12|8|2022

Se despejan las nubes del FdT, que espera el sol de agosto

12 de junio de 2022

12 de junio de 2022

El discurso de Fernández en la Cumbre de las Américas sumó al clima de distensión. Los diálogos posibles. La inflación, clave en la recomposición.

Optimismo. Sensación de alivio. Cambios de humor. En una semana, una serie de acciones alineadas, que se iniciaron con la foto conjunta de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en Tecnópolis y terminaron en el celebrado discurso del Presidente en la Cumbre de las Américas, empezaron a descomprimir el clima de tensión en el Frente de Todos (FdT) y marcaron en el horizonte una meta común: que “en dos meses” el número de la inflación baje de una manera tan significativa que sea capaz de sellar la paz definitiva.

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“La discusión estará muy condicionada por el número de inflación de mayo. Si se empieza a quebrar la curva, se irá distendiendo el clima. Las cosas se van a empezar a acomodar”, dice un interlocutor del Presidente que también tiene diálogo con el cristinismo. El día D es el martes 14, cuando el INDEC anuncie el número que empezará a marcar el destino del ministro de Economía, Martín Guzmán.

 

En el entorno de Fernández ya marcaron un deadline: en dos meses, la inflación tiene que empezar a marcar una clara tendencia a la baja. El ministro, dicen cerca del Presidente, no tiene más excusas. Con el traslado de la Secretaría de Comercio a su órbita, y el posterior nombramiento de un hombre de su confianza, Guillermo Hang, como titular, Guzmán tiene “todas las herramientas” a disposición para combatir la inflación.

 

El mes clave para definir el destino del ministro, coincide otro funcionario muy cercano a Fernández, es agosto. Como una carambola inesperada, la salida repentina de Matías Kulfas del gabinete fue un factor clave que le sumó vidas a Guzmán en el juego del FdT. Entre los dirigentes que hablan con Cristina hay quienes dicen que el verdadero encono personal de la vicepresidenta era con Kulfas.

 

“Con Guzmán hay diferencias, pero con Kulfas era más personal”, apunta un hombre que visita a la vicepresidenta en el Senado. La razón del enojo era el libro “Los tres kirchnerismos”, que Kulfas escribió en 2016 y que Cristina mencionó en su discurso en Chaco como un factor que le generó disgusto cuando Fernández lo propuso como ministro de Desarrollo Productivo.

 

Con la cúpula del Gobierno ocupada en el affaire Kulfas, Guzmán promovió su propio acierto con la presentación del proyecto que grava la renta inesperada. En el Museo del Bicentenario, cosechó aplausos del dirigente social Juan Grabois, de la diputada Natalia Zaracho y de los legisladores Federico Fagioli, Itai Hagman, Hugo Yasky y Sergio Palazzo, entre otros. Todos votaron en contra del acuerdo con FMI y estuvieron en la Casa Rosada con el aval de la vicepresidenta.

 

Fernández tomó nota de cada gesto de aprobación que hicieron durante el discurso de Guzmán y lo comentó con su círculo íntimo. Fue un bálsamo para la interna. Eso se sumó a la satisfacción que transmitieron la propia vicepresidenta y su entorno por la rápida reacción del Presidente frente a la crisis que desató el off que envió a los medios el entorno de Kulfas. 

 

La decisión de pedirle la renuncia a Kulfas y la incorporación de Daniel Scioli al gabinete “cayó muy bien” en el Instituto Patria. “Estamos poniendo jugadores de Primera A. Es muy importante que hayamos sacado a la cancha a jugadores de primer nivel. Esto significa que el Gobierno está vivo”, celebró ante Letra P un interlocutor de Fernández.

 

A la llegada de Scioli se sumó, además, el regreso de Agustín Rossi como interventor de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). El vínculo entre Rossi y la vicepresidenta no atraviesa un buen momento, pero en el cristinismo reconocen que tanto Scioli como el santafesino le darán más “volumen político” al Gobierno. “Ahora habrá que ver si Alberto lo sabe aprovechar”, apunta un funcionario de primera línea del Gabinete que dialoga con la dupla Fernández.

 

La alocución del Presidente en la Cumbre de las Américas terminó de alinear los planetas de la semana. “El discurso de Alberto en Los Ángeles ayudó mucho. Al kirchnerismo más duro le gustó”, dice un dirigente que cruzó mensajes con el camporismo después de la intervención del primer mandatario frente a Joe Biden.

 

Si el cristinismo había objetado la política exterior del Gobierno por su alineamiento con Estados Unidos en la guerra de Ucrania, entre otros temas, todos los ejes del discurso en Los Ángeles fueron música para los oídos de la vicepresidenta: el cuestionamiento al anfitrión por las exclusiones, el reclamo en nombre de Cuba, Venezuela y Nicaragua, la mención a las Malvinas, las críticas a Luis Almagro por el golpe de Estado en Bolivia y el reclamo por la usurpación de la silla del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Hasta el embajador argentino ante la Organización de los Estado Americanos (OEA), el cristinista Carlos Raimundi, lo revindicó públicamente.

 

"Las palabras del Presidente se identifican mucho con las posiciones que siempre sostuvo Argentina en política exterior, cuando tuvo gobiernos nacionales y populares", dijo Raimundi, en declaraciones a AM 990, y señaló que recibió "muy bien" las palabras presidenciales, al igual que "todos los sectores del arco nacional y popular". “Si juntamos tres o cuatro hechos de esta naturaleza, las cosas se van a ir acomodando”, apuntó.

 

Para abonar el momento de incipiente armonía, el camino por delante muestra en lo inmediato una agenda en el Congreso capaz de amalgamar a Todos. El impuesto a la renta inesperada tiene un futuro incierto en Diputados, pero encontrará encolumnado a todo el bloque que conduce Germán Martínez, más allá de que Sergio Massa todavía no haya dado muestras públicas de respaldo contundente. En el horizonte aparecen también la ley de Compre Argentino, que empezará a debatirse la semana próxima, y otras como la ley agroindustrial.

 

Paradójicamente, algunas de las iniciativas pendientes llegaron al Congreso promovidas por Kulfas. “Fueron promesas de campaña del FdT. Son leyes de todos, no de Kulfas”, apunta una voz del oficialismo en Diputados. En el listado se anota, asimismo, el proyecto de ampliación de la Corte, que entró por el Senado. Aunque tiene bajísimas chances de prosperar, forma parte de una “agenda de reivindicaciones del espacio que ayuda” a cohesionar.

 

Al alivio que viven las segundas y las terceras líneas le falta el moño final: la bilateral entre el dúo Fernández, que no termina de concretarse. “Venimos fracasando con rotundo éxito”, bromea un miembro del albertismo que tiende puentes con el cristinismo. Quieren que, al menos, el Presidente y la vice puedan cerrar "cuatro o cinco temas" de agenda que marquen el rumbo. 

 

“Contento” después del acto de Tecnópolis, por lo que fue al menos una reunión que contribuyó a distender la interna, el Presidente no piensa por ahora llamar a la vice para reunirse con ella. Se lo dejó en claro a distintos interlocutores en los últimos días que le pidieron que al menos escuchara lo que Cristina tiene para decirle. En los próximos días, arriesgan algunos, tal vez podría verse un primer gesto de acercamiento, con el armado de una mesa política mixta de la que podrían participar enviados de Fernández y de Cristina. “Si ya se hizo una vez, ¿por qué no podría repetirse?”, dice un hombre cercano al Presidente en relación al esquema que formaron hasta las elecciones de 2021 el propio Fernández, Massa, Máximo Kirchner, Santiago Cafiero y Eduardo de Pedro.

 

Los contactos bilaterales están activos. Los ministros cercanos al Presidente, como Juan Zabaleta (Desarrollo Social) y Gabriel Katopodis (Obras Públicas) ya acercaron posiciones. Este jueves, Katopodis recibió en San Martín a Kirchner. Zabaleta se reunió hace dos semanas con Cristina por segunda vez en el año y mantiene con ella un diálogo fluido. La vicepresidenta está encima de la agenda social y suele llamarlo por cuestiones de gestión. Parafraseando a Guzmán, el hombre de Hurlingham suele decir que “hay que tranquilizar la política”. En esa misión están embarcados.

 

El Presidente también hizo lo suyo. Hace poco más de una semana se juntó con Cristina en Tecnópolis después de tres meses de distancia. Para contener su disgusto por la llegada de Scioli al Gabinete, subió a Massa al avión que lo llevó a la Cumbre de las Américas. El titular de la Cámara de Diputados partió desde Buenos Aires con la intención de convencer a Fernández sobre la necesidad de reorganizar el gobierno y repensar el funcionamiento del FdT. El primer mandatario no se apura y busca ganar tiempo. Quiere que Guzmán logre demostrar que puede domar la inflación antes de sentarse con Cristina a hablar sobre 2023.

 

Si los planetas se alinean, el FdT podría llegar a diciembre con el índice a la baja y la unidad maltrecha, pero existente. Llevará, también, otro mantra que recitan los albertistas: que cumplió con su parte del contrato de 2019, no armó poder propio, no hizo caso a los cantos de sirena que le pidieron que rompiera. No traicionó. El miedo de quienes están en el medio es que esa reunión se concrete con una inflación anual en el 70% y que sea demasiado tarde.