30|11|2022

Con un escenario a favor, la oposición se enfrenta a una paradoja: cuando más fácil se presenta la elección, más difícil parece la síntesis.

La percepción de que la conformación en Santa Fe de un frente de frentes se torna inexorable encuentra su punto de apoyo en una realidad irrefutable: la oposición, toda junta, representa mucho más volumen electoral que la unidad de todo el peronismo. Y no hace falta ir a encuestas que ratifican este dato hoy, basta con revisar las mejores performances del peronismo provincial en los últimos años y se verá que los 40 puntos se expresan como un techo aún en los mejores resultados electorales, como en 2019.

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Sin embargo, los incentivos políticos y estadísticos tensionan ese armado casi al borde de la paradoja, que se configura porque, cuando más fácil se presenta la elección para la oposición, más difícil parece la síntesis. Los datos relevados por nuestra encuesta tanto a nivel provincial (realizada en agosto) como en la ciudad de Rosario (en septiembre) también ayudan a entender las razones aritméticas de tal encrucijada.

 

Presentada la oferta por candidatos, la dispersión de las opciones permite el juego de especulaciones dado que, más allá de la innegable preeminencia de la figura de la senadora Carolina Losada, tanto las opciones del socialismo y aún las del PRO (en este caso consolidando un piso muy bajo) son necesarias para formular una suma que orille el 50% del total cuando todavía una de cada cuatro personas consultadas está en el bando de los indecisos.

 

Si bien pareciera difícil que algún candidato del eventual frente de frentes pudiera ganarle una interna a la senadora, el hipotético caso en que ésta no se presentara podría darle mayor rango de competitividad a unas PASO que invitarían con mayor expectativa al resto de las fuerzas, sobre todo al socialismo que sigue sosteniendo un piso más cercano a los 15 puntos, manteniendo el rango alcanzado en las elecciones de 2021.

 

En el caso de la ciudad de Rosario, los datos también vuelven a emparentarse con los resultados de la última elección. Y esto, es quizás, el mayor intríngulis que debería resolver el frente de frentes puesto que el candidato de mayor solvencia dentro de esa unidad de la oposición sigue siendo el intendente Pablo Javkin, que llega a esta instancia con una pertenencia tan difusa (no es radical, no es del socialismo, no es PRO) que achica las posibilidades de equilibrios internos en la eventual coalición opositora, sobre todo teniendo en cuenta que, en mediciones dónde se lo hace enfrentar con Losada para la candidatura provincial, es ampliamente duplicado (no es una forma de “acomodar” la interna correrlo de la grilla de candidatos a la gobernación).

 

Del mismo modo el eventual armado del frente de frentes en Rosario debería sortear una prueba que a nivel provincial -por ahora- no aparece: la irrupción de los outsiders. En esta última medición, colocando a dos figuras que se presentan como tales (el concejal Miguel Tessandori y la diputada provincial Amalia Granata) suman mas del 20% de las opciones, con el experiodista deportivo -que suma un 14%- ratificando el porcentual obtenido en las elecciones para el Concejo del año pasado.

 

Estas figuras orbitan el mismo universo de votantes que acompaña a la oposición a nivel provincial y nacional y su presencia por fuera del frente de frentes acrecienta las posibilidades de una candidatura del senador Marcelo Lewandowski, quien viene de ganar en su categoría en las últimas dos elecciones en las que participó en la ciudad.

 

Parece claro que la definición sobre el próximo intendente rosarino se juega más en la arquitectura del cuarto oscuro (en cuánto se dividen las opciones que expresan la oposición) que en la irrupción de un candidato taquillero, sobre todo  teniendo en cuenta que tanto Javkin como su antecesora, la diputada Mónica Fein, han sido elegidos con un caudal de votos inferior al 35%, lo que anima a un peronismo que viene merodeando ese número en las últimas elecciones.

 

Por último, sin la fecha establecida para las elecciones locales y con un clima difuso alrededor de las PASO, el último dato relevante pasa por mirar el nivel de aprobación de los oficialismos. Éstos vienen navegando números apenas por encima a los 30 puntos, lo que reafirma la difícil tarea que tienen de cara a 2023, máxime cuando todas las expectativas (de la gente, de los círculos rojos y de la propia política) dibujan un escenario pesimista.