30|9|2022

La coalición del 70%, nueva tierra prometida del establishment

19 de agosto de 2022

19 de agosto de 2022

Fue la tarea para el hogar que se llevó la política de la gala del Council: un gobierno que quiebre la historia. Massa-Larreta-Stanley: ¿hay equipo? 

La decimonovena edición del Consejo de las Américas, que se realizó este jueves en Buenos Aires, fue la gran caja de resonancia de una expectativa tan difundida que no se entiende –mentira– por qué no se logra: la de una gobernabilidad apoyada en una nueva configuración del poder capaz de darle mayor soporte político a un ajuste y una normalización de las variables macro o, lo que es lo mismo, capaz de resistir los reflejos defensivos de una sociedad que no podría eludir el pago de nuevos costos. Acaso alguna vez se entienda que la crisis continua maximiza esos dolores.

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De lo que se habló y no precisamente en voz baja fue de un gobierno que se asiente, entre el 10 de diciembre de 2023 y la misma fecha de 2027, en una coalición más amplia que las actuales, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio.

 

La idea, común a empresarios, presidenciables y hasta al gobierno de los Estados Unidos, es de muy difícil concreción, ya que implicaría la disolución de identidades largamente fraguadas en torno al clivaje peronismo/antiperonismo y una ruptura y una reconfiguración totales del sistema político tal como hoy se lo conoce.

 

Así lo dijo Horacio Rodríguez Larreta ante los representantes más selectos del Círculo Rojo. "Seguramente ya me escucharon decir esto muchas veces, pero el próximo gobierno de la Argentina tiene que ser un verdadero gobierno de coalición; un gobierno que marque un punto de inflexión en la historia de decadencia de la Argentina y que, por primera vez en décadas, trace un rumbo que se sostenga en el tiempo por muchos años", fantaseó. Claramente, el jefe de Gobierno porteño se ve como cabeza de esa alianza que debería incluir segmentos significativos del peronismo, con exclusión, claramente, de los "extremos populistas" que la paloma mayor del PRO suele fustigar.

 

Con otras palabras, Larreta reiteró una vieja idea: por lo pronto, en junio último, ante el CICyP,  ya había dicho que esa alianza debería congregar "al 70% del sistema político" nacional.

 

Ante la audiencia friendly del Council –aunque no por ello demasiado confiada en su potencia actual frente a los halcones que vuelan a su alrededor–, Larreta sentó las bases programáticas de dicha entente: política exterior proestadounidense –expresada en el enfrentamiento con el "eje del mal" regional, énfasis en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo y "cooperación" en la seguridad de la Triple Frontera–; defensa irrestricta de la propiedad; equilibrio fiscal y menores impuestos, combo que viene con subtitulado: gasto público en baja y mayor conflictividad social. ¿Habrá en la Argentina un 70% para hacer eso?

 

Claro que el alcalde de la Ciudad no está pensando en dar un salto al vacío y que piensa en un armado de ese tipo, si es que es posible, posterior al proceso electoral. Rápido para captar eso, el embajador de los Estados Unidos, Marc Stanley, instó, a su turno: "Hagan una coalición ahora; no esperen a la elección 2023".

 

"Juntos", pero no revueltos

Con todo, las reacciones oficiales a una noción, la de la confluencia del 70%, que dominó el Council fueron frías y enmarcaron esa posibilidad en un diálogo Gobierno-oposición sobre asuntos puntuales. El embajador en Washington, Jorge Argüello, hizo una concesión retórica a su homólogo norteamericano, pero con el matiz de que el proyecto pasaría por la "necesidad" de alcanzar acuerdos puntuales. De coaliciones, nada.

 

No casualmente, la intervención de Sergio Massa –también posterior a la de Stanley– recitó un libreto inevitablemente similar al del diplomático albertista. El ministro de Economía animó a la oposición a no tener "miedo ni vergüenza" de dialogar con el Gobierno. "Sería bueno aprovechar la distancia con las elecciones para encontrar acuerdos o consensos básicos. No tenemos que tener miedo de sentarnos a una mesa a buscar acuerdos por más que seamos de fuerzas políticas diferentes. Lo que está en juego es el desarrollo de la Argentina", invitó. No es eso lo que había propuesto Stanley…

 

Si de reforzar el perfil propio se trataba, se mostró como un "peronista racional". "Sin estabilidad macroeconómica no hay paz social, pero sin paz social no hay estabilidad macroeconómica", fue su definición.

 

En esa línea, anticipó que el desempleo bajó al 6,7% en el segundo trimestre. El superministro le "robó la billetera" a Marco Lavagna: el INDEC, que se supone que no filtra información, reaccionó aclarando que todavía no tiene dicho número, que de todos modos el Gobierno confirmó más tarde, a través de la vocera presidencial, Gabriela Cerruti, que celebró las "cifras récord de desocupación"

 

Mientras relojea su destino para saber si su turno será en 2023, en 2027 o jamás, al tigrense no le queda por el momento otra posibilidad que mostrarse como el sacrificado salvador de la unidad del panperonismo. Si a Cristina Kirchner no logró arrancarle más gestos de apoyo que una foto que los mostró separados por varios metros en las cabeceras de una mesa, ¿cómo podría animarse a saltar el abismo de la grieta? En Letra PAriel Maciel contó cómo funciona el plan del maestro del clamor.

 

A propósito, si Cristina aprobó la llegada de Massa al Palacio de Hacienda y otorga –callando– el ajuste de este, ¿por qué no aporta gestos de respaldo más contundentes? ¿Será porque intuye que, tarde o temprano, su camino político divergirá del de Massa, Fernández y et al? La presunción de ese juego propio llevó al Council a invitar, para escucharlo como único orador, a Eduardo de Pedro a una cena el miércoles.

 

Claudio Jacquelin brinda en La Nación una idea extra de por qué una alianza grande del "centro político" podría ser una variante: "Quienes en esta instancia crucial deberían canalizar demandas, contener, articular relaciones entre actores sociales, políticos y económicos y aportar soluciones carecen de autoridad, reconocimiento, claridad de objetivos o poder suficientes para hacerlo”. Si se continuara esa línea de análisis, haría falta más volumen político para gobernar este país indómito. ¿Hay con qué?

 

¿Será, acaso, que el sueño del 70% del Círculo Rojo podría ser viable solo tras la elección del año próximo? En ese sentido, podrían funcionar como una suerte de  virtuales PASO que dirimirían el liderazgo de una configuración nueva del poder. Por ahora, dibujos en la arena…