04|8|2022

Decir que el conurbano no da más, que es una olla a presión, es mentir. Estamos en un momento de crecimiento de la industria, de baja del desempleo, de aumento de la construcción y hay millones de planes sociales en la calle que son el mayor despliegue de contención del Estado de la historia. Puedo contarles lo que veo todos los días acá en La Matanza: las ferias están llenas y los colectivos también, porque volvió a haber trabajo para los sectores populares.

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A mí no me van a contar lo que fue 2001. Los colectivos iban vacíos a las 6 de la mañana porque no había trabajo y en las casas había hambre. El “matanzazo” fueron 19 días en la ruta y nadie se quería volver porque ahí se comía. Hacer comparaciones livianas es desconocer lo que padece el pueblo. Nosotros sabemos muy bien lo que pasamos y las diferencias con lo que estamos viviendo hoy.

 

Decir “el conurbano no da más” es una irresponsabilidad. Quienes lo dicen no están pensando en el pueblo argentino sino en 2023 y lo que buscan es erosionar a Alberto Fernández. Pero se equivocan si creen que después de Alberto viene La Cámpora. Si a Alberto le va mal, lo que viene es lo peor de la derecha reaccionaria. Están cometiendo un error histórico.

 

No niego que la pandemia fue un momento muy duro y desesperante, pero no ver que la contención social del Estado en manos de este gobierno evitó el desborde es realmente estar ciego o tener otras intenciones. Eso debemos dejárselo a la derecha insensible, que no tiene ni idea de lo que es la vida en los barrios. ¿Alguien se imagina lo que hubiera sido esto en un gobierno macrista? Estaríamos hablando de una tragedia social. Tenemos un país que salió de la pandemia vacunado; no olvidemos los 100 millones de vacunas. Me da un poco de bronca la actitud, porque nosotros sabemos lo que es el desamparo y la desesperación.

 

En estos dos años, mucha gente trabajó mucho para sostener la vida. Sin las iglesias, no sólo la católica, las organizaciones barriales y las municipalidades, la realidad sería otra. Hablar desde afuera también es una falta de respeto para los que ponen el cuerpo todos los días.

 

Una de las preocupaciones en el conurbano es la inseguridad. Hay que construir la seguridad desde la participación popular. No creo en la receta facciosa y autoritaria. Hay que reparar el daño que causó el neoliberalismo y eso se hace fortaleciendo la participación popular junto con el acceso a los derechos perdidos y con mucho foco en la educación. Hay que recrear los “consejos de escuela” de Antonio Cafiero.

 

Otro tema es la falta de acceso a la vivienda y a la tierra. Hay un desequilibrio absoluto entre la propiedad concentrada y la imposibilidad de acceder a la tierra de la mayoría. Es una cuestión de decisión política. ¿Saben quiénes son los mayores propietarios de tierra? Son los estados nacional y provincial. Es decir, está en sus manos dar acceso a la tierra.

 

Distribuir la tierra de manera planificada es también pensar qué conurbano, qué país queremos. Hay un problema muy grande: se está formando el quinto cordón del conurbano y vamos rumbo a tener al 70% del país viviendo en un pedacito de tierra. No funciona un país con ese desequilibrio. Está mal pensado. Está desaprovechado.

 

En vez de dar estas discusiones, están agarrando la agenda de la derecha y entonces se ponen a discutir los planes sociales y estigmatizar a los pobres. Cuando el principal beneficiario de los planes es la clase media: ¿o dónde creen que van a gastar los planes los pobres? En los comercios, las industrias, las pymes de la clase media. 

 

Mi mensaje es que dejen de militar el hartazgo. Hay un pueblo peronista leal que espera que le respondan. Basta ver lo que pasó en La Matanza: en las PASO hubo 500 mil personas que no fueron a votar porque estaban enojadas, pero no se fueron a votar a la derecha. Se quedaron en la casa y después, en la segunda vuelta, hubo 250 mil que fueron a votar al peronismo. Ese voto no se pierde en la medida en que haya laburo y consumo popular.