empático para el electorado que está más allá de la tercera sección electoral encuentra dificultades para arrimar el año que viene una cantidad de votos similar a la que aportó en 2019. Sergio Massa necesita para restablecer el canal de diálogo con su tradicional clientela que baje la inflación de precios y también la inflación que afecta hoy al gobierno que integra.

 

Las banderas que conmueven al kirchnerismo respecto de la reforma judicial, los medios hegemónicos y los grupos concentrados van en la dirección opuesta a la sensibilidad de aquellos a los que el presidente de la Cámara de Diputados pretende seguir representando. No alcanza con la buena voluntad para cerrar estas brechas. Tampoco el buenismo o la convicción que el año que viene, más allá de los rótulos, se repetirá el superclásico argentino de peronismo vs no peronismo que aunará voluntades desplazando las internas y las cuestiones personales. A estas últimas no hay que subalternizarlas.

 

La política de clases, sectores e intereses la encarnan mujeres y hombres con sus ambiciones, vanidades, afectos y rencores, memorias y olvidos. ¿Podrán Él y Ella -y sus respectivos séquitos- olvidar una vez más agravios y sinsabores? A favor de la moción se podría argumentar que ya lo hicieron en el pasado, mostrando un pragmatismo absoluto para dejar atrás las descalificaciones impulsados por el deseo de regresar al poder. En contra se podría sostener que en esta ocasión las heridas son más profundas, los roles institucionales están invertidos y las promesas por una nueva oportunidad de “ser mejores” resultan menos creíbles. Por las dudas, los accionistas mayoritarios ya desarchivaron el sello de Unidad Ciudadana, aquel que habían utilizado para resistir con aguante la ofensiva macrista. Quizás, una vez más, el medio sea el mensaje.