El cómo y el cuánto
Hay, en relación con el FMI, un tema inmediato y uno mediato.
El primero es el vencimiento el 1 de febrero de 640 millones de dólares en concepto de intereses, que serán pagados y que impactarán en las exhaustas reservas del Banco Central.
El segundo es cómo sigue un plan emparchado para sostener el actual panorama de calma y desinflación hasta las elecciones.
Martín Redrado señaló, citado por Infobae, que "el organismo podría otorgar fondos frescos, aunque a cambio solicitaría atender a (ciertas) condicionalidades".
"Para que las autoridades decidan cambiar la política económica actual, que les dio frutos en materia de desinflación, acumulación de reservas (N. del R.: brutas, no netas) y contención de brecha, esperarán que el desembolso sea importante. Entre estos dos extremos se encuentran las negociaciones: el 'cómo' y el 'cuánto' resultarán la clave del programa final que se acuerde", añadió el director de la Fundación Capital.
Según los mencionados trascendidos, una posibilidad es que haya dos acuerdos. Por un lado, uno corto, en formato Stand-by a un año, destinado a cubrir los vencimientos con desembolsos que compensen lo que haya que pagar hasta diciembre. Por el otro, uno largo, en formato de Facilidades Extendidas, que aporte los fondos netos que espera Milei para liberar y unificar el mercado cambiario.
Si ese fuera el caso, el "sinceramiento" cambiario llegaría después de las elecciones legislativas.
Este medio ya advirtió sobre un posible entendimiento en dos etapas, que supondría una forma de defraudación política a la ciudadanía, a la que se mandaría a votar en un contexto artificial y a la que se sometería después de ese "trámite" a los efectos de una depreciación del peso, hechos de rebrote de la inflación, nueva pérdida del poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones, licuación de tenencias en moneda nacional y freno a la recuperación de la actividad.
El Fondo metió las manos en la política doméstica lo hizo en 2018, no casualmente con Donald Trump presionando desde la Casa Blanca como ahora. Todo sea en nombre de la consolidación de un proyecto de derecha y acríticamente proestadounidense en la Argentina, útil para darles pelea a los "zurdos" que gobiernan Brasil, Chile, Colombia, Bolivia y, pronto, Uruguay.
Una voz autorizada
El exdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Alejandro Werner opinó en ese mismo sentido en una entrevista con La Nación.
Entre los escenarios imaginables, el más factible es que "el FMI podría proporcionar apoyo a corto plazo para cubrir los vencimientos de la Argentina con el organismo en 2025, (lo) que también permitiría a otras instituciones financieras internacionales refinanciar la deuda (del país). Tras las elecciones, seguirá un programa más sólido", arriesgó.
El hombre sabe de qué habla: pasó por el mencionado cargo cuando se negoció el acuerdo original, en tiempos de Mauricio Macri y, claro, Toto Caputo, por 57.000 millones de dólares, 45.000 millones de los cuales entraron efectivamente y terminaron financiando el desarme de las posiciones de carry trade que empobrecieron a la Argentina en ese momento, y como lo han tantas veces antes y ahora mismo.
La mano de Toto Caputo
El Presidente y el ministro de Economía han pergeñado un esquema en el que el Estado, lejos de retirarse, interviene muy a fondo.
Mantiene pisado al dólar oficial y hasta ralentiza más su evolución mensual por debajo de la inflación actual y la esperada para los próximos meses.
Además, gasta los billetes que no tiene en pisar también los tipos de cambio paralelos. Por ahora, los dólares que el Central compra se siguen yendo por la canaleta de la intervención, pero Caputo y Santiago Bausili esperan que eso cambie en la próxima campaña sojera.
La anunciada reducción de retenciones, una devaluación fiscal del 7%, debería estimular la liquidación de exportaciones en la temporada alta de la soja –marzo-junio–, aunque al costo de reducir la recaudación y forzar un adelantamiento de exportaciones que, si llegan antes, podrían faltar más adelante. Que hablen de populismo…
Además, por imperio del llamado "dólar blend", que permite a los exportadores liquidar el 20% de sus divisas en el mercado paralelo del "contado con liquidación", debería aumentar la oferta y reducirse la necesidad oficial de quemar las pocas que tiene. Este efecto, al menos de movida, no parece notarse demasiado.
No por nada la bolsa porteña, que cayó el lunes en medio de un colapso global, en la rueda de ayer se desenganchó del mundo y volvió a retroceder. Los traders esperan señales nuevas para reanudar la fiesta de los últimos meses.
La competitividad por otros medios
El Estado nacional hizo punta en la rebaja de impuestos con la reducción de los vigentes para autos de gamas altas, un acto de justicia que no se entiende porqué no se extiende a los más accesibles.
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Como diría Alberto Fernández, aunque al revés: empezar por los más ricos para luego llegar a todos… Más que a soñar con autos, los de más abajo por ahora deben resignarse a lidiar con los paros de trenes debido a la otra vocación intervencionista del Palacio de Hacienda: pisar una vez más los salarios.
Si algo hay que reconocerle al gobierno de ultraderecha es que no disimula sus sesgo de clase.
Con ese antecedente, reclama una mejora de la competitividad a través de una reducción de gravámenes a nivel provincial. Esto supondría más ajuste por el lado del gasto, algo lesivo para la población y que de ningún modo sería suficiente para compensar el desequilibrio cambiario del momento. Se trata sólo de mímica y, a la larga, de un proyecto de país más pequeño y para menos gente.
Ya llegará el momento del "sinceramiento" cambiario, tal como ya recomiendan a los gritos no pocos referentes de Wall Street.
La triquiñuela de Milei y Caputo
Las autoridades esperan que, cuando eso ocurra, el salto de la inflación que provocaría una eventual devaluación se dé desde el piso al que logre llevar el IPC la actual política intervencionista.
En otros términos, si la megadevaluación de diciembre de 2023 –de 54% o, dicho al revés, un aumento del dólar de 118%– disparó la inflación mensual del 13 al 25%, una segunda "devaluta" desde un índice del 1 o 2% podría llevarla, digamos a ojo, al 4 o 5% por unos pocos meses. El Gobierno elogiaría el afianzamiento de las bases de su programa, pero no diría nada sobre la fragilización que indujo antes. El FMI, desde ya, aplaudiría.
¿Compraría esa narrativa una población fatigada, con más pobres y más empobrecidos, y con tantas personas de una clase media que ya no es? ¿O incubaría una nueva ola de rabia, un sentimiento de defraudación, al caer en la cuenta de la triquiñuela electoralista que, según analistas tan versados e influyentes, se pergeña?
La pinza se cierra: al ajuste y al ilusionismo, la batalla cultural de Milei, una verdadera guerra contra media Argentina, suma cada día promesas de autoritarismo.
"Es parte de nuestra agenda eliminar cualquier vestigio de las ideologías de izquierda", admitió, siempre sin pudor, el reempoderado Manuel Adorni.
Las advertencias han sido sobradamente presentadas.