07|10|2022

La nueva anormalidad

07 de agosto de 2022

07 de agosto de 2022

Un presidente desempoderado. Una vice culposa. El socio menor, en uso de la lapicera. El gobierno de Todos 2022, reinventado a la fuerza para salvarse.

“Si esto sale bien, lo capitalizará Sergio. Si sale mal, igual ya estaba todo perdido. El Frente de Todos (FdT) estaba en la oscuridad más absoluta y ahora, al menos, tiene una luz”.

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Cristina Fernández de Kirchner bajó la orden y la tropa se encolumnó. Un dirigente del conurbano que dialoga con la vicepresidenta sintetiza el espíritu que atraviesa al espacio cristinista. El salario básico universal salió de la agenda. El ajuste que propone Sergio Massa, más profundo que aquel que planteaba Martín Guzmán, no encontró cuestionamientos. Donde había campo arrasado, el nuevo ministro de Economía encontró espacio para avanzar con sus propuestas. La expresidenta acordó con cada una de ellas, para escándalo de una parte de su propia tropa.

 

El presidente Alberto Fernández también respiró. Hasta hace dos semanas, escuchaba dudas sobre si llegaría a terminar su mandato. El fantasma se disipó. El desembarco de Massa le hizo perder poder y lo obligó a ceder protagonismo, pero lo preservó en lo institucional. Uno de sus hombres más fieles dice que el Gobierno estuvo “a un metro del abismo”. La salida anticipada fue el mayor miedo que llegaron a tener integrantes de la mesa chica presidencial, Cristina y el peronismo en su conjunto. La Liga de las provincias lo puso sobre la mesa en la áspera reunión que tuvo con el Presidente en la Casa Rosada antes del desembarco del superministro de Economía.

 

El nuevo orden está en pleno proceso de adaptación, pero representa, finalmente, lo que Cristina y Massa le reclamaban a Fernández desde el año pasado. Mayor velocidad en la toma de decisiones, audacia, una mesa de discusión activa, un rumbo claro, la conducción del FdT hacia algún lugar concreto. “Sergio, Cristina y Alberto volvieron a hablar en profundidad. Hoy estamos mucho más en equilibrio que otras veces”, celebran en el corazón del massismo.

 

Massa se quedó con la centralidad desde el mismo día en que se anunció su llegada y se encargó de imprimirle su sello al cargo, desde el estilo, la comunicación y la jugada política. A los funcionarios con los que se reunió el viernes en el ministerio les dijo que habrá “un anuncio de medidas por día” relacionado con los cuatro pilares de su programa, que incluye recomposición de reservas, disciplina fiscal, superávit comercial y desarrollo con inclusión social.

 

“Nos pidió darles contenido político y técnico a todas las medidas; tomar conciencia de la situación en la que estábamos hace 15 días, aprovecharlo y ponerle velocidad”, le contó a Letra P un funcionario que describe al ministro como híperactivo, con demandas que comienzan a primera hora de la mañana y se extienden hasta la madrugada. Un Massa clásico, con la conciencia de que se juega el partido más importante de su vida política, que le pedirá muchas decisiones por decreto al Presidente, apelará mucho a las resoluciones y poco al debate legislativo. Un uso full de la lapicera, como Cristina le reclamaba a Fernández.   

 

El Presidente se resignó al segundo plano y optó por destacar lo que, entiende, es su mayor virtud: haber preservado, contra viento y marea, la unidad del FdT. En esa línea, se anota el nombramiento del nuevo ministro de Economía y las cesiones que hizo por pedido de Cristina. Con todo, sus socios apuntan que Fernández se corrió de escena, pero sigue teniendo su cuota de poder porque tiene la lapicera final del Gobierno. En la ronda de pases que hubo en las últimas semanas, el jefe de Estado logró resistir dos jugadas fuertes. La primera fue la llegada de Jorge Capitanich como jefe de Gabinete. El chaqueño contaba con el auspicio de Cristina. El desembarco de Capitanich implicaba el desplazamiento de Juan Manzur hacia otro ministerio. El destino posible era la Cancillería, donde habita Santiago Cafiero, ladero fiel de Fernández. El Presidente se negó. “¿Qué más quieren?”, los cruzó, en referencia a las concesiones ya hechas.

 

La Liga de las provincias tampoco lo avalaba con contundencia. Capitanich cree que Manzur acordó con Massa un favor de ida y vuelta. El tucumano consiguió el respaldo provincial a la llegada del líder del Frente Renovador al Gobierno, mientras el tigrense abogó por la estadía de Manzur en la Jefatura de Gabinete y desalentó el clamor por el chaqueño. Tuvieron como socio al santafesino Omar Perotti. En paralelo, el Presidente consiguió el nombramiento de un hombre de su confianza, Juan Manuel Olmos, como vicejefe de Gabinete. Cerca de Fernández dicen que Olmos le dará “dinamismo” a la gestión, que venía en un letargo producto de la crisis política. 

 

Un ejemplo vivo del desánimo del gabinete fue la situación que se vivió en la última reunión que encabezó Manzur el 20 de julio, de la que participó Silvina Batakis como ministra de Economía. El tucumano hizo la tradicional ronda de consultas para que ministros y ministras expusieran sobre temas de gestión ante sus pares. Todos respondieron a la pregunta que Manzur hizo con sus nombres en diminutivo, como un gesto cariñoso, hasta que llegó el turno de Jorge Ferraresi. “Fue muy importante la entrega de la vivienda número 50 mil, el 9 de julio, en Tucumán. Jorgito, ¿querés contarnos cómo va ese plan?, preguntó Manzur. Ferraresi no intentó simular entusiasmo y respondió, lacónico: “No”. Sin línea política, el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, había evitado mencionar, minutos antes, que tenía previsto anunciar un bono para las personas titulares del Plan Potenciar. Otro ministro salió de la reunión con una definición brutal: “Esto no sirve para nada”.

 

Ahora, en el Gobierno esperan que el nombramiento de Olmos genere mayor dinámica y, sobre todo, conexión entre los sectores. Olmos es amigo del Presidente, pero también mantiene un diálogo fluido con Massa y vínculos con La Cámpora, que lo considera el interlocutor más sólido y potable del entorno de Fernández. El jueves, la foto de su jura mostró dirigencia del camporismo, del massismo y del albertismo. “Nadie se encargaba de la diaria. Necesitamos alguien que tome decisiones administrativas y de gestión y todo eso va a pasar por los ojos de Olmos y de Alberto”, dicen cerca el Presidente.

 

El otro movimiento que resistió Fernández fue el que pretendió sacar de la presidencia del Banco Central a su amigo Miguel Pesce, que estuvo rodeado pero no se rindió. Por el momento, seguirá en su cargo. En tanto, Cafiero se quedó con la Cancillería y construye, desde allí, la agenda internacional que Fernández exhibe con orgullo y en la que se concentrará. Para los próximos días espera la confirmación de la bilateral con Joe Biden, que se celebraría entre la última semana de agosto y la primera de septiembre. “Si Alberto puede hacer de canciller es porque a Sergio le va bien y eso es bueno para todos”, dicen en el ala albertista.

 

El Presidente y Massa se mostraron juntos el viernes en la inauguración de un tren, en Santa Fe. El ministro de Economía se cuidó en los gestos. No dio notas y procuró asistir en calidad de acompañante y no de figura principal. Si la suerte lo acompaña, sabe que no faltará mucho para que las máximas autoridades de las intendencias y las provincias empiecen a peregrinar por el quinto piso del Palacio de Hacienda para hablar de 2023. “Sergio va a empezar a acumular y está bien. Alguien tiene que hacerlo”, conceden en el cristinismo.

 

Cristina bajó la orden de apoyar la jugada y espera. La vicepresidenta hizo concesiones ideológicas en las decisiones de Massa, que no descuida tampoco los gestos hacia ella. En el Frente Renovador insisten en que cada medida del ministro está consensuada y tiene el aval de la expresidenta. El tigrense sabe de la desconfianza de CFK y de su entorno, en particular, de quienes creen que la aplicación de medidas ortodoxas llevará al fracaso total. Otros son menos escépticos. “Sergio se juega también su candidatura. Quiere ser presidente. Si aceptó ir a Economía es porque en algún punto cree que hay posibilidad de que las cosas estén bien en el mediano plazo”, dice un dirigente alineado con el cristinismo. Le reconocen “astucia, inteligencia y capacidad”.

 

Aunque lo apoya, a Cristina le costó tomar la decisión de impulsar a Massa en Economía, a sabiendas de que habría diferencias de criterios y de que, si la jugada sale bien, el líder del Frente Renovador tendrá allanado el camino hacia 2023. Un dirigente territorial de peso que la visita con frecuencia describe las razones de apertura de la vicepresidenta. “Se siente responsable por haber sido quien eligió a Alberto y por no haberse metido en las decisiones del Ministerio de Economía desde el comienzo. Confió en Martín Guzmán, a quien no conocía, delegó en Alberto la definición del rumbo económico. Siente culpa porque descuidó ese terreno”.

 

Después de los actos, las celebraciones y las presentaciones, la nueva configuración del poder de Todos empezará a verse esta semana en funcionamiento. Es la nueva anormalidad.