05|8|2022

La interna amarilla complica a Juntos en Luján

05 de agosto de 2022

05 de agosto de 2022

Una candidata de Ritondo y uno de Santilli se enfrentan en el distrito de la Primera sección que gobierna el kirchnerismo. Perfiles y voto vecinalista.

LA PLATA (Corresponsalía Buenos Aires) Las principales fuerzas políticas de la oposición en Luján van camino a un enfrentamiento interno que festeja el oficialismo. En el inicio de la campaña para 2023, se observa, de un lado, a Rita Sallaberry, la presidenta de Unión Vecinal de Luján que cuenta el aval de Cristian Ritondo, y, del otro, a Héctor Griffini, un especialista en consultoría y gobierno con ADN amarillo que tiene el respaldo explícito de Diego Santilli. En tanto, orbita en torno a ellos un espacio vecinalista vinculado al progresismo con menor poder de fuego que podría convertirse en árbitro de la contienda. La falta de acuerdo entre las partes beneficia a Leonardo Boto, el intendente del Frente de Todos (FdT) que en privado ya avisó que irá por la reelección.

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Salaberry, a priori la favorita por haber encabezado la lista local en 2021 y haberle ganado al oficialismo, estudió Relaciones Internacionales y Asuntos Exteriores en la Universidad del Salvador y se desempeñó en distintos cargos públicos durante la intendencia de Oscar Luciani, el vecinalista de origen radical que salió eyectado de la gestión en 2019 con una pésima imagen que lo corrió por completo de la política local.

 

Como sea, la joven dirigente que se tiñó de amarillo desde el resurgimiento del PRO cuenta con cierto volumen político para disputar una elección interna reñida. Es que no sólo es la jefa de un interbloque que tiene mayoría en al Concejo Deliberante, sino también la presidenta de Unión Vecinal de Luján, un histórico sello en el distrito que fundó su abuelo, Pedro Sallaberry, quien fue comisionado durante la última dictadura cívico-militar y luego también intendente en democracia. Hay quienes narran esa historia de manera completamente ajena a la dirigente que nació en democracia, mientras que otros la asocian de manera directa al catalogarla de negacionista.

 

A Griffini títulos no le faltan y en su equipo creen que experiencia y respaldos para gobernar, tampoco. Tiene una licenciatura en Gestión de Políticas Públicas en la Universidad Nacional de Tres de Febrero y dos másteres recientes, uno en Gestión de Proyectos de Desarrollo en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otro en Consultoría Política en la Universidad Camilo José Cela, en Madrid, además de especializaciones en liderazgo, comunicación política y economía del comportamiento.

 

Concejal desde 2019, pasó con anterioridad por la gestión de la Ciudad de Buenos Aires apenas asumió Horacio Rodríguez Larreta, en la que se desempeñó como asesor en la Subsecretaría de Asuntos Interjurisdiccionales y Política Metropolitana y, luego, en el Ministerio de Gobierno, instancia en la que conoció a Diego Santilli y se sumó a su equipo, mucho antes que el por entonces ministro de Seguridad porteño tuviera en el radar su candidatura en territorio bonaerense.

 

Otro actor con moderada relevancia en Luján es Juan Carlos Juárez. De buenos vínculos con ambos sectores, el exdiputado provincial del GEN y especialista en asuntos previsionales no tiene la estructura suficiente para imponerse en una elección, pero tal vez sí para definir el triunfo en una pelea interna con poco margen para la improvisación. Además de la búsqueda de un acuerdo de beneficios mutuos que lo acerque a Juntos, este espacio vecinalista busca una alianza mayor a nivel bonaerense que contenga a unos 25 distritos. En esa instancia, la estrategia es la misma, generar suficiente volumen político por fuera de la grieta para después cerrar un acuerdo más amplio en la oposición. 

 

Después del choque inevitable entre Sallaberry y Griffini, al que todo indica también se le sumarán nombres de la Unión Cívica Radical (UCR), le seguirá en las elecciones generales de 2023 la pelea mayor por la intendencia, en la que tendrán enfrente a Boto. Si bien las fuentes consultadas en los múltiples sectores amarillos dan cuenta de un entusiasmo electoral, producto de la crisis que padece el peronismo a nivel nacional, la gestión local y la imagen del jefe comunal es ponderada a un lado y otro del arco político.

 

Un dato adicional que ayuda a leer las diferencias y aproximar escenarios es que Boto ganó en 2019 con un fuerte corte de boleta, la misma elección en la que también triunfó a nivel local la nómina de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. Algo de eso también sucedió en 2021, cuando en la Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) Juntos sumó 51,1% de los votos, ante el FdT que apenas alcanzó 29%, pero en las generales el oficialismo logró una remontada histórica, aunque igual perdió: fue 43,6% contra 39,1%.