10|11|2022

Ardió Brasil con el último debate Bolsonaro-Lula: así se vivió en un búnker del PT

30 de septiembre de 2022

30 de septiembre de 2022

Relato de una noche caliente con la militancia petista. La euforia para ganar en primera vuelta, el factor del voto vergüenza y el temor por la violencia.

SAN PABLO (Enviado especial) Una joven con rulos irrumpe en la fila para comprar cerveza a diez reales y grita: "Fora (Jair) Bolsonarooooo". No llega a mantener la voz en el aire, se le quiebra, la garganta le pide paz y silencio, cosas que, a minutos de que arranque el último debate presidencial previo a las elecciones y a tres días de la primera vuelta electoral del país, no existen para la militancia del Partido de los Trabajadores (PT) reunida en un local bailable del centro de esta ciudad. El salón, donde están reunidas casi 500 personas, responde al grito y al unísono estalla un ¡Viva Lula! Los pulgares y los índices de todas las manos se elevan al cielo y forman la L del expresidente. 

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La red Globo, la cadena de televisión más importante del gigante sudamericano, transmite el último cara a cara de los principales candidatos antes de la batalla del domingo y se nota en las calles. Una vez que termina, siete hombres toman una cerveza en la vereda frente a un televisor que muestra los principales fragmentos de la contienda. No hablan entre sí, todos los ojos apuntan a un televisor plano que muestra a Bolsonaro discutiendo con el candidato del Partido Democrático Laborista (PDT), Ciro Gomes. En la pantalla de un televisor que está sobre el torpedo de un Uber parado en un semáforo, se lo ve a Bolsonaro. 

 

En la previa, una mujer consultada por Letra P sobre la actualidad nacional lo había anticipado: "Esta noche se ve el debate". La atención es tan alta, que Luis Inácio Lula da Silva dio el presente a pesar de no haber participado del anterior y el jefe de Estado hizo lo propio, a pesar de que en 2018 se convirtió en el primer candidato en no asistir en toda la historia democrática del país.

 

A las 22.30, puntual, comienza la transmisión. El horario llama la atención, porque es un poco más tarde que de costumbre. Un asesor de la campaña del PT en esta ciudad le contó a Letra P un chiste interno de la tropa petista: "Lo querían hacer tarde para que Lula se duermiera".

 

En su primera aparición, el expresidente demuestra que no está dormido. Gomes, que fue su ministro, lo critica por su legado económico y lo responsabiliza por la crisis económica del país. "El Brasil que yo dejé cuando salí de la presidencia era motivo de orgullo, era el país con mayor inclusión social", responde el exsindicalista al enumerar sus logros y cierra con una chicana que acaso le robó a su amigo Néstor Kirchner: "Ciro, estás nervioso". El auditorio ríe, grita y levanta los dedos al cielo. La cerveza corre y un joven con una gorra que dice "Lula 2023" sostiene un vaso con los dientes porque ya no se puede caminar entre el público. 

 

Mario tiene 23 años, el pelo largo y un poco ondulado. Viste una remera blanca y roja, los colores tradicionales del PT, con cuatro stickers redondos pegados en distintas partes donde se leen nombres de postulantes o diferentes propuestas del sector. Ante las consultas de Letra P sobre la posibilidad de que Lula gane en primera vuelta, sin necesidad de ballotage, mira al cielo, estira los brazos y lanza una plegaria corta: "Ojalá". Según este trabajador de la economía formal y dos amigas que lo acompañan, la oposición se impondrá este domingo gracias al “voto vergüenza”. 

 

"Mucha gente va a votar a Lula, pero no lo dice por la violencia, por miedo o temor", asegura. El temor a que Bolsonaro no reconozca los resultados del domingo y busque permanecer en el poder late en el aire. Para entrar al Studio SP, este cronista debió someterse a un proceso de acreditación, un cacheo de la seguridad privada y un detector de metales. 

 

"A mi madre la atacaron en la calle mientras hacía campaña por Lula", cuenta Clara, otra joven que votará por Lula. 

 

Cuando aparece Bolsonaro en la pantalla gigante, los gritos de algarabía se convierten en insultos y en abucheos y los dedos en L, en el tradicional insulto de origen inglés. Los estudios de televisión muestran el último cara a cara entre Bolsonaro y Lula. 

 

"Lo mínimo que se espera es que el presidente sea serio y tenga honestidad", dispara Lula, que promete aprobar un decreto para investigar el secreto presidencial por 100 años que aprobó Bolsonaro y que oculta misterios de su administración que generan preocupación. "Presidente, mienta menos", ataca.

 

A su turno, Bolsonaro contraataca con todo lo que tiene: "Mentiroso, expresidiario y traidor a la patria", le dice en la cara. 

 

En Brasil, a diferencia de la Argentina, la moderación del periodismo en los debates es casi mínima y los distintos segmentos se basan en preguntas y respuestas entre los diferentes partidos. Del mano a mano, el líder del PT sale victorioso. En los primeros minutos, Lula está como su militancia: eufórico, atento, con la sangre en el ojo y dispuesto a hacer el último esfuerzo para ganar sin ballotage. Con el correr del tiempo, igual que el público, se pierde un poco, comete algunos errores no forzados y se queda sin tiempo. 

 

Cuando los otros candidatos aparecen en la pantalla, la população del lugar baja el nivel de atención. Por momentos hay gritos contra Gomes, de quien se desean sus votos de tercera fuerza, aplausos cuando la candidata del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), Simone Tebet, ataca al presidente y risas y burlas cuando el "padre Kelmon", quien aparece con una túnica religiosa, aparece en pantalla. El hombre del Partido Laborista Brasileño (PTB) dice pertenecer a una Iglesia, pero ninguna feligresía nacional lo reconoce como integrante. Rápidamente aparecen y circulan memes por los celulares sobre el hombre de dudosa fe. 

 

Cuando el final del debate se acerca, la militancia empieza a ocupar la calle Augusta, donde los autos pasan rápidamente y muy cerca en lo que parecieran ser arriesgadas maniobras típicas de esta gran ciudad o provocaciones veladas de conductores bolsonaristas. Eduardo es un joven militante de la Central Única de Trabajadores (CUT) -uno de los sindicatos más grandes del país- que fuma y toma cerveza. 

 

-¿Lula en primer turno?- pregunta Letra P. 

 

-¡Claro" ¡Lula en primer turno!- responde y completa: -Si no, ¿para qué todo esto?