21|9|2022

Samper: “Con Petro vamos a profundizar la unidad regional"

10 de agosto de 2022

10 de agosto de 2022

El expresidente analiza los retos del mandatario más progresista de la historia colombiana. Desafíos de la nueva izquierda. El rol de Venezuela y EEUU.

La asunción de Gustavo Petro como presidente de Colombia no es solo un hecho histórico para el país, que por primera vez tendrá en la Casa de Nariño a un mandatario de izquierda, sino para América Latina, que podrá sumar a las filas progresistas a un país que quedó por fuera del primer ciclo de esa tendencia que atravesó a la región a principios de siglo y que históricamente estuvo gobernado por la derecha. Ante este nuevo escenario que se abre para el continente, en diálogo con Letra P, el expresidente liberal colombiano Ernesto Samper anticipa que el mandato del exguerrillero del Movimiento 19 de Abril (M-19) permitirá “profundizar la unidad regional y fortalecer el vecindario” a la vez que adelanta posibles cambios en los vínculos con Venezuela y Estados Unidos, dos países claves para las relaciones internacionales de Bogotá. 

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-¿Qué significa Petro para América Latina? 

 

-Viene a fortalecer la integración. Va a haber muy buenas noticias muy pronto. Se empieza a formar un consenso para que haya una mayor presencia de los mecanismos de integración en la definición del futuro regional. Se está reactivando la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), se está fortaleciendo la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y no descarto que otros mecanismos de integración entren en un proceso de convergencia y tengamos la posibilidad de fortalecer el vecindario y tener muchas más posibilidades de defendernos conjuntamente. Soy optimista con estas posibilidades y más ahora cuando estamos coincidiendo gobiernos progresistas.

 

A inicios de siglo, cuando el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales, el argentino Néstor Kirchner y el brasilero Lula da Silva -entre otros- confluían en un proceso de unidad regional, Colombia permaneció inalterable en su modelo neoliberal alineado a los Estados Unidos y el libre mercado bajo la órbita política del entonces presidente Álvaro Uribe. Casi 20 años después, con un contexto que vuelve a encontrar a diferentes izquierdas en distintas latitudes, Colombia se incorpora con sus dos vínculos más importantes en la mira: Venezuela y Estados Unidos.

 

-¿Qué se puede esperar de la relación con Venezuela?

 

-Necesitamos un restablecimiento pleno de las relaciones. Es un país demasiado importante como para mantenerlo en la situación de preguerra que lo mantuvo el presidente (Iván) Duque en los últimos cuatro años. Ese restablecimiento se va a dar más pronto de lo que pensábamos. También hay que eliminar los ruidos que dificultan la relación con países hermanos que cumplen un papel muy importante para alcanzar la paz, como Cuba. 

 

-¿Cuál es el panorama con Estados Unidos?

 

-Colombia debe replantear su relación, pero no para tener malas relaciones. Buenos linderos hacen buenos vecinos. Tenemos que definir nuestros linderos, suprimir una serie de dependencias hegemónicas que se han creado durante los últimos 20 años, como el Tratado de Libre Comercio (TLC). Petro ha sido muy claro aclarándole a EEUU que vamos a tener unas excelentes relaciones a partir de unos excelentes límites.

 

Uno de los jefes de Estado que participó de la asunción de Petro fue el mandatario de Chile, Gabriel Boric, quien, al igual que su par colombiano, enfrenta el reto de la nueva ola progresista: cumplir las altas expectativas sociales con las herramientas del Estado en momentos de crisis económica. Para Samper, en ambos países hay similitudes y la misma llave de éxito.

 

-Depende de la reforma tributaria. No podemos financiar el modelo ampliando los impuestos a la clase media y menos a los sectores populares. Si existe la voluntad de que los sectores con mayor capacidad hagan una mayor contribución, si se puede renegociar la deuda externa y si se pueden utilizar los mecanismos de emisión controlada, no tendrán dificultades. En Colombia vivimos una época en la que la gente quiso pasar por encima de la paz porque consideraba más importante sus necesidades de corto plazo y en el caso de Boric la gente quiere pasar por encima de la nueva Constitución porque está más subordinada a las exigencias del corto plazo. Hay que entender que el corto plazo no puede ser posible de solucionar si no se solucionan factores estructurales, que son aquellos por los cuales la gente votó a Boric o Petro. 

 

-¿Qué significa Petro para Colombia?

 

-Es una oportunidad histórica, porque se están encontrando dos caminos. El primero, los 20 años de agotamiento de un proyecto político de derecha que inició a comienzos de siglo y que todavía dura: el uribismo. El segundo, el camino de paz que abren los Acuerdos de La Habana. Antes no había posibilidad de que hubiera opciones de izquierda, porque se confundía a la lucha armada con el proselitismo democrático y esto llevaba a la estigmatización, criminalización y eliminación de las opciones de izquierda. Con los acuerdos, estas expresiones de izquierda adquirieron legitimidad y llegaron a converger en el Pacto Histórico.

 

-¿Cuáles serán los principales retos de Petro?

 

-Primero, reactivar la paz. Llevamos cuatro años durante los cuales la paz se colocó en modo avión, por parte de Duque, provocando un serio daño. Segundo, la sustitución social de cultivos ilícitos que nos hubiera permitido ganarle al narcotráfico sacándole a todos los campesinos que se han visto obligados a estos cultivos porque no han tenido otra forma de subsistencia. Tercero, restablecer el tejido social que se vio seriamente dañado por la pandemia y encontrar un nuevo modelo de desarrollo más solidario que sustituya el modelo neoliberal que fracasó. Es decir, poner a marchar el postconflicto y la postpandemia. 

 

¿Cuáles deberían ser las características de este modelo? 

 

-Reducir los niveles de pobreza, que se aumentaron durante la pandemia, y reducir las desigualdades estructurales. Segundo, necesitamos un modelo que permita crear valor. No podemos seguir girando alrededor de un modelo extractivista o de maquila que procesa materias primas para Estados Unidos. Además, un modelo en el que la política social subordine a la política económica y no al revés. Todo esto requiere una transición ecológica y reactivar la integración latinoamericana.