25|9|2022

14 de agosto de 2022

14 de agosto de 2022

El hombre de confianza del Presidente gana poder en el gabinete. Promotor de Massa y todoterreno de la política. Dinamizar la gestión, su misión ¿imposible?

“Y vos, ¿cuándo vas a jugar?”. Juan Manuel Olmos siempre estuvo, pero nunca se dejó ver demasiado. Armador, operador, asesor, al hombre que durante años movió los hilos del peronismo porteño desde las sombras le tocó, esta vez, asumir un papel visible en la toma de decisiones del gobierno desanimado que conduce su amigo desde hace décadas Alberto Fernández: tiene la difícil misión de imprimirle “agilidad” a la gestión.

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Fue Sergio Massa uno de los que lo apuró para que dejara su papel en la mesa de asesores del Presidente y se decidiera, finalmente, a entrar a la cancha de la gestión para ser vicejefe de Gabinete. Casi una devolución de gentilezas. Olmos fue uno de los que más insistió para que Massa desembarcara en el Ministerio de Economía. Lo hizo en tándem con Vilma Ibarra, la secretaria de Legal y Técnica y mano derecha indiscutible de Fernández.

 

Olmos e Ibarra juegan de memoria y son el dúo con injerencia en resortes de poder más fiel que le queda al mandatario en el Gobierno. Ibarra le cuida la firma. Todo pasa por sus ojos. Fernández resistió en las últimas semanas un intento de Cristina Fernández de Kirchner para apartarla de la Secretaría de Legal y Técnica. “La tenés desaprovechada”, le dijo la vicepresidenta en uno de sus últimos encuentros. Fue un elogio para otorgarle un ascenso que tuvo como objetivo, en realidad, sacarla del cargo. El Presidente no cedió. “De la misma forma que el sol sale por el este y se pone por el oeste, Alberto es el Presidente y Vilma es la secretaria de Legal y Técnica. Es así y no va a cambiar”, dicen en los pasillos de la Casa Rosada.

 

Olmos, de 49 años, también tiene destino de inamovible. Un día después de que se anunciara el nombramiento de Massa como ministro de Economía, Producción, Agricultura, Ganadería y Pesca, se conoció que el dirigente porteño quedaría a cargo de la Secretaría de Gabinete, que se ubica en el organigrama debajo de la Jefatura del tucumano Juan Manzur; un cargo que se conoce como el de vicejefe de Gabinete, aunque no existe como tal.

 

La versión oficial indicó que fue el propio Manzur quien le pidió a Fernández la incorporación de Olmos, por ser “uno de los hombres del Presidente con más experiencia en el manejo de los temas del Estado”. El nuevo vicejefe asumió en lugar de Jorge Neme, que se mudó a Economía con Massa, con quien tiene una gran relación, para quedar a cargo de la Secretaría de Planeamiento del Desarrollo y Competitividad Federal.

 

La lectura menos edulcorada vino a mostrar que la llegada de Olmos fue, en realidad, una jugada de Fernández para tener a uno de sus hombres de mayor confianza con el ojo puesto en toda la gestión. La relación entre el Presidente y Manzur navega sin turbulencias, pero no se parece en nada al vínculo que tiene, en condiciones normales, un primer mandatario con su jefe de Gabinete, que suele tener entrada libre al despacho para discutir cada movimiento.

 

El tucumano no es parte de la mesa chica de Fernández, aunque le reporta sus acciones. Trabaja para el Gobierno, lleva las relaciones políticas con las provincias, el sector empresario, los sindicatos y los municipios y tiene un diálogo demasiado fluido con Cristina del que Fernández está al tanto. La Liga de las provincias lo sostuvo en su lugar cuando llegó la ola massista.   

 

El desembarco de Olmos, con respaldo presidencial, vino a reacomodar las fichas. Este jueves, el Boletín Oficial mostró, en el decreto 480/2022, el poder de acumulación del flamante vicejefe, que se quedó directamente con tres subsecretarías - Asuntos Parlamentarios, Coordinación Presupuestaria y Coordinación Política e Institucional y la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) – e indirectamente con las áreas que volvieron a estar bajo la órbita de Micaela Sánchez Malcolm, la secretaria de Innovación, que le responde directamente. Ella tendrá a cargo cuatro subsecretarías y la Oficina Nacional de Contrataciones. El paquete incluye ARSAT, el Enacom y el Correo. Cerca del vicejefe de Gabinete dicen que la migración de áreas respondió a “una cuestión metodológica”. Al final de cuentas, todo dependerá de la misma persona.

 

La Subsecretaría de Asuntos Parlamentarios estaba bajo la órbita de Fernando Navarro, líder del Movimiento Evita. En la Casa Rosada nunca nadie se explicó bien por qué habían puesto las relaciones con el Congreso en manos de un dirigente social con base territorial. Navarro tiene nula relación con el Senado, donde manda Cristina, que lo quiere afuera del Gobierno. En Diputados los vínculos tampoco estaban aceitados, con los propios ni con los ajenos. Al día siguiente de asumir el cargo, Olmos se comunicó con varias figuras opositoras, entre ellas, Cristian Ritondo, un peronista PRO con el que tiene una relación de décadas. Con sus relaciones buscará destrabar el diálogo accidentado entre la Casa Rosada y el Poder Legislativo.

 

“Hay que aceitar mecanismos que no venían funcionando”, admiten en el Gobierno. En ese sentido, el desembarco de Olmos suma varios puntos clave. El vicejefe de Gabinete tiene diálogo con todos los sectores del FdT. Además de integrar el elenco de amigos con origen en el peronismo porteño, fue el arquitecto de la campaña presidencial en términos políticos y prácticos. También fue el artífice, en cuestión de dos semanas, de convertir un edificio en el que había funcionado una fábrica de muebles de oficina en el primer búnker que tuvo Fernández, en San Telmo. En el comando electoral, solo Fernández, Olmos, Santiago Cafiero y el legislador Claudio Ferreño, otro amigo albertista, tuvieron su propio despacho.

 

El vicejefe de Gabinete tiene, además, vínculos con todas las ramas del peronismo, el radicalismo, el PRO, el Poder Judicial, empresarios y hasta el papa Francisco. Habla con todos. Es un todoterreno de la política que tiene el camino marcado por el histórico Juan Carlos Mazzón, maestro en el rubro de la rosca peronista. Como aquel en sus tiempos en la Casa Rosada, aunque gane protagonismo interno, procurará mantener el bajo perfil en los medios. Olmos habla poco y solo cuando la gravedad del caso lo requiere. Prefiere tejer acuerdos en silencio y así seguirá. 

 

En la Ciudad tiene su propia agrupación, Nuevo Espacio de Participación (NEP). Con Mariano Recalde, presidente del PJ porteño y referente de La Cámpora, tiene una sociedad que funciona con éxito. El senador asistió a la jura del vicejefe junto a otras figuras de la agrupación que conduce Máximo Kirchner, como la diputada Paula Penacca. Se sentó al lado de Eduardo de Pedro, otro interlocutor de Olmos, que también le dio la bienvenida al gabinete. En el Ministerio del Interior entienden que la presencia del nuevo miembro de la Jefatura, un hombre “muy operativo”, generará un clima más integrado en el Gobierno.

 

Este miércoles, Olmos acompañó a Héctor Recalde en el acto en el que se lanzó como candidato para ocupar una silla en el Consejo de la Magistratura. La Cámpora lo reconoce como “el mejor” dirigente que rodea al Presidente, con volumen político y habilidad. Hace ya varios años que Carlos Zannini convenció a Cristina de que en el peronismo de la Ciudad no se puede hacer ningún movimiento sin que Olmos intervenga. Con la vicepresidenta se ve de manera esporádica. 

 

A Massa lo conoció hace 20 años. Muchísimo antes, cuando era un adolescente que recién empezaba a militar en el Partido Justicialista, había conocido a Malena Galmarini. La presidenta de AySA acompañaba por entonces a su mamá, Marcela Durrieu, a las reuniones políticas.

 

Olmos cree que Massa es el hombre indicado para este momento del Gobierno, cuando ya en Economía no alcanzaba con un técnico y se necesitaba un político de raza que pudiera generar nuevas expectativas. El desembarco del tigrense implica, además, el involucramiento completo de la tercera pata de la coalición, con diálogo con Cristina y con el Presidente, que, desde que firmaron la paz, no volvieron a verse.

 

Sobre la necesidad de reorganizar el Gobierno, Olmos habló con el propio ministro de Economía cuando integraron la comitiva que acompañó al Presidente a la Cumbre de las Américas, a principios de junio. Allí coincidieron en que había que imprimir velocidad y dinamismo a una gestión golpeada por la pandemia, los efectos de la guerra en Ucrania y, también, la interna del FdT.

 

Olmos ya bajó las primeras instrucciones para despabilar al gabinete. Pidió a todas las áreas del Estado – unas 300, en total - que preparen diez medidas cada una que se puedan cumplir desde septiembre hasta julio de 2023 y que en el planteo especifiquen cómo remover los obstáculos políticos, legales y presupuestarios que presente cada una. Elegirá cien y las anotará entre las prioridades presupuestarias para discutirlas con el secretario de Hacienda, Raúl Rigo, y con Massa. Intentará mantener el orden fiscal con acciones concretas que puedan mostrar el Presidente y el gabinete. Buscará ordenar la gestión y darle un sentido “de unidad de concepción y de acción” para los diez meses que quedan hasta las PASO 2023. Cree que, con Massa en el equipo y Cristina alineada, el gobierno de su amigo Fernández todavía tiene chances de resucitar.