03|8|2022

La Argentina está en crisis. No importa cuando leas esto, es una frase recurrente en espacios públicos y privados, entre dirigentes, en la opinión pública. Pero hay crisis y crisis y, en particular, hay una que es marca registrada en la historia reciente: la crisis de 2001.

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No vamos a ahondar en su descripción, conocida por la mayoría de los argentinos desde la experiencia, y simplemente diremos que fue una crisis multidimensional, política, económica, financiera y social tan severa que terminó en la salida anticipada de un gobierno y cinco presidentes en once días.

 

Hoy Argentina atraviesa dificultades socioeconómicas que se agravaron circunstancialmente por la pandemia y se expresan en altos niveles de pobreza, una informalidad laboral congelada desde hace años y una inflación inocultable que erosiona el poder adquisitivo de los ingresos hasta el punto en que muchos trabajadores formales, y con descuentos jubilatorios sean hoy pobres por ingresos. A la vez, Argentina también muestra índices de recuperación económica -incluso por encima de lo perdido durante la pandemia-, la tasa de desocupación más baja de los últimos seis años, altos niveles de consumo doméstico, por citar algunos indicadores.

 

¿Estamos en crisis? Y si estamos en crisis, ¿qué tan grave es?

 

Un sondeo de opinión pública realizado por Solo Comunicación de forma exclusiva para Letra P, hizo la siguiente pregunta en la región del conurbano de la Provincia de Buenos Aires que, por densidad poblacional e incidencia de indicadores sociales, suele ser la caja de resonancia de las crisis. El estudio se hizo a fines de mayo de 2022  entre 1500 residentes del Conurbano mayores de 16 años.

 

Como consecuencia de la inflación, la sociedad argentina está atravesando una situación económica difícil. De acuerdo a su recuerdo o conocimiento de la crisis del 2001, ¿usted cree que la Argentina está al borde de un estallido social como sucedió en aquella oportunidad?

 

Una mayoría del 45% considera que la Argentina está al borde de un estallido social similar al ocurrido en 2001. 

 

La percepción de proximidad de un estallido aumenta a medida que desciende la edad hasta alcanzar al 72% de quienes tienen entre 16 y 29 años; es decir, personas que nacieron entre los años 1993 y 2006. Una parte de las personas de este grupo no había nacido cuando sucedió aquella crisis o, en el mejor de los casos, tenían apenas ocho años, lo que sugiere que la percepción está motivada por el relato o conocimiento histórico, pero nunca por una experiencia propia y directa.

 

Según el nivel económico social autopercibido, la percepción del riesgo de estallido muestra una forma de “U” que alcanza sus valores más altos en los extremos de la pirámide social y se destaca significativamente en el sector bajo. 

 

Por otra parte, aumenta a medida que disminuye la imagen de gestión del gobierno nacional y se destaca entre quienes manifiestan cercanía política con los libertarios (92%), Cambiemos (66%) y el radicalismo (58%). De alguna manera, la percepción del riesgo de estallido está también politizada por cuanto es mayoritaria entre opositores y minoritaria en oficialistas. 

 

Este también es un punto de desencuentro con el escenario de 2001, cuando la percepción de la gravedad de la situación era casi unánime. Repasemos los datos de un sondeo de opinión pública  realizado en la misma región en diciembre de 2001 para observar la homogeneidad de la sensación de crisis.

 

·         El 97% consideraba que el país no estaba saliendo de la crisis recesiva en la que estaba inmerso.

 

·         El 91% estaba en desacuerdo con las medidas económicas anunciadas por el gobierno.

 

·         El 86% consideraba que las medidas económicas no conseguirían que la Argentina supere la crisis.

 

·         El 85% caracterizaba la situación de ingresos de sus hogares como de restricción de gastos básicos. 

 

·         El 73% decía que el patacón ayudaba poco o nada para superar la crisis. 

 

·         El presidente (Fernando De la Rúa), en ese entonces, tenía una imagen positiva del 13%.

 

Volvamos al presente: quienes perciben la inminencia de un estallido social son personas que se autoperciben del estrato socioeconómico bajo, jóvenes y quienes sienten afinidad por el espacio político libertario. 

 

Entre quienes se autoperciben del estrato socioeconómico bajo, puede haber personas que hayan experimentado de manera directa la crisis de 2001. En cualquier caso, estos sectores suelen tener mayores niveles de pérdida de empleo en situaciones críticas, combinado con trabajos de menor calificación o informales. Son sectores con mayor sensibilidad a la pérdida de poder adquisitivo por procesos inflacionarios que impactan de forma diferencial en hogares que destinan la mayor parte de sus ingresos al rubro alimentario, que es uno de los principales motores de la dinámica de precios. Los sectores más bajos de las pirámides sociales son siempre los primeros en sufrir los efectos adversos de las dificultades económicas y, normalmente, las crisis son vividas como similares entre sí, por cuanto reproducen características ya experimentadas.

 

Es posible que para los jóvenes la situación que atraviesa la Argentina en los últimos años -la combinación del deterioro durante el gobierno de Mauricio Macri, la pandemia y sus efectos y las dificultades del actual gobierno- sea vivida como uno de sus primeros contactos con problemas económicos. Conocen de primera mano la situación actual, mientras que conocen de manera indirecta por relatos de terceros la crisis de 2001. La ecuación es sencilla: es su primera crisis y es importante; si es importante entonces se supone parecida a la crisis de 2001. 

 

En este punto, es pertinente señalar la influencia que pueden ejercer dirigentes del espacio libertario en la construcción de un relato de máxima gravedad de la actual situación económica que refuerce la idea de una similitud con la crisis del 2001 a la vez que, con un discurso antisistema y antipolítico, pretendan presentarse como la solución del problema mientras se responsabiliza a “la casta política” como un revival del “que se vayan todos” de hace dos décadas.