05|12|2022

Massa, jugador de toda la cancha en la rosca política del fútbol

04 de agosto de 2022

04 de agosto de 2022

El superministro “abrepuertas” de Tigre, meca de sus influencias y construcción de poder, incide en Boca y en River. Lanús, también cerca. Su alter ego en AFA.

“Denme tiempo hasta el Mundial”. Como hizo muchas veces, Sergio Massa encontró en estos días de centralidad por su advenimiento en superministro una manera de incluir al fútbol en su repertorio de frases. En tiempos de turbulencias, Qatar 2022, que arranca el 21 de noviembre, se convirtió en el plazo –o la tregua– que les pide en privado a la dirigencia y a las empresas para que las expectativas que despertó su nombramiento se transformen en resultados concretos. Es una precisión temporal en este “camino de solución que no es mágico ni de un día”, como aseguró en su primera conferencia de prensa.

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El flamante funcionario entendió hace mucho que el fútbol era un lugar en el que debía pisar. A principios de este siglo empezó a construir poder en el municipio de Tigre a través del club del que es hincha, entonces hundido hacía décadas en el Ascenso. El Matador creció en lo deportivo, en lo económico y en lo institucional siempre bajo el paraguas de Massa. Ascendió y se consolidó en Primera casi en simultáneo con la carrera política del ahora expresidente de la Cámara de Diputados: desde el Anses o la jefatura de Gabinete hasta estos días.

 

La muestra más cabal de la influencia de Massa en Tigre está en el centro de su camiseta: Banco Macro, la marca principal que auspicia al equipo desde 2008. Ningún otro club de la Argentina pudo conservar el mismo patrocinio durante tanto tiempo. Eso, en parte, la institución se lo debe a él. La entidad financiera del fallecido Jorge Brito, uno de los mejores amigos que tenía en el Círculo Rojo nacional, llegó por una negociación que lideró el propio Massa. “Sin esa gestión, nunca se hubieran fijado en Tigre”, reconoce Ezequiel Melaraña, presidente del club y una de las personas que integra su entorno más cercano.

 

En el club de Victoria admiten que Massa contribuye siempre con sus relaciones. Lo definen como un “abrepuertas”, algo que el club necesita para conservar equipos competitivos y una economía equilibrada. Con su hijo Tomás colaborando en el club, las gestiones de Massa no se circunscriben solo a lo económico. Funciona también como una suerte de canciller. Massa sorprendió con un regalo impensado al presidente de Chile, Gabriel Boric, durante su visita a Argentina: el encuentro con Néstor Gorosito, el ídolo de la infancia de Boric, cuando Pipo era jugador de la Universidad Católica. La escena de cómo se lo cuenta está en TikTok y vale la pena verla, no solo por lo divertida, sino para entender hasta qué punto Massa lee al fútbol como algo mucho más grande que la rosca política de sus dirigentes: es una manera –muchas veces desde lo emotivo– de blindar relaciones personales que, obviamente, luego serán políticas. Pipo Gorosito estuvo en la asunción en la Casa del Bicentenario. 

 

Si Tigre necesita a Massa, Massa también necesita al fútbol para delinear la territorialidad con la que se expande y gana espacios de poder. Así como consiguió la publicidad en la camiseta de su equipo, el superministro se jacta de incidir de manera directa en los dos clubes más importantes de la Argentina: Boca y River.

 

En River, el triunfo de Jorge Pablo Brito en las elecciones de 2021 le abrió una línea directa. La relación de amistad que cimentó con el padre la continúa con su hijo y la familia, aunque no está exenta de cortocircuitos. Hace dos años y medio, Massa contribuyó a que se terminara la Superliga que tenía a “Jorgito” como vicepresidente.

 

Las asperezas, sin embargo, siempre se limaron. Brito estuvo en la asunción de Massa y, como ocurrió en el almuerzo de octubre de 2021 que el Gobierno organizó con algunas de las personas al frente de las empresas más poderosas del país, volverán a hablar en los próximos días, aunque River probablemente estará relegado. “Jorgito” maneja junto a Ezequiel Carballo la banca privada más grande del país (tiene una plantilla de 8.500 personas y 463 sucursales) y es el titular de Genneia, una empresa que desarrolla parques eólicos en la Patagonia. Razones más que suficientes para que cualquier ministro de Economía intente fortalecer relaciones.

 

En Boca, Massa talla por las dos vías: Jorge Amor Ameal y Juan Román Riquelme. Con Román, la relación comenzó por cercanía geográfica y se intensificó por afinidad. Fue por Massa que en 2015 lo declararon ciudadano ilustre de Tigre. Esa “excelente relación que tenemos con Román”, como reconoció en público Malena Galmarini antes de cuestionarlo por sus declaraciones sobre Sebastián Villa y las denuncias de violencia de género; y una línea con La Cámpora son los dos vértices que unen a Riquelme con el Gobierno, que en 2023 buscará evitar que el macrismo regrese al club. Del otro lado, la relación de Ameal con Massa llega a través de la suegra del líder del Frente Renovador, Marcela Durrieu, madre de Malena e íntima amiga de la esposa del actual presidente de Boca.

 

El Frente Viamonte

Casi nadie lo recuerda, pero la actual Liga Profesional nació en la casa de Massa de Tigre. Sucedió una noche de verano, en enero de 2020, cuando Claudio Tapia, Marcelo Tinelli, Nicolás Russo y Ameal compartieron un asado con él como anfitrión. El propósito de la reunión era uno solo: terminar de demoler la Superliga y que la AFA retomara la conducción del torneo más importante del país, que representaba en ese momento una caja de 6.200 millones de pesos. Eso se cumplió, aunque después la pandemia y la tensión creciente entre Tapia y Tinelli desdibujaron el acuerdo pergeñado en aquella mesa tigrense.

 

Con Russo ya fuera de la presidencia del club Lanús y abocado a ser candidato a intendente en ese distrito por el massismo en 2023, el alter ego de Massa en el mundo del fútbol ahora es Pablo Toviggino, el poderoso tesorero de la AFA y mano derecha de Chiqui Tapia. Además de las arcas de Viamonte 1366, Toviggino tiene el control del Consejo Federal, históricamente desdeñado por los clubes de Primera, pero que incluye 223 ligas, 3.500 clubes y más metros cuadrados que los de la Iglesia Católica. Una territorialidad de la que Toviggino se jacta y que a Massa le puede servir en un futuro cercano.