25|9|2022

Las mil vidas de una outsider peronista

14 de agosto de 2022

14 de agosto de 2022

Feminista de la primera hora, es secretaria de Políticas de Igualdad y Diversidad. Militancia contra la corriente, corazones rotos y cargas de la desigualdad.

Embajadora argentina ante Naciones Unidas, senadora nacional, directora regional de Unicef y ahora secretaria de Políticas de Igualdad y Diversidad del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, que encabeza Elizabeth Gómez Alcorta. Todos esos son solo algunos de los lugares que ocupó y ocupa hoy María Cristina Perceval, mucho más conocida como Marita en los diversos mundos donde transita esta rara avis para la política y para las organizaciones de la sociedad civil. Mendocina y peronista, Perceval es filósofa y se especializó en epistemología y estudios de género cuando las mujeres no seguían la carrera de Filosofía y mucho menos se reconocían feministas. “Llegué por rebeldía y ternura”, explica a Letra P. “Rebeldía de esta filosofía donde el pensar era exclusiva y excluyentemente de los varones blancos occidentales; rebeldía porque quería pensar y quería que me reconocieran el derecho a pensar”, enfatiza la funcionaria y redacta las frases mientras habla.

desPertar

Un análisis útil para enfrentar
una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

desPertar

Un análisis útil para enfrentar

una realidad desafiante

Recibilo todas las mañanas en tu mail

 

Peronista “de marchas” y feminista de la academia, Perceval tuvo su primer espacio de representación en 2001, cuando fue elegida senadora nacional por Mendoza, por la minoría. En pleno “que se vayan todos” y mientras trabajaba en un programa de igualdad de condiciones y oportunidades para las mujeres en el ámbito educativo para las Naciones Unidas, la fueron a buscar para completar la boleta.

 

“Me vinieron a proponer una candidatura, pero no en una carroza. Me dijeron: ‘Estamos en crisis total, no vamos a ganar (en mi provincia) y vos no vas a entrar. En realidad necesitamos una mujer que tenga algún prestigio. No vas a tener afiches ni panfletos. ¿Aceptarías?’”. Dijo que sí, porque quería “quebrar certezas de exclusión, quebrar la inevitabilidad del fracaso, romper la mediocridad de la impotencia, la política del posibilismo”. Así entró al Senado.

 

Un baño y una licencia

La campaña fue a tracción a sangre: hojas de cuadernos Gloria de tapa blanda que le había regalado su mamá (la primera mujer organista de la Argentina), en donde ella misma y varias compañeras dibujaban una sonrisa roja y escribían el número de teléfono personal de la candidata. “No es el elogio de la pobreza, es el elogio de una asignatura pendiente: el financiamiento de los partidos políticos y las mujeres, además de la incompatibilidad entre los tiempos de cuidado y los de la política”, explica.

 

Cuando llegó a la Cámara alta, cuenta, tuvo que pedir, junto a otras legisladoras de las distintas bancadas, que hubiera un baño para mujeres y que se reconocieran las licencias por embarazo.

 

Perceval en entrevista con Letra P. (FOTOS: SANTIAGO CICHERO)

Recuerda como un hito político haber ocupado la presidencia de la Comisión de Defensa del Senado, a pedido de Néstor Kirchner. Según relata, el entonces presidente le propuso el desafío porque ella había estudiado el tema y le agregó: “Además, porque peronista, feminista y con el pelito rojo”. Allí presentó proyectos como la regulación de la tenencia de armas y el Plan de Acción de Desarme de las armas ligeras. También militó activamente una ley fundamental para los derechos de las mujeres: la 26.485, de Prevención y Sanción de la Violencia contra las Mujeres.  

 

Del Senado pasó a los cargos ejecutivos en distintas áreas del Gabinete hasta que en noviembre de 2012 reemplazó al actual embajador en los EEUU, Jorge Argüello, en la representación diplomática argentina ante Naciones Unidas. Fue votada de manera unánime por la Cámara alta, algo que destaca especialmente: “Lo digo como gesto de agradecimiento, no de soberbia, porque creo en la democracia de las convergencias, que no significa perder identidad”.

 

Terminado el mandato en la ONU, Perceval recibió la oferta del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), que buscaba a una persona para la dirección regional. Luego de numerosas entrevistas (“Me presenté, por supuesto, porque me parecía absolutamente feminista y peronista el tema de las infancias”), el 8 de marzo de 2016, Día Internacional de la Mujer, asumió el puesto ejecutivo en Unicef.

 

Outsider

Le gusta decir de sí misma que parece “extravagante”, pero es más precisa cuando se define como “una fantástica outsider”. “Cuando estaba en la academia, me decían que era política. Cuando llegué al Senado, me decían que era académica. Cuando fui embajadora, me decían que no era diplomática. Cuando estaba en Unicef, me decían que no era ‘una burócrata de las agencias’”, enumera. Tal vez ahora, que “por cordialidad y compromiso” se suma a trabajar en “la consolidación de este ministerio que supimos conseguir”, nadie le cuestiona su lugar. Relata que aceptó asumir como secretaria de Igualdad y Diversidad del Ministerio de las Mujeres –en reemplazo de Cecilia Merchán– en un momento muy especial: había muerto el amor de su vida. “Solo podía decir que sí a una propuesta que amara demasiado; no había mejor forma de hacer este duelo que honrar lo que creo”, se emociona.

 

Esa convicción la lleva a trabajar con una agenda que prioriza la salud de las mujeres en todos sus aspectos. Hasta hace pocos años, la primera causa de muerte de personas con capacidad de gestar eran el aborto clandestino –hoy ya legal y seguro– y el cáncer génitomamario, índices que mejoraron gracias a las campañas de prevención y detección precoz. “Hoy nos morimos del corazón”, dice Perceval. “Nos matan las patologías cardíacas, son la primera causa de muerte en las mujeres porque el estresazo existe, la sobrecarga pesa, la desvalorización cuenta”.

 

El tratamiento legislativo del proyecto Cuidar en Igualdad, presentado por el Ejecutivo el 2 de mayo en el Congreso, es una de las prioridades de su gestión. Es que la salud cardiológica tiene que ver con el trabajo no remunerado: “¿Y si le aflojamos un poquito al corazón?”, se pregunta. “¿Y si buscamos que las condiciones de trabajo sean menos precarias y que la sobrecarga de los cuidados no caiga en un solo lado? ¿Y si en vez estar en el acoso de la desventaja todo el tiempo, empezamos a tratarnos de igual a igual?”, prosigue y asegura que lo fundamental es “cuidar a quienes cuidan” y “hacer del cuidado el reconocimiento de un trabajo, una necesidad y un derecho”.

 

Si se avanza en este sentido, dice Perceval, poéticamente, “capaz que nos morimos menos del corazón y usamos nuestro corazón para eso que nos encanta: amar hasta decir nunca basta”.