28|9|2022

Los costos del efecto Massa

28 de julio de 2022

28 de julio de 2022

El país, en el Gran Quirófano. El "Operativo clamor" puso a la ministra de Economía en un limbo. El riesgo Solá y el Presidente europeo. Supercrisis.

"Gabinete: Massa muy cerca, pero Fernández resiste otros cambios", dice hoy Clarín en su portada impresa. La web, en tanto, se queda un pasito atrás: “Sería superministro de Economía", señala, moderando todavía más un titular que había vivido varios minutos este miércoles a la noche, que utilizaba el verbo en futuro simple y no en condicional. El "efecto Massa" es cierto, pero todavía "hay demasiadas operaciones” en curso, le dijo una fuente inobjetable a Letra P.

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El quirófano funciona a pleno y la especie, que ronda incluso desde antes de que Martín Guzmán abandonara su cargo de manera al menos desprolija, fue puesta en movimiento por Malena Galmarini, quien, desvelada, reflotó un viejo spot de campaña para decir que "todo vuelve, todo pasa, todo llega".

 

Nadie es inocente en este juego.

 

Lo que no puede dejar de llamar la atención es lo mal que hace y comunica el Gobierno. Para ir de lo muy grave a lo gravísimo, conviene recordar, en primer lugar, que Silvina Batakis, la posible perjudicada por la movida –ya sea por la dilución de su autoridad si tuviera que tolerar que un superministro mediara entre ella y Alberto Fernández o, directamente, por un reemplazo– todavía se encontraba en Estados Unidos cuando el "clamor" por Massa se echó a rodar. 

 

Mientras le serruchaban el piso, la ministra jugaba un partido bravo. No solo por el tenor de las reuniones que había mantenido en Washington sino porque, en Buenos Aires, el Tesoro lograba zafar de un vencimiento exigente de su deuda en pesos solo al costo de elevar con fuerza la tasa de esos papeles. Además, después del boicot del topo de Donald Trump en el BIDMauricio Claver-Carone, alguien trabajó para que la entidad le destrabara al país un crédito de 200 millones de dólares.

 

El problema, claro, no es el ego de la economista ni la justicia o injusticia con la que tratan, pase lo que pase al final. El hecho de que haya estado al filo de sufrir lo mismo que Felipe Solá –fue reemplazado tras el shock de las PASO del año pasado mientras volaba en misión oficial– es una pésima señal hacia el exterior por parte de un país que necesita proyectar más certezas que zozobras. Una vez más: la ministra de Economía venía de entrevistarse con la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, con funcionarios del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y con inversores importantes, entre otros protagonistas clave, para ratificar el compromiso del Gobierno con el acuerdo en vigor y con la estabilización de las variables macro.

 

Además, había asegurado el apoyo a esos lineamientos del trío que comanda, por decirlo de algún modo, el Frente de Todos. Al tanto del miércoles ajetreado que se vivió en Buenos Aires, más de una persona en ese grupo de interlocutores se habrá preguntado de qué les valió haber perdido tiempo en charlas que suponían de valor y, lo peor, con qué clase de gobierno están lidiando.

 

Si eso fue grave, hay algo todavía peor. El Presidente aparece presionado para aceptar, con Massa, un formato político que no desea. ¿Por quiénes? Para empezar, por Cristina Kirchner, quien querría la permanencia de Juan Manzur, pero pediría ahora las cabezas de Claudio Moroni Vilma Ibarra para, prácticamente, terminar de arrasar con el llamado albertismo. No es menor, en esa línea, que el encargado de fogonear el asunto durante una tarde en la que las versiones ya arreciaban haya sido Martín Insaurralde, nada menos que el jefe de Gabinete de Axel Kicillof.

 

Asimismo, Fernández parece acorralado por una mayoría de gobernadores que, temerosos por sus futuros locales, pasaron de ser su supuesto punto de apoyo en la interna feroz de Todos a exigirle un cambio de marcha.

 

¿El pasado que vuelve?

La expectativa por Massa es, en un punto, desmesurada. La crisis nacional es tan masiva y multidimensional, que los golpes de efecto se derriten al sol tan rápidamente como si estuviéramos en verano. En efecto, mientras la espuma del diputado subía, también lo hacían las acciones argentinas en un contexto más bien explicable por lo internacional. Sin embargo, el dólar paralelo que cuenta –por su carácter legal, su volumen y su impacto en la inflación–, el "contado con liquidación", subía al cierre de la rueda de este miércoles un 3,4%. En el mes, lleva casi 35% arriba. ¿Qué economía resiste semejantes sacudidas?

 

Fuente: Rava Bursátil.

 

Asimismo, ¿qué "superministro" sería capaz, por sí solo, de capear este temporal? Más cuando el mismo se alimenta con ciclones que se forman en el cielo de los Estados Unidos, donde la Reserva Federal decidió lanzar una nueva y fuerte suba de su tasa de interés de referencia y advertir, incluso, sobre la posibilidad de una nueva en el futuro cercano que sería "inusualmente grande". ¿Marcha el mundo hacia una era caracterizada por un superdólar? ¿Hasta qué punto esto puede presionar a la baja las cotizaciones de materias primas como la que exporta la Argentina? ¿Cuánto puede complicar esto el saldo comercial y, con ello, el frente cambiario doméstico de un país privado totalmente de crédito voluntario externo? Argentinos, a las cosas.

 

En paralelo, la desmesura mencionada empequeñece a Fernández, acaso el principal interesado en procrastinar el asunto. La imagen que se impone en el imaginario colectivo –por lo menos, en el del Círculo Rojo– es la de un presidente que se va convirtiendo en uno "europeo", esto es testimonial, mientras que la dinámica política pasa a orbitar en torno a una suerte de primer ministro ad hoc, que no sería otro que Massa.

 

¿Como en 2008, justo cuando otro momento de crisis con el sector agropecuario derivó en la salida de Fernández de la Jefatura de Gabinete de Cristina y su reemplazo por el hincha de Tigre?