El discurso de Javier Milei en Plaza San Martín, en ocasión del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, dejó una novedad peligrosa respecto del tradicional reclamo de soberanía de la Argentina: la idea del Presidente de que su restauración será posible en base a un "voto" de los habitantes británicos de las islas.
"Si de soberanía sobre las Malvinas se trata, nosotros siempre dejamos claro que el voto más importante de todos es el que se hace con los pies. Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros", dijo. "Por eso buscamos hacer de Argentina una potencia tal que ellos prefieran ser argentinos y ni siquiera haga falta usar la disuasión o el convencimiento para lograrlo", añadió en el tramo más controvertido de su discurso.
Lo de "votar con los pies" se vincula con el libertarismo que profesa el mandatario y se refiere a la capacidad de la gente de elegir, trasladándose a donde se pagan menos impuestos y el Estado interfiere menos en la vida de los individuos. Sin embargo, ningún diplomático de carrera pudo haber escrito algo semejante, conciente de que la reivindicación argentina no es resorte de esa población.
Discurso del Presidente Milei en el Homenaje a los Héroes de Malvinas, 2 de abril 2025
Va de suyo que cualquier posibilidad de recuperación de las islas debería involucrar una negociación que contemple los "intereses" de los isleños, pero no de sus "deseos", tal la posición tradicional de nuestra diplomacia.
Lo primero implicaría respetar el modo de vida de esa población de 2.500 personas, una cuestión de derechos humanos y de viabilidad del proyecto; lo segundo sería reconocer, como pretende el Reino Unido, un presunto derecho a la autodeterminación ajeno al derecho internacional.
Javier Milei se abraza a la postura británica
Resulta peligroso y erosivo para el reclamo que demanda la Constitución Nacional que el Presidente hable de un "voto" de los kelpers como condición para una recuperación; queda así riesgosamente cerca de abrazar la postura británica, no la argentina.
Resulta inadmisible que una población implantada por la fuerza, en base a una conquista violenta, pueda reclamar la potestad de decidir sobre un territorio usurpado. Así lo considera el grueso de la comunidad internacional respecto de los territorios palestinos ocupados por Israel, los ucranianos invadidos por Rusia y también por Malvinas. Lo último era así por lo menos hasta que el gobierno de extrema derecha cambió la tradición diplomática del país y la alineó, justamente, con Israel y Estados Unidos, arriesgando la pérdida de apoyos valiosos para la causa nacional.
De Malvinas a Estados Unidos
En ese sentido, resulta curioso que, tras su participación en el breve acto oficial de este miércoles por la mañana, el jefe de Estado viaje a la residencia privada de Donald Trump en Mar-a-Lago (Florida) para recibir el premio Make America Great Again. Se supone que el presidente de la Argentina busca engrandecer a su país, no a los Estados Unidos.
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La Argentina tiene derecho a reclamar la soberanía de Malvinas debido a que su pérdida fue producto de un acto de fuerza, una usurpación. En ese sentido, la población actual del archipiélago, más pequeña que la guarnición militar que la protege, fue implantada. De hecho, está compuesta por ciudadanos británicos, súbditos de la Corona. La conquista no da derechos, a menos que la contraparte decida reconocerlos voluntariamente.
Las Fuerzas Armadas en el discurso presidencial
El formal y desangelado discurso de Milei tuvo otras máculas, acaso menores. Sus diatribas contra la "casta política" y contra el Estado que deja de ejercer la soberanía cuando, en lugar de atender la función esencial de ejercer la defensa territorial, financia "la industria cinematográfica y recitales de cuarta", supuso una partidización de algo que, se supone, trasciende esa lógica. Una vez más, la construcción política de cabotaje se impone por sobre el interés nacional.
Además, algo falla en su razonamiento. Si las Fuerzas Armadas son el único sinónimo de soberanía –y no las políticas oficiales que incentivan la cultura nacional–, debería pensarse que la vía que imagina el Gobierno para volver a Malvinas sería la armada. Sin embargo, claro, eso no es así; de hecho, la postura del mandatario anarcocapitalista ya parece alinearse con la de su admirada Margaret Thatcher y establece que la pérdida del archipiélago es culpa argentina y no británica.