22|9|2022

La Argentina condenó a Nicaragua en la OEA y una nueva interna acecha al FdT

12 de agosto de 2022

12 de agosto de 2022

La Cancillería repudió "enérgicamente" los ataques de Managua a la Iglesia. El embajador kirchnerista, Carlos Raimundi, estuvo ausente y delegó el voto.

La representación argentina ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), liderada por el embajador Carlos Raimundi, votó este viernes a favor de una resolución del organismo multilateral que condenó “enérgicamente” al gobierno del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, por el “cierre forzado de organizaciones no gubernamentales” y “el hostigamiento y restricciones arbitrarias” impuestas sobre “organizaciones religiosa y las voces críticas” de la oposición.

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De esta manera, la Argentina dejó de lado las diferencias políticas que mantiene con el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y apoyó la resolución titulada “la situación en Nicaragua”, que fue aprobada, finalmente, por 27 votos a favor; un rechazo -de San Vicente y Granadinas- y las cuatro abstenciones de Bolivia, El Salvador, Honduras y México. Del pleno se ausentaron Colombia, que desde este domingo tiene a Gustavo Petro como flamante presidente, y el propio gobierno de Managua, que anunció su retiro del organismo luego de denunciar su accionar como intervencionista sobre su propia soberanía.

 

En base a un informe presentado por la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, Buenos Aires dio su visto bueno a una resolución que insistió con su llamado al gobierno de Nicaragua para que “libere de inmediato a todos los presos políticos, cese la persecución y la intimidación de la prensa independiente y garantice el ejercicio del derecho a la libertad de expresión”. 

 

En su tercer punto, la normativa aprobada renovó su “ofrecimiento” para trabajar de forma conjunta con el líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional para que “restablezca la institucionalidad democrática y el respeto a los derechos humanos en Nicaragua”

 

El voto de la OEA llega después de una profundización de la persecución del presidente Ortega y su vicepresidenta y esposa, Rosario Murillo, contra la feligresía católica. Según distintas denuncias, durante los últimos días se produjo una serie de arrestos contra autoridades católicas del país, fueron expulsadas organizaciones y cerrados medios de comunicación vinculadas a la Iglesia. 

 

Esta nueva resolución es una más de una serie de votaciones que la OEA emprendió en contra de Managua, a quien acusa de violar los derechos humanos y perseguir a la oposición. “El ambiente de opresión se ha agravado, con un número creciente de arrestos, y detenciones arbitrarias, el cierre forzado de organizaciones no gubernamentales, la toma autocrática de las alcaldías de cinco municipios cuyos titulares eran de un partido político de la oposición, la intensificación de la represión de los periodistas y de la libertad de los medios de comunicación, y ataques a monjas y sacerdotes de la fe católica romana”, sostiene la misma.

 

Al igual que una serie de debates que marcan la interna oficialista, la diplomacia no es la excepción y este voto amenaza con desatar nuevas disputas. Un dato de la jornada avivó este miedo: el propio Raimundi se ausentó de la votación y delegó el voto argentino en la representante alterna ante la OEA, María Cecilia Villagra. De todas maneras, el voto, definido por el canciller Santiago Cafiero, es una continuidad de la política exterior del presidente Alberto Fernández, que se enmarca en la denuncia de las violaciones de los derechos humanos ante distintos organismos internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o, en este caso, la OEA.

 

El apoyo de Buenos Aires a la resolución impulsada por Almagro, a quien el Frente de Todos (FdT) considera responsable del golpe de Estado que en 2019 destituyó al expresidente de Bolivia Evo Morales, y la condena por la violación de los derechos humanos en un país pueden generar la incomodidad de los sectores más cercanos al kirchnerismo, que consideran al primer punto como un alineamiento con los Estados Unidos y al segundo, como una intromisión en los asuntos internos de otro Estado. Como si al oficialismo no le faltaran frentes que amenacen su delicada armonía, desde el extranjero puede llegar una nueva disputa.