12|9|2022

Marcospeñismo 3.0: las claves de la nueva escuela de comunicación del PRO

02 de agosto de 2022

02 de agosto de 2022

Actualización partidaria para recuperar el dialogo con el electorado. Las Apps, los centennials y los focos de la estrategia, en manos de un heredero de Peña.

En el prólogo de la presidencia de Mauricio Macri, durante su campaña 2015, la figura del entonces Secretario General del Gobierno porteño, Marcos Peña, comenzó a ganarse su status de "cerebro comunicacional", un rótulo que en malas terminaría siendo su cruz. Siete años después, sin la presencia del extodopoderoso Jefe de Gabinete, en el PRO se formó una “escuela de comunicación” digital con parte de su legado, un marcospeñismo 3.0. 

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Centrada en las nuevas generaciones y plataformas actuales, que cada día reciben más usuarios, la escuelita que funciona en la sede del partido fundado por Mauricio Macri, en la calle Balcarce, se pensó para enseñarle a los candidatos del espacio la forma correcta de comunicarse con la generación sub-35. En base al estilo disruptivo del expresidente, que viene de reclamar que en la marca de la coalición pese más la palabra "cambio" que "juntos", los nuevos esfuerzos en la innovación de la comunicación política que llevan adelante en el edificio partidario apuntan principalmente hacia las plataformas del momento, como TwitchSpotify, junto con las redes sociales Tik-Tok e Instagram.

 

Al frente de la escuela está un exsecretario de Peña, ahora coordinador de la comunicación del PRO, Rosendo Grobocopatel. Hijo del denominado "Rey de la soja" Gustavo Grobocopatel, se acercó al macrismo en 2013 y para el 10 de diciembre de 2019 se convirtió en una de las personas de mayor confianza del jefe de Gabinete.

 

Grobocopatel considera, lo dice en privado, que la escuela tal cual es solamente un update, una actualización de lo que realizaron Peña junto con el entonces ministro de Asuntos Públicos de la provincia de Buenos Aires, Federico Suárez, y el secretario de Comunicación, Contenidos y Participación Ciudadana porteño, Federico De Benedetto.

 

El primer punto de inflexión para esta revisión, de acuerdo a lo que reconstruyó Letra P, fue el mandato de “dejar de sentir culpa” por lo que había sucedido durante la gestión de Macri. Ese punto hizo que Grobocopatel, junto con el resto de segundas y terceras líneas de la comunicación macrista que trabajan en la sede del PRO, llegaran a la conclusión de que “no había conversaciones” con el electorado. Un dialogo que se había roto. 

 

El consenso es que el recurso de cercanía que antes se canalizaba a través de los timbreos, entre otras opciones, había quedado sin un canal claro. En su razonamiento, debían dejar detrás lo que ya había sido utilizado, con éxito en su momento, pero que hoy debía ser reversionado, fiel a la cultura de la generación sub-35: una comunicación centennial.

 

Así como en la NBA los jugadores más destacados de los equipos son homenajeados al terminar sus carreras con el retiro de su camiseta, algo parecido mismo sucedió en el PRO con la camisa de vestir de color celeste de Macri. Imagen de un prototipo de funcionario amarillo, los jóvenes PRO se pusieron en contacto con Juliana Awada para que les enviara una. La prenda llegó con un bonus track: la firma del expresidente. Ya colgada en la puerta del segundo piso del edificio,   es lo primero que se ve cuando se entra a las oficinas.

 

Para los nuevos encargados de la comunicación del PRO, la necesidad de crear una conversación constante con el electorado, y en especial con el más sector juvenil, pasa por “conversaciones centradas en los 'males públicos'”. El cómo y el dónde son clave, pero más es el qué. Los tópicos son los tradicionales: salud, educación y seguridad, como mandan las encuestas, están primeros en el listado de preocupaciones, como sucede desde hace años. 

 

“Hay que perderle el miedo a combinar lo popular y lo joven”, repite Grobocopatel al explicar las claves de los cambios que busca introducir en un partido en el cual algunos miembros están preocupados por lo que consideran como una pérdida de identidad.  Las normas de la escuela del marcospeñismo 3.0 toman el camino opuesto al que transita la mayoría de los halcones del PRO. “Rompen canales de comunicación. Es un negocio al corto plazo”, es el análisis que hacen.

 

Como si fuera el armado de una plataforma política, lo más importante de esta nueva comunicación es definir “qué se puede ofrecer” y evitar a los “copiadores”. Ahí es cuando entra en escena nuevamente el significado simbólico de la camisa celeste de Macri. Lo que comenzó como un estilo que tenía el expresidente se convirtió en una moda que identificó al PRO. Ahora  Cada pieza ahora tiene que tener su propia lógica acorde al candidato al que sea preparada. “Para eso se necesita tiempo”, se atajan rápidamente en nuevo marcospeñismo, mientras aspiran a que exista un proceso de maduración para que las acciones se vuelvan cada vez más orgánicas.