23|1|2023

Milei en la playa: modo rockstar, show de selfis y Kikuchi en las sombras

23 de enero de 2023

23 de enero de 2023

El economista liberal pasea su campaña de Pinamar a Mar del Plata. Retrato de un fenómeno político en acción. Juventud, divino tesoro electoral. Espejo Menem.

MAR DEL PLATA (Enviado) “Nunca vi algo igual en la política desde la irrupción de Carlos Menem”. Son las nueve y cuarto de la noche del domingo en la peatonal de esta ciudad abarrotada de turistas y el huracán Javier Milei se lleva puesto todo lo que encuentra a su paso. El diputado y candidato presidencial del liberalismo se mueve en medio de una enorme maraña de más de 300 personas que se empujan para llegar a sacarse una selfi con él, decirle algo al oído o apenas tocarlo.

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A unos metros, alejado de la tromba, su principal operador político y artífice de esta campaña, Carlos Kikuchi, no sale de su asombro. “Desde Menem, te juro”, repite. “Es difícil explicar lo que pasó con Javier estos días en la costa. La gente se vuelve loca. Planeamos recorridas por algunos centros comerciales, pero apenas se puede mover unos metros de la marea que se arma”, dice Kikuchi a Letra P.

 

Casi sin inmutarse, Milei ejecuta su performance a la perfección. Campera de cuero negra, el pelo batido, los ojos celestes de mirada nerviosa, la boca como tirando un beso y los dos pulgares arriba. Ante cada pedido de foto, el liberal que se convirtió en el fenómeno más disruptivo de la política argentina de los últimos tiempos hace la pose que lo identifica y le da a los turistas y locales que se acercan lo que vinieron a buscar: una selfi, un recuerdo, la posibilidad de decir “yo estuve con Milei”.

 

Mar del Plata es el cuarto destino consecutivo de caminatas por lugares emblemáticos del turismo en la Costa Atlántica bonaerense y el liberal parece sentirse más a gusto que nunca. Rodeado por una guardia pretoriana que integran su hermana Karina Milei, su compañera de banca en Diputados Victoria Villarruel, el influencer y legislador porteño Ramiro Marra y la platense Carolina Piparo, Milei asumió el papel de fenómeno masivo sin resignar sus modales toscos, su estilo confrontativo, su carisma desbordado, su fama de “loco”.

 

La gira por la costa fue una parada obligada en el camino que emprendió para convertirse en un candidato nacional, un proceso en el que intenta combinar la potencia de su aparición disruptiva en la política con una construcción partidaria y electoral que potencie y acompañe ese fenómeno, el más complejo desafío para todas las figuras que, como él, llegan al estrellato político desde afuera del sistema de partidos y con un crecimiento vertiginoso.

 

Milei, en la Bunge, centro neurálgico de Pinamar.

El “Tour de la Libertad” arrancó en Pinamar, siguió por Cariló, pasó por Villa Gesell y terminó en la noche del domingo en Mar del Plata. Mientras Milei hacía sus recorridas, se sacaba fotos, ganaba adeptos y hacía campaña, su nombre sonó durante todo el fin de semana sin parar en los medios. El sábado, su exaliado y operador Carlos Maslatón, quien venía pidiendo unas PASO en La Libertad Avanza (LLA), denunció “proscripción” por parte de Milei y su entorno en una carta en la que además lo acusó de liderar un “sistema de corrupción” a partir de la “venta de candidaturas”, entre otras cosas.

 

Por esas mismas horas, el nombre del economista liberal fue mencionado en notas con versiones periodísticas. Una de ellas, la que señalaba que el expresidente Mauricio Macri deslizó a su entorno político la idea de que Milei lleve en la provincia de Buenos Aires al candidato de Juntos por el Cambio para evitar que la dispersión del voto opositor facilite la reelección de Axel Kicillof. La maniobra, lo que se conoce como “colectora”, está prohibida por la ley electoral. También el radical Martín Tetaz salió a hablar de lo mismo, proponiendo un acuerdo en Buenos Aires entre Juntos por el Cambio y LLA.

 

Pero Milei está en otra. Como decidió no dar notas en esta gira, no tiene que hacerse cargo ni de las denuncias ni de las versiones de sus posibles aliados.

 

En la noche marplatense, se deja arrastrar en el centro de esa multitud -mitad militantes, mitad cholulos- que lo rodean y se empujan para estar a su lado. De repente, cuando el ánimo de la multitud amaga a decaer un poco, el economista se manda a los gritos el cantito que estrenó este verano y que le robó a La Cámpora. “Abran paso, llegó Javier Milei”, canta, grita, poniendo su nombre donde iba “la jotapé”. Los que están alrededor lo imitan, los vendedores de los comercios salen a la vereda a ver qué es ese tumulto y a los fanáticos más jóvenes se les encienden los ojos.

 

Como Milagros, una adolescente marplatense que se acercó con su padre a ver a Milei, a quien admira, y que hace un rato dejó sus datos a un puntero local marplatense que, a los gritos y cuaderno en mano, convocaba a quien quisiera a anotarse para ser fiscal de LLA en las elecciones. “¡Vamos! ¡Es importante que no nos roben los votos!”, vocifera en medio de la peatonal San Martín, que a esta hora es un mar incesante de gente que va y viene.

 

En cada destino de su tour por la costa, Milei congregó a un público particular. En Pinamar y Villa Gesell, muchos hombres y varones jóvenes que se acercaron a conocerlo, sacarse la foto y decirle que iban a votarlo. Mientras caminaba por la avenida Bunge y por la calle 3 gesellina, sonaban los hits libertarios y el León, como le gusta a Milei que le digan, hacía su show. En Cariló, en el exclusivo centro del boulevard Divisadero, el economista se vio rodeado de señoras y señores “paquetes” y familias acomodadas, a quien les cantó “Oh Sole Mío” junto a un artista callejero.

 

 

Patricio Harrington, el imitador y fanático de Milei.

En Mar del Plata, la fauna es variada. Hay hasta un joven imitador suyo, Patricio Harrington, quien le copió el peinado, el look y hasta las poses. “Todos me decían que me parecía mucho a él y como lo admiro fui copiando algunas cosas”, dice Pato, que vino acompañado por su mamá y que acepta sacarse fotos con cualquiera que se lo pida, subiendo los dos pulgares, bajando el mentón y mirando desafiante a cámara, igual que su ídolo.

 

“Mileicito Junior”, como lo bautizaron hace un rato los seguidores marplatenses del economista que propone cerrar el Banco Central, se pierde en la multitud que lo rodea durante las pocas cuadras que pudo caminar de la peatonal. Milei sigue en la suya, sacándose fotos, mientras su equipo de redes filma la escena y Kikuchi mira, un poco alejado, cómo sigue todo. En su camino hacia la candidatura presidencial, el economista liberal se deja guiar por ese círculo íntimo, que le asegura que, si todo sigue así, este año puede llegar a la Casa Rosada. Mieli sonríe, se saca otra foto más, levanta los dedos y sigue caminando junto a la multitud que lo rodea.